
—Me mandás eh, dale que le tengo que dar al poli de la guardia también, es piola, le tengo que dar a él también.
—Bueno dale, yo ahora arreglo con Priscila y te las mando.
—¿Cuántas me vas a mandar?
—Bueno dale 45, porque si no me vas a tener dos horas en el teléfono diciéndome 45, 45.
La conversación telefónica, grabada en febrero de 2013 a instancias de la Justicia rosarina, revela una charla entre un condenado por homicidio, Carlos Alberto Betito Godoy, preso en la Alcaidía, y su presunto jefe y por entonces capo de la barrabrava de Newell’s, Diego Panadero Ochoa.
Lo que Betito le pide a Panadero son entradas para la cancha, que él no va a poder utilizar porque un año y dos meses antes, el 2 de diciembre de 2011, fue condenado a 11 años de prisión junto a otro cómplice por el asesinato del anterior jefe de la barra leprosa, Roberto Pimpi Caminos. ¿Para qué las quiere entonces? Para venderlas y financiarse dentro de la cárcel, para darle “al poli de la guardia” que “es piola” y, probablemente, lo sea aún más cuando reciba las entradas gratuitas.
El sábado 3 de mayo pasado Betito Godoy volvió a ser noticia: otra vez desde su lugar de detención. Efectivos de Gendarmería vestidos de civil ingresaron a la celda número 8 del pabellón de la Alcaidía donde está detenido el joven de 28 años para secuestrarle sus teléfonos celulares.
Según una investigación del juzgado federal Nº3 de Rosario, a cargo de Carlos Vera Barros, Godoy operaba desde la prisión como presunto “coordinador de la logística” de una organización dedicada al narcotráfico, que fue desbaratada durante un megaoperativo realizado ese sábado mediante 30 allanamientos, el secuestro de 12 kilos de drogas (cocaína y marihuana) y la detención de 29 personas.
El presunto jefe de esa banda, con epicentro de en la localidad de Pérez y ramificaciones en Rosario, Chabás, San Lorenzo y Arroyo Seco, es un hombre llamado Walter Rivero. Su esposa también fue detenida el 3 de mayo pasado en uno de los operativos conjuntos realizados por 350 efectivos de la Policía de Santa Fe y Gendarmería.
El Ministerio de Seguridad nacional y la Secretaría de Delitos Complejos de la provincia coincidieron en señalar que la que lideraba Rivero era una organización que adquiría estupefacientes “a gran escala” para luego estirarlos y, finalmente, comercializarlos a través de una red de bunker.
El rol de Godoy en la organización, según los investigadores, era el de articular la compra de drogas desde la Alcaidía, que está ubicada en el mismo edificio de la Jefatura de Policía de Rosario. El encargado de estirarle y comercializarla sería Rivero, detenido en Pérez.
Bajo bandera
Carlos Alberto Godoy y los que a continuación se nombrarán compartieron, hace apenas cuatro años, una misma bandera: la roja y negra de Newell’s Old Boys. La mayoría de los actores de esta historia tuvo dos destinos: la cárcel o el cementerio.
Betito integró la barrabrava de Newell’s Old Boys cuando su jefe era Diego Lucas Ochoa. El auto de procesamiento del Panadero como presunto instigador de los asesinatos de Pimpi Caminos y Maximiliano Quemadito Rodríguez, y de la tentativa de homicidio de Matías Pera (otro barra leproso), revela la participación de Betito en la organización que articuló Ochoa para ganarle la conducción de la barra a Pimpi.
Un testigo en esa causa relató que tras la salida de Eduardo J. López de la conducción del club –quien sostenía a Caminos– Panadero comenzó a realizar reuniones en los parrilleros de la entidad del Parque Independencia para desplazar al jefe de la barra.
