El escritor, filósofo y poeta rosarino Fabricio Simeoni murió este lunes a la tarde, a los 39 años, luego de sufrir un accidente cerebrovascular (ACV) que obligó a su internación de urgencia. Congoja en el mundo cultural de la ciudad.

La noticia comenzó a correr por las redes sociales y enlutó la tarde de Rosario. Querido y venerado por su vitalidad y su creatividad, Simeoni era además un cultor de la amistad y de las salidas nocturnas.

Además de poeta, fue periodista, filósofo y cultivó la docencia en los talleres literarios que dictaba en el Instituto de Rehabilitación Adolescente Rosario (Irar).

Tenía un gran sentido del humor y era de lo más inquieto a pesar de que se tenía que hacer empujar en su silla de ruedas en la que se movilizaba por una enfermedad que lo paralizó desde chico.

En una nota publicada por Rosario 12, sobre el taller literario en el Irar, uno de los alumnos expresaba con estas palabras: «Está copado. Se las trata de rebuscar como todos, nosotros acá adentro también nos la rebuscamos».

Y la nota seguía: Fabricio escribió once libros. Una enormidad para los chicos. Lo ven allí, peleando desde su silla, creando mundos con las palabras.

Fabricio escribió un poema que empieza: «Estoy libre en mis prisiones,/ calma siniestra por escapar». Los chicos no saben que padece hipertrofia muscular, pero sí que apenas pestañea. Nada le impide contagiar a los chicos de las ganas de expresarse con sus palabras luminosas, cargadas de buenas dosis de confianza y también algo de su ironía habitual.

«Estuvimos hablando del uso de la palabra como herramienta fundamental para hacerte respetar y pedir cosas», afirmaba Fabricio.

Fuente: Página 12

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