
Un ex delegado de Clarín compara las similitudes del conflicto en Kraft Foods con otro que protagonizó el mismo gerente de personal, pero cuando trabajaba en el gran diario argentino. Un dechado de libre expresión.
El ex delegado gremial del diario Clarín, Daniel Ponzo, sacudió el avispero más de lo que ya el debate por la ley de servicios de comunicación audiovisual lo venía zarandeando. El ex empleado del gran monopolio argentino aportó un dato y un análisis: el primero, que el señor Pedro López Matheu –el hoy director de Asuntos Corporativos y Gubernamentales de Kraft Foods Cono Sur, ex Terrabusi– era allá por 2000 el gerente de Asuntos Institucionales de Clarín. “Me llaman poderosamente la atención los puntos de contacto que han tenido el desarrollo y el tratamiento por parte de la patronal de los conflictos de Clarín (2000), AGR, empresa gráfica de Clarín (2004) y Kraft Foods (2009), cada unos de los cuales tuvo como cara visible al multifacético Pedro López Matheu en las negociaciones”, le dijo, en segundo término, al blog Los Caniches de Perón (LCdeP), que lo entrevistó.
El ex delegado agrega: “Los mecanismos son los mismos… el recurrir rápidamente a Gendarmería, todo el tratamiento de la cuestión legal, las prácticas desleales, el no reconocimiento de la comisión interna, las persecuciones, el ocultamiento de los padrones, las filmaciones de las asambleas, el armado de una lista con nombres de personas y sus respectivas fotografías para que la gente de seguridad no los deje entrar, la represión, etc., son calcados”.
Ponzo, en los años de conflicto, fundó “Clarinete”, un medio gráfico que muchos recuerdan. Por fortuna, el oficialismo consiguió este viernes en la Cámara de Senadores la firma del dictamen que permitirá votar el proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Pero cada minuto que pase hasta la sesión del viernes 9, a las 11 de la mañana, será un tiempo ganado a la desenfrenada campaña que tanto Clarín como el Grupo Vila-Manzano vienen desarrollando para detener el tren de la Historia.
Como corolario de una semana que mostró como nunca qué tan dispuestos están algunos periodistas del oligopolio Clarín a tirar por la ventana el poco o mucho prestigio conseguido durante años, y con episodios como los sospechosamente sincronizados cortes en la Capital Federal y el interminable conflicto en Kraft, la aparición de Ponzo –poco difundida, está claro– puso una cuota de lógica a tan espeso panorama.
“En el año 2000 estaban en Clarín Carlos Quatromano y Jorge Camarata, dos delegados que no aparecían nunca y jugaban claramente para la empresa. Empezó la limpieza, los retiros voluntarios, y ellos no aparecían. Se trabajaba 9 o 12 horas contra convenio, y aún hoy sucede”, cuenta Ponzo.
En LCdeP se revelan otros datos interesantes: “Marcelo Bonelli, está cobrando alrededor de 100 mil pesos por el diario, la TV y demás servicios, (y Ernesto) Tenembaum y (Marcelo) Zlotowiagzda, deben andar en 80 mil pesos cada uno”. Bien mensurado, el honor cotiza mucho más alto, y con otros valores, por cierto.
Volviendo a la entrevista con el ex trabajador de Clarín, el blog informa que “ante la ausencia de los delegados, Daniel Ponzo convocó junto a otros compañeros del diario (Ana Ale, Olga Viglieca, Daniel Luna) a una asamblea en 2000, que «reunió a 400 compañeros y logró destituir a estos delegados por asamblea y nombrar una nueva comisión interna». Ahí comenzaron los problemas: «La empresa no nos daba los padrones, se votó fuera del diario, en la calle, con vigilancia entre la gente, con filmaciones. Todo esto manejado por Pedro López Matheu. Votaron 600 compañeros, el 70% de los trabajadores. La empresa, por supuesto, no reconoció a esa comisión interna. En noviembre de 2000, Clarín despidió a 113 trabajadores, entre ellos a todos los miembros de la comisión interna», relató Ponzo”.
Ponzo recuerda que “ya en los años 90 había sucedido lo mismo con Pablo Llonto”, el periodista que acaba de publicar el libro “La Noble Ernestina” y que es “abogado querellante de David Lanouscou por el caso de apropiación ilícita de hijos de desaparecidos en la última dictadura, que terminó siendo despedido por Clarín, y cuyo reclamo llegó hasta el Tribunal de La Haya”.
El relato de Ponzo continúa: “La estrategia de no reconocer a la comisión interna fue exactamente la misma en este caso y en el de Kraft. Aplicaron las mismas prácticas: echar a un gran grupo de gente por considerarlo ‘simpatizante’ de la comisión interna, armar los despidos y luego negociar. El objetivo es voltear a la interna y a los activistas, y de paso sacarse de encima a los que están en edad jubilatoria, a los que acumulan muchos partes de enfermo, etc.”. Un sistema conocido desde hace décadas en muchas fábricas, pero que desde los 90 también se aplica en los medios de comunicación más concentrados, como se ve acá.
El ex delegado recuerda que “lo mismo sucedió en 2004 en Artes Gráficas Rioplatenses (AGR), la empresa gráfica del grupo Clarín encargada de la impresión de, entre otras, las revistas Viva, Genios y La Guía de los Chicos, y cuyo conflicto gremial también estuvo manejado por López Matheu. El grupo despidió a 119 trabajadores de AGR, incluida toda la comisión interna; luego reincorporó a 48, pero dejó en la calle a los delegados. En este caso, el reclamo de los gráficos llegó hasta la OIT, por violación de personería gremial”.
Para tener en cuenta cuando se escuchan o leen las posiciones de algunas entidades presuntamente neutrales o prestigiosas defensoras de los derechos y libertades, López Matheu presidió en 2003 la Comisión de Libertad de Expresión de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), la cámara patronal e los medios más concentrados. A su derecha, en el proscenio, estaba sentado Gustavo Vittori, el mandamás del diario El Litoral de Santa Fe, otro prohombre preocupado por preservar la libertad de expresión de sus empresas y voceros.
Menos mal que en esta semana se vota la ley. Sea cual fuere el resultado de esa compulsa en la Cámara de Senadores, habrá pasado uno de los períodos más oscuros de la historia periodística argentina, en el que más hilachas se mostraron y más quedó en evidencia que para los oligopolios la información es la mercancía con la que cargan sus armas contra quien se les ponga enfrente.
