Ronald Biggs integró la banda que el 8 de agosto de 1963 sustrajo 4 millones de dólares en un tren que unía Glasgow con Londres. Vivió como una celebridad, prófugo en Río de Janeiro y murió a los 84 años.

En su momento fue el robo más grande en la historia de Reino Unido y considerado en la cultura popular como «el robo del siglo».

Luego de varios operativos, días después la policía capturó a varios de los responsables del atraco, entre ellos a Biggs, que se encontraban jugando al monopoly con parte del botín en una granja.

Sin embargo, cuando cumplió 15 meses de condena, logró escapar de la cárcel. Durante un tiempo no se volvió a saber de él, hasta que en 1974 un informe periodístico lo localizó en Brasil.

Ronnie Biggs disfrutó de su condición de celebridad en Río de Janeiro, donde supo llevar una vida de estrella de rock. Solía aparecer en fotos con su piel bronceada, recostado sobre la arena o bañándose en el mar.

Biggs capitalizó su controvertida fama saliendo en entrevistas en las portadas de los periódicos y los titulares de las noticias.

El maquinista del tren que esa mañana del 8 de agosto de 1963 fue interceptado por la banda de Biggs, Jack Mills, recibió un fuerte en la cabeza durante el asalto. Desde entonces nunca pudo volver a trabajar y murió pocos años después.

Ronnie Biggs pasó 31 años de su vida en el exilio en Brasil y regresó a Reino Unido en 2001. Para muchos la elección de Biggs tomó por sorpresa a las autoridades que lo perseguían.

En 1974 cuando estaba a punto de ser extraditado al Reino Unido, anunció que su novia brasileña estaba embarazada y logró escapar de las rejas una vez más.

Aunque ya había sido descubierto no continuó la evasión, sino que comprendió que en Brasil podía vivir de ser un «fugitivo». El ladrón del siglo no podía ser extraditado porque el Reino Unido no se beneficiaba de reciprocidad de la extradición a Brasil, por lo cual era intocable para las autoridades británicas.

El barrio carioca de Santa Teresa, cuna de artistas y vida alternativa, era el perfecto fondo para un hombre que había sido la portada de un disco de la legendaria banda punk británica Sex Pistols.

La historia relata que cuando los Rolling Stones fueron a tocar a Río, lo buscaron para tomarse la foto correspondiente, aunque no hay registro del hecho.

En 1980 miembros del ejército británico viajaron de forma clandestina a Brasil para capturarlo y llevarlo hasta Barbados, donde podían extraditarlo. Sin embargo, aunque lograron apresarlo y llevarlo al Caribe, Biggs se valió del vacío legal para escapar de nuevo a Brasil.

Cuando decidió regresar, en 2001, a Reino Unido, el escritor Mario Prata intentó reflejar la curiosa mezcla de visiones que atraía el fugitivo británico.

«Por un momento debemos admirar la astucia de Ronald Biggs. Todo lo que hizo en la vida –honesto y deshonesto– él lo hizo de forma maravillosa», relató Prata.

Y añadió que «Aunque fuera un criminal, en Brasil fue tratado como un senador, sin juzgarlo y sin castigarlo».

Pero las autoridades británicas no pensaron lo mismo y apenas tocó suelo inglés fue a parar a la cárcel de Belmarsh, donde permaneció ocho años hasta que fue liberado en 2009 por cuestiones de salud.

Su última aparición fue en marzo de 2013, durante el entierro de otro miembro de la banda que perpetró el espectacular robo, Bruce Reynolds. Allí se le vio en una silla de ruedas y con dificultades para hablar.

Sin embargo, el cariño por Brasil nunca murió. Por eso, tal vez, sus familiares quieren regar sus cenizas una parte en Londres y otra parte en las playas de Río.

Fuente: BBC Mundo

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