El mediodía del sábado se tiñó de memoria en el barrio La Carne. La inauguración del local «Palmiro Labrador» por parte del Movimiento Evita estuvo signada por el color y el calor de la militancia.
La historia de Palmiro es la de miles de militantes que dieron su vida por una Patria más justa e igualitaria. Y aunque la lucha que emprendió como militante del peronismo montonero suponía riesgos de todo tipo, la tragedia que se posó sobre la familia Labrador registra como en pocos casos la ferocidad del accionar de la última dictadura cívico-militar.
La familia de Palmiro estaba compuesta por Víctor Labrador, quien se unió en pareja con Esperanza Pérez. Tuvieron cuatro hijos: Miguel Ángel, Palmiro, Manolí y Tomás