Los procesamientos de un ladrón y vendedor de drogas de 23 años y de un suboficial infiel de la Policía de Rosario por el ataque a balazos de la residencia particular del gobernador Antonio Bonfatti no avanzan sobre quiénes pergeñaron el atentado, a pesar de que los mismos testimonios e informes que sirvieron para encartar a los dos sospechosos señalan a referentes de bandas narco como los autores intelectuales.
Algunos están muertos, otros presos, un par en libertad. Por lo tanto, la jueza de instrucción Alejandra Rodenas sostiene en la resolución que el móvil de la balacera a la casa del mandatario se ciñe a una puja territorial entre bandas con el fin de sacarse de encima al jefe de la seccional 10ª, Ronald Cuñé, quien con sus investigaciones obstaculizaba negocios ilícitos de la zona norte. Y sostiene que lo que buscaban quienes planearon el hecho fue “un vano intento de sostener influencias en la zona”. Algo menos pretencioso que una respuesta como consecuencia de la lucha gubernamental contra “el crimen organizado” que argumentó el gobierno de Santa Fe.
Los procesados
Rodenas procesó a Emanuel José Sandoval, un pistolero del barrio La Cerámica conocido como “Ema Pimpi” que, según se desprende de la investigación, manejaba algunos búnkeres de venta de drogas en zona norte.
Le endilgó ser el planificador y organizador del ataque a la vivienda particular del gobernador, ocurrido la noche del 11 de octubre de 2013, para lo cual habría aportado logística y vehículos. Aunque se presume que los ejecutores fueron otros cuatro que se movía en dos motos –y tenían un automóvil de apoyo-, integrantes de la banda de “los Pimpi”, como se la conoce en la zona.
Sandoval, que el próximo 2 de diciembre cumple 24 años, lideraba un grupo que además de administrar algunos búnkeres realizaba entraderas y espantaba al barrio con su despliegue violento. Por eso el subcomisario Cuñé, que había llegado a la comisaría 10ª de un destino anterior en la localidad de Funes, lo tenía entre cejas.
Había pasado a la ex Drogas Peligrosas denuncias sobre puestos de venta de droga, uno ubicado a 200 metros de la seccional, en Chiclana y las vías, aunque nunca supo qué ocurrió con esos datos.
La jueza también procesó por el ataque a tiros a la casa de Bonfatti, pero sólo como encubridor, al suboficial de la policía Pablo Alejandro Espíndola, de 30 años.
El 5 de diciembre del año pasado una patrulla de la seccional 20ª asiste a la zona de Campbell y La República por el llamado de vecinos que daban cuenta de disturbios y tiros. Antes de llegar, en Juan José Paso y Campbell la patrulla se cruza con un “auto oscuro” que circulaba a toda velocidad, y comienza una larga persecución que concluye cuando con el apoyo de otro patrullero el Peugeot 206 negro es detenido en Travesía y Juan B. Justo. En el automóvil viajaban tres personas. Uno se bajó y dijo: “Yo soy policía”.
Efectivamente, se trataba de Espíndola, agente de la seccional 10ª. Pero la desobediencia de la orden de alto no fue lo más grave: debajo de un asiento le encontraron una pistola 45, cuyo posterior peritaje determinó que fue una de las armas usadas para rociar de 16 balazos el frente de la vivienda ubicada en la ochava de Darragueira y Gallo. El domicilio del gobernador.
En la misma resolución en la que procesó a Sandoval y Espíndola, la jueza Rodenas dictó falta de mérito a Saúl Isaías Sánchez, Germán Ramírez y Manuel Martínez, otros tres detenidos sospechosos de haber sido los autores materiales de los disparos.
Una foto
Según el auto de procesamiento firmado por Rodenas, los elementos que tuvo en cuenta para determinar la probabilidad de la participación de Ema Pimpi en el atentado fueron la declaración de un testigo de identidad reservada, informes de inteligencia de las Tropas de Operaciones Especiales (TOE) y de la División Judiciales y llamados anónimos al 911 que señalaban al pibe de La Cerámica.
El testigo de identidad reservada declaró que é sabía “quién programó, quién ejecutó los disparos contra la casa del Gobernador”. Y abundó: “Lo ejecutó la banda que le dicen de ‘los Pimpi’, de zona norte, que nada que ver tienen con Pimpi Caminos. Y lo programó (sic) los Vázquez de barrio La Tablada con Monchi Cantero, a través de Luis Medina. Los Pimpi son sicarios o como quiera decirse de Luis Medina, entre los que están el Ema y Lucas Sandoval, que son hermanos, pero no sé si el Ema tiene apellido Sandoval”.
Siguió: “Y los usaron a ellos para no usar gente de zona sur, de la zona de los Vázquez para que no sospechen de ellos. Luis Medina se los consiguió. Luis Medina al estar presos los Cantero tomó todo el control. Yo de esto me entero por lo que me han contado mis amigos y mi familia que se anda comentado en el barrio”.