“Los referentes principales en esas reuniones eran Panadero, Sergio Quemado Rodríguez, Maxi (Rodríguez), Morci, el Pollo Bassi, el Indio de Gálvez, el Teto Vázquez junto con su hermano. Estaban además el Seba Gil, el Betito Godoy, Benito, Joel, Diego Malcovich, David Rodríguez el Porteño. Estaba Virus, Dieguito Noguera y varios más”, enumeró el testigo, conocedor de esos tiempos en los que todos compartían un mismo objetivo.
El paso del tiempo y las ambiciones de cada uno hizo que algunos fueran asesinados y otros encarcelados, acusados de homicidio.
Sergio Rodríguez y su hijo Máxi serían conocidos públicamente a principio de 2012, cuando el Quemado fue detenido como principal acusado por el triple crimen de Villa Moreno. En poco tiempo irá a juicio oral por esos tres homicidios.
Su hijo, que por entonces había sido baleado, luego quedó detenido en la cárcel de Piñero, donde según escuchas telefónicas planeaba hacer “plata y mafia” cuando saliera, junto a su amigo Matías Pera (ver aparte).
Pero en la agobiante tarde del 6 de febrero del año pasado, cuando caminaba junto a su novia por Pellegrini y Corrientes, dos sicarios le dieron un tiro en la cabeza y escaparon en moto. Se movía en muletas porque un mes antes, apenas había salido de Piñero, lo habían baleado en las piernas. Por ese crimen están procesados como autores materiales el Chuno Sergio Acosta y el Porteño David Rodríguez, y como instigador el propio Panadero Ochoa.
La investigación del crimen de Quemadito Rodríguez permitió establecer también un vínculo entre el joven y la famosa narcobanda Los Monos, del barrio Las Flores. El día del crimen de Maxi el juez Beltramone decidió allanar el departamento donde vivía junto a su novia, Sofía Laffatigue. “Se encontró un arma y documentación que acreditaba fehacientemente su vinculación con delitos también provenientes del narcotráfico. De dicho informe se estableció el presunto apoyo que tendría el mismo con la familia Cantero, en especial de Guillermo Canteros (se trata de Ariel Máximo Cantero, alias Guille o Roberto), miembro y cabeza de la conocida banda de Los Monos”, se lee en el expediente.
Otro de los mencionados, Pollo Bassi, está procesado por un crimen ocurrido en Villa Gobernador Gálvez e imputado por el asesinato de uno de los jefes de Los Monos, Claudio Pájaro Cantero, asesinado a balazos la madrugada del 26 de mayo del año pasado en el estacionamiento del boliche Infinity Night de Villa Gobernador Gálvez.
Diego Malkovich, también integrante de la barrabrava de Newell’s que había sido herido durante el ataque a un colectivo que trasladaba la hinchada y en el que fue asesinado el chico Walter Cáceres, murió en febrero de 2011 tras un enfrentamiento con la policía en el boliche rosarino Soho, de Salta y Alvear.
Sicario del Panadero
Eran cerca de las 5 de la madrugada del 19 de marzo de 2010 cuando Roberto Pimpi Caminos (37) salió a la vereda del bar Ezeiza, ubicado en Servando Bajo al 1400. El tipo que se le acercó lo llamó por su nombre antes de agujerearle las dos piernas y hacerlo caer, para luego rematarlo de otros tres tiros en el cuerpo.
Por el crimen del Pimpi un tribunal integrado por los jueces Gustavo Salvador, Julio Kesuani y José Luis Mascali condenó a 17 años de prisión a René Ungaro y a 11 años a Betito Godoy. El caso determinó que el móvil del asesinato tenía sus orígenes en peleas internas de la barra de Newell’s pero no avanzó en los autores intelectuales.
Sin embargo, en octubre del año pasado el juez Beltramone vinculó el homicidio de Quemadito Rodríguez con el de Pimpi Caminos mediante un mismo y presunto instigador: Diego Ochoa.
