Soldados argentinos en Malvinas
Para Magliocca aún sigue pendiente “la reparación histórica” de los ex combatientes.
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A 30 años del fin de la guerra en las islas, Eugenio Magliocca, uno de los autores del documental No somos héroes, invitó a reflexionar y romper con el paradigma que la dictadura pretendió imponer a partir del conflicto bélico.

Magliocca, co-autor junto con Rodolfo Caminos del documental que supo transmitir Canal Siete y que hoy circula principalmente en las escuelas para generar conciencia en los chicos sobre lo que realmente fue y significó la guerra de Malvinas para el país, fue entrevistado en el programa de radio Poné la Pava (Aire Libre. 91.3), al cumplirse este jueves tres décadas de la rendición del jefe de las fuerzas argentinas en Malvinas, Benjamín Menéndez, ante su par inglés.

“La primera reflexión que podemos hacer tiene ir que mas allá de la política exterior”, conminó el realizador audiovisual y periodista, e invitó a sopesar, en una mirada interna, “lo que está pasando con aquellos soldados concretos que fueron a pelear a Malvinas”.

“Nuestra tesitura –continuó- es que secuestraron más de once mil pibes bajo la figura del servicio militar obligatorio y que los mismos torturadores que estaban en el continente, siguieron torturando en las islas”.

“No se puede hablar de Malvinas sin referirse a la dictadura. Los ex combatientes también fueron víctimas de ella”, remarcó, y apuntó justamente al título del documental al expresar “que los militares quisieron instaurar el paradigma de que quienes pelearon eran héroes intocables”.

“No decimos que no lo fueron”, aclaró; pero aquí hizo una separación entre el personal de las Fuerzas Armadas que cobrando un sueldo y “un plus” se dirigieron al archipiélago, y los conscriptos que hoy –aquellos que lograron volver, y aún al volver, lograron sobrevivir al horror del recuerdo– han quedado en el olvido y el abandono: “Nos tenemos que hacer cargo de la reparación histórica que tienen que tener los ex combatientes”, dijo Magliocca.

Eran “chicos sin ningún tipo de preparación o adiestramiento”, reafirmó a la vez que admitió que sigue siendo “muy difícil hablar de ello” debido a un determinado tipo de patriotismo que pretende imponer la idea de que “como (las islas) eran nuestras estaba bien que fuéramos a la guerra”.

“No, no está bien que se haya ido a la guerra y que la sociedad argentina haya permitido entregar a sus hijos para llevarlos a un enfrentamiento de estas dimensiones: fuimos a pelear en una isla contra la mejor flota del mundo. Ahí se termina cualquier análisis”, lanzó.

“El hecho que 40.000 militares permanezcan en el continente revela cuál era el objetivo de la dictadura: reprimir al enemigo interno; por eso es inseparable una cosa de la otra”, explicó  y añadió al respecto un dato “clarificador”: a las islas sólo viajaron 4.000 oficiales del Ejército y 11.000 jóvenes conscriptos que hoy rondan los 50 años. Ello quiere decir que por cada pelotón formado por diez soldados, sólo dos de ellos estaban realmente entrenados en el arte de la guerra.

Sobre lo expuesto por Magliocco en su diálogo con Poné la Pava de este jueves por la mañana, se puede trazar un paralelismo, con lo que ya, de forma extraordinariamente lúcida, expusiera León Rozitchner en su libro de 1985: Malvinas: de la guerra sucia a la guerra limpia.

Así como Magliocca – sólo que varios años antes- el filósofo argentino fallecido el año pasado puso en cuestión aquel paradigma gestado en los albores del enfrentamiento, que pretendía escindir lo pasaba en las islas de lo que sucedía en el continente.

Rozitchner no pierde actualidad y exhorta -provocadoramente por cierto, ahora y allá por el 82- a no juzgar solamente a los militares, sino a la sociedad argentina misma: “El pueblo argentino tiene que enjuiciarse a sí mismo. No habrá un destino diferente en la Argentina a no ser que también la mayoría de la población, comprometida en la aventura de las Malvinas, asuma las responsabilidad social de haberse convertido en cómplice de una guerra ofensiva conducida por unas fuerzas armadas compuesta de asesinos, ladrones y violadores, y haber quedado marcada, prolongando el genocidio militar, por el sacrificio de sus propios hijos”.

Sobre estos mismos hombres que pelearon por una causa que creyeron justa, Rozitchner señala: “Fueron alentados, cuando los mandaron a ir a la guerra para ser héroes, y fueron ignorados como si no existieran cuando vuelven derrotados, y habiendo muerto miles de sus compañeros, o habiendo tenido que matar en frío, obligados por la estupidez y la insensibilidad criminal de los militares y de los valientes compatriotas, como si la experiencia de dar la muerte al otro, o ver a sus compañeros morir, no hubiera significado nada”.

Treinta años pasaron del enfrentamiento que laceró la historia argentina, y cuya herida sigue abierta aún hoy. La invitación, parafraseando al filósofo que gatilló este análisis, es a no rendirse; no entregar, con el olvido de nuestro pasado, el horizonte de nuestro futuro.

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