El testigo también contó que recibió un llamado en el que le dijeron “¿Viste la que se mandó el Lucas?”.
Según ese testimonio “la bronca vino, para hacer lo que se hizo, porque había salido en el diario La Capital una foto donde está Daniel Vázquez, Mariano Salomón, el Pillín Bracamonte y el Monchi Cantero, y eso le dio tanta bronca a Vázquez que hizo eso contra el gobernador como diciendo que no se meta más con ellos”.
Daniel Vázquez, alias Gordo Teto, está sindicado en el mundo del hampa como un hombre vinculado al negocio de los estupefacientes en barrio Tablada y la zona, junto a su hermano Sergio. Estuvo vinculado a la barra de Newell`s que encabezó el malogrado Roberto Pimpi Caminos en los 90. Mariano Salomón es un lugarteniente de Los Monos que está procesado en la causa que investiga a la familia Cantero y su banda.
Bracamonte es el jefe de la barra de Rosario Central y Monchi Cantero es Ramón Machuca, hermano de crianza de los hijos de Ariel Máximo Cantero, cabeza de Los Monos.
El último mencionado, Luis Medina, es el empresario asesinado el 29 de diciembre del año pasado junto a su pareja la modelo Justina Castelli en el acceso sur y Ayolas. Sin causas abiertas por narcotráfico pero mencionado como jefe de un grupo dedicado a la venta de estupefacientes, a Medina le dieron 17 balazos dos meses después del atentado a la vivienda de Bonfatti.
Buches
Un informe de la División Judiciales de la policía aporta también algunos de esos nombres como los posibles autores intelectuales del atentado. El documento, anexado a la causa, señala que el motivo de los disparos se explica por disputas internas entre bandas delictivas.
“Estas bandas organizadas estarían buscando cómo tomar el poder o los espacios vacantes que quedaron después de las detenciones de Esteban Lindor Alvarado y sus colaboradores del clan Cantero (banda los Monos), David Delfín Zacarías, Diego ‘Panadero’ Ochoa, Sergio ‘Quemado’ Rodríguez”, enumera el texto.
Según los “buches” consultados por la División Judiciales para hacer el “informe de calle” entregado a Rodenas, “los autores intelectuales del hecho serían Andrés Bracamonte y Daniel Vázquez y los que habrían aportado el dinero para la concreción serían los llamados Ramón Ezequiel Machuca (Monchi Cantero); Ariel Máximo Cantero”.
Al menos en lo que puede leerse en el procesamiento dictado contra el policía Espíndola y Sandoval, la jueza descartó esas hipótesis. Y, teniendo en cuenta que el agente implicado habría sido quien plantó una pistola 9mm en un automóvil secuestrado en la seccional 10ª y llamó a los medios de comunicación para contar que allí estaba el arma con la que se había atentado contra Bonfatti, la magistrado se inclinó, en cambio, por una operación con el objetivo de correr a Cuñé de la comisaría.
Escribió la jueza: “Con respecto a los móviles que habrían animado el accionar de los imputados, los mismos parecerían diluirse en una serie de hechos específicos y territoriales contra quienes persuadidos de la gravedad de los hechos acontecidos en la zona (comisario Ronald Ivan Cuñé y el inspector de Zona principal Bengoechea) inician una tarea vinculada a la erradicación de los episodios de conflicto, a resultas de la cual se sucede el atentado al señor gobernador en un vano intento de sostener influencias en la zona”.
“Yo lo voté a Bonfatti”
En su declaración judicial, Emanuel Sandoval, procesado ahora por su presunta participación en el atentado al gobernador Antonio Bonfatti, contó que no lo orienta ninguna animadversión contra el mandatario, por cuya candidatura sufragó en 2011 y volvería a hacerlo nuevamente, aunque la Constitución santafesina impide dos mandatos seguidos.
“Soy inocente, todo esto lo armo Cuñé con su gente, yo no tengo nada que ver con el hecho. Jamás haría algo así contra el gobernador, yo lo vote, lo volvería a votar y no tengo nada, nada contra él”.
Alentando la hipótesis de los disparos contra la residencia particular del gobernador estaba dirigidos a poner en jaque al subcomisario Roland Cuñé, jefe de la seccional 10ª y con jurisdicción sobre el domicilio de Bonfatti, Sandoval agregó: “Y que se fijen en Cuñé, que lo investiguen a él, que se encarga de engarronar chicos y gente. Por cuestiones de dinero, que no le quisimos dar, armó todo esto”.
“Quiero agregar –continuó- que Cuñé es un tipo muy poderoso y temo por la integridad física mía y de mi familia”.
Artículo publicado en la edición de este sábado del semanario El Eslabón.