Según la investigación del juez, Godoy mató a Caminos a cambio de una promesa remuneratoria de Panadero Ochoa. Por eso lo mantenía tres años después del crimen, cuando Betito permanecía alojado en la Alcaidía de la Jefatura de Policía cumpliendo la condena.
El 2 de marzo de 2013 la Justicia interceptó otra llamada entre Ochoa y Godoy, en la que el último le contaba desde la prisión la visita que había recibido de Matías Pera, viejo amigo de la barra leprosa y luego enemistado. Pera había mantenido su relación con Maxi Rodríguez, asesinado un mes antes bajo la presunta instigación de Panadero. De la escucha se infiere que Betito no ajusta su conducta a derecho, tal como quedó en evidencia el sábado pasado al caer la banda narco comandada por Rivero.
—Debe estar todo cagado ahora, no sabe con quién refugiarse- le dijo Godoy a Ochoa.
—No le pases cabida a ese ortiva. Capaz que le entrega el número a la policía y te hace escuchar, te hace sacar los teléfonos, cagar a palos, perdés los privilegios, ojo con eso. Tené cuidado con ese tema. En serio, porque vos estas tranquilo y es un ortiva ese chabón— replica el todavía jefe de la barrabrava de Newell’s.
Luego vuelve a recomendarle a su amigo que tenga cuidado con Pera, porque lo puede denunciar. “No le pases cabida. Decile «mirá, yo hace tres años y pico toy acá, yo me dedico a mi familia, y esperando irme en libertad, yo no me engancho en ninguna» chau pumba, a la mierda. Capaz que le decís algo, un día te agarra medio medio, le decís algo y después el gil cuenta todo, o te denuncia, o te entrega”.
Hasta donde se sabe, Matías Pera no denunció a Betito, quien siguió hablando por teléfono desde la Alcaidía mientras el juez Beltramone grababa las conversaciones de Ochoa. Ahora el que interceptó las llamadas de Godoy fue el juez federal Vera Barros, que tiene diez días hábiles para determinar si el condenado por homicidio suma también un procesamiento por narcotráfico.
Pimpi vs Panadero: la pelea que no fue
La causa judicial por el asesinato de Maximiliano Quemadito Rodríguez (25) contiene una declaración de su padre, Sergio Quemado Rodríguez, procesado por el triple crimen de Villa Moreno, en la que revela una cita entre Roberto Pimpi Caminos y Diego Panadero Ochoa para dirimir sus diferencias por el control del paraavalancha rojinegro. La cita entre los contendientes fue telefónica y se fijó el escenario: avenida Avellaneda y Uriburu. Pero ninguno asistió al convite.
Lo que sigue es la declaración textual del Quemado Rodríguez ante el juez de instrucción Javier Beltramone.
“… se hablaba del tema del Pimpi, recuerdo que el Panadero dijo que “había que estar preparado por si venía”. El Panadero tenía preocupación que el Pimpi y que su banda se le aparezca por los parrilleros, o que con posterioridad, que se le apareciera en el primer partido de local.
Recuerdo que él contó que “lo llamó Pimpi y se iban a enfrentar en Avellaneda y Uriburu”. El Panadero entonces nos citó, y nos contó que el Pimpi lo había llamado para enfrentarse, y él busco apoyo, quería que lo acompañemos.
Nosotros le dijimos que no convenía, que nos iban a matar a todos y que iba a ser un desastre. Al final nadie fue, ni Panadero ni Pimpi. Había algunos, los más chicos, que lo seguían a todos, adonde él se movía, adonde tenía reuniones, a los boliches, tenía un grupito de los más pibes, que lo seguían a todos lados.
Estos eran los más “pesados”, entre ellos mi hijo Maxi, Dieguito Malkovich, el Porteño (Rodríguez), Beto Godoy y Benito.
Asimismo, al grupo de gente de Matías Pera la usaba de “fuerza de choque” para adentro de la cancha, para custodiarlo en el paraavalancha y en la tribuna. Pero, si había que mandar a hacer algo más pesado como “tirar tiros”, Ochoa los mandaba a ellos. Yo siempre le decía a Maxi que no se deje usar. Quizás por eso mi relación con Ochoa no fue del todo buena, era tirante.
