Cuando el gobernador Jorge Obeid tramitó la transferencia del predio a la provincia, el destino principal declarado fue la construcción de un nuevo hospital. Otras posturas –entre ellas las de la actual diputada provincial María Eugenia Bielsa– también se expidieron en el sentido de no limitar el pedido a las necesidades planteadas por el Ministerio de Salud de quedarse sólo con cuatro de las casi tres decenas de hectáreas, sino impulsar, en cambio, la transferencia de la totalidad. Esto habilitaría una intervención de magnitud en el barrio.

El destino consignado según requerimiento del artículo 6 de la entonces vigente ley 23.985 daba cuenta de la voluntad de que tal intervención tuviese una fuerte impronta pública de usos recreativos y culturales. Las resoluciones 1.117/2006 y 1.051/2008 específicamente comandaban la utilización del predio “al desarrollo integral de ese sector de la ciudad de Rosario y al equipamiento recreativo, sanitario, educativo y cultural”, lo cual quedó finalmente determinado en la escritura de transferencia de abril de 2012, con un lapso de diez años para ceñirse al cargo.

No obstante, el socialismo en campaña objetó que no era necesaria ninguna obra nueva de hospitales en la zona sur, porque ya existía el Roque Sáenz Peña, el cual podía a lo sumo ser remodelado, y que era de sana administración coordinar la acción de los niveles de gobierno. Una vez en el poder, y a pesar de que Municipio y Provincia compartían los mismos colores partidarios, el PS decidió impulsar la obra de un nuevo hospital regional en Villa Gobernador Gálvez. De este modo, no sólo desestimó el proyecto en particular, sino que desechó su misma objeción de campaña.

Paralelamente, se pidió adecuar la resolución ministerial e incluir en la misma la cuestión de la seguridad para justificar el traslado allí de Gendarmería Nacional y ahorrarse al mismo tiempo el saldo de la compra: los gendarmes pasarían al municipio y, en el mejor de los casos, se ampliaría el parque Yrigoyen. Parecía más razonable llevar, por ejemplo, la Escuela de Policía de calle Alem y recuperar este inmueble para usos públicos. A la par circularon versiones nunca confirmadas  de emprendimientos comerciales. Más parque en el centro, y nueva postergación de Saladillo y zona sur.

Ahora bien, en campaña el socialismo criticó una supuesta –e inexistente– propuesta de utilizar el predio como un complejo habitacional. Tal proyecto sólo figuraba en el show room virtual de la Secretaría de Planeamiento municipal como parte del Plan Estratégico, pero no obstante se aprovechó para azuzar a los vecinos diciendo que se tiraría abajo el paredón y “se darían viviendas sociales a los villeros de Cordón Ayacucho”. Se promovieron divisiones entre vecinos.

Por otro lado, en gobierno el partido de la rosa realizó gestiones, de manos del ex mandatario Hermes Binner  para trasladar a Corrienes la sede del II Cuerpo de Ejército, actual  División I. ¿El argumento? La tradicional presencia de la Institución en la ciudad. Asimismo, se realizaron operaciones en contra de la desafectación del predio al Ejército y su transferencia a la provincia de Santa Fe.

No faltó, en simultáneo, la crítica por vender la Provincia a bajo precio –tesis ridícula y contradictoria– y el llanto federalista de lágrimas de cocodrilo.

Las dos gestiones socialistas de Héctor Cavallero, y la primera de Binner tuvieron una voluntad y un accionar orientado a la recuperación de tierras estatales para abrirla y consagrarlas al uso público.  Piadosamente concedamos que en la segunda administración de Hermes  la recesión y el estallido impidieron continuar la obra pública y esa buena política de planeamiento, enmarcada en el viejo Plan Regulador y los planes Directores.

La innovación de Miguel Lifschitz y Mirta Levin, en sus dos períodos, uno desde el Palacio de los Leones y la otra desde la Secretaría de Planeamiento, fue cambiar la política y realizar “aperturas de ciudad” sostenidas y entregadas al capital privado –capitalismo  de amigos o del cómo hacer amigos vía ofrendas–, donde se muestra sólo una pequeña porción de obra pública “pour la gallerie” en pos de la necesidad de circulaciones, servicio y entorno de ese capital concebido como motor de la intervención. Mucho de especial y poco de transparente o construida participativamente. El ropaje público del proyecto busca legitimar periodísticamente el diseño oscuro y privatista de la propuesta. Prolifera la segunda vivienda.

El socialismo abusa del secreto como herramienta política, y deviene oscuro. Sólo el capital político acumulado por años en torno a la idea de honestidad en la gestión de gobierno, y el tan cuidado como poco transparente manejo de la comunicación de masas permite sostener esa práctica de la oscuridad administrativa. El caso Tognoli ha impactado en ese lugar común o ritual devaluado de la austeridad y la buena administración.

El proyecto recientemente enviado al Concejo sobre la utilización del ex Regimiento 11 no escapa a esta impronta.  El parque tecnológico parece un pretexto para diluir lo más simple: incorporar las instalaciones del ex Batallón como un gran espacio verde, recreativo y cultural, que buena falta hace. En lugar de eso, se busca una propuesta de viviendas fuera del promedio del entorno, con vista al parque. Seguramente para financiar los “edificios emblemáticos”, hermanos menores del grandilocuente y vano Puerto de la Música.

Se trata del Museo del Deporte, cubo de 35 metros de lado y 5.000 m2 disponibles, y de otro edificio de 45 metros de altura y 27.000 m2 disponibles, para expansión del Área Tecnológica Rosario y usos educativos. Parecen superfluos; pero si aún así se encarasen sería bueno que no asistamos una vez más a contrataciones de los mejores –y más caros– estudios de arquitectura del mundo de forma directa, dirigida, discrecional e innecesaria.

Si la apertura del predio al capital inmobiliario privado para producción de viviendas con vista al parque se pretende justificar con los altos montos de inversión –de los que, por cierto, carecen los estados gobernados por el socialismo– una idea superadora sería concebir un proyecto más modesto, sin edificios emblemáticos y con mayor disfrute social y público.

Un puñado de casas mirando al parque plantea una curiosa paradoja: dará sus espaldas y se interpondrá entre las viviendas actuales, más modestas. Si había blancos que no querían visuales hacia los negros, llegaría ahora una nueva inmigración, más blanca todavía, que los relegaría de mirar al verde.

Otra propuesta que parece superadora en toda línea es la del Jardín Botánico. Se justificará aduciendo que se efectuó un concurso con el Colegio de Arquitectos; concurso no vinculante cuya función no fue acercar ideas, sino consagrarse como coartada académica para la intervención del club de desarrolladores amigos de la ciudad.

Sería una pena tomar ese camino.

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