Cuando Panadero invitaba a los más pibitos a los boliches, a La Florida o La Fluvial, yo no iba. Yo soy un hombre grande -era el más grande de todos los referentes- y no me iba a dejar manejar por Panadero. De todas maneras a mí me servía, porque supuestamente iba a tener “un trabajo” y un sueldo. El Panadero los manejaba a los pibitos como quería, les daba champagne, los llevaba de joda, y cosas así.
Asimismo, Ochoa me compró un celular Nextel, a mí y a varios más. El abono me lo pagaba él. Recuerdo que había una persona, allegada a él, que se encargaba de sacar los celulares para todos nosotros”.
“Plata y mafia”
El uso de teléfonos móviles dentro de las unidades penitenciarias no es nuevo. Su empleo por parte de los detenidos para mantener tras las rejas las actividades reñidas con la ley que antes realizaban en libertad, tampoco.
Así como presuntamente Carlos Alberto Godoy, alias Betito, participaba de una banda narco desde la Alcaidía de la Jefatura de Policía de Rosario, Maximiliano Quemadito Rodríguez también planeaba su futuro desde el penal de Piñero, donde estuvo detenido hasta un mes antes de su asesinato.
Según la causa que llevó adelante el juez de instrucción Javier Beltramone, que investigó el crimen del joven y su vínculo con el narcotráfico y la barrabrava de Newell’s, “de las escuchas se pudo determinar un posible perfil delictivo que continuaría funcionando aceitadamente dentro del penal”.
“También se puede notar que varias personas al apodado Quemi le proveen información sobre los acontecimientos que suceden en la calle y también le provisionan pastillas, drogas y bebidas alcohólicas, como ser el caso del llamado Matías Pera Pujol, conocido barrabrava de Ñuls, con quien mantiene una relación de confidencia y amistad”.
Según se desprende las escuchas, ambos “planean en un futuro “formar una banda grande y poderosa para poder manejar todo”, dejando entrever que no sería de menester para el llamado Rodríguez dejar de realizar actividades ilícitas en el tiempo futuro, ya que el mismo Quemi manifiesta que al salir en libertad quiere hacer “plata y mafia”.
De acuerdo al juez Beltramone, “también menciona en varias oportunidades su vinculación en el comercio de sustancias prohibidas”.
Conectividad carcelaria
El presunto plan urdido por un policía que estaba detenido en la Alcaidía de Rosario y un hombre procesado por homicidio que, además, enfrenta una causa por narcotráfico, con el objetivo de matar al juez de instrucción Juan Carlos Vienna o al fiscal de Cámaras Guillermo Camporini también se conoció por la intercepción de llamadas que ambos realizaban mediante el uso de telefonía móvil desde sus lugares de reclusión.
El policía Germán Almirón estaba detenido por el presunto facilitamiento de la fuga de un Juan Domingo Ramírez, vinculado a la banda de Los Monos. Ahora también lo procesaron por su presunta cobertura a una organización que traficaba estupefacientes en Rosario y cuyos principales integrantes fueron detenidos en febrero pasado en Salta.
Su interlocutor en las escuchas, César Treves, aguarda un juicio por homicidio –en el que está procesado como partícipe- en la cárcel de Coronda, mientras también se le instruye en la Justicia Federal una causa por narcotráfico.
De acuerdo a las escuchas ordenadas por el juez federal Carlos Vera Barros, Treves continuaba su vinculación con la venta de estupefacientes desde la cárcel, vía telefónica.
Cuando se hicieron públicas las escuchas, el gobierno provincial ordenó realizar una requisa en la cárcel de Coronda, cuyo resultado fue el secuestro de 198 celulares.
Nota publicada en el eslabón nº 142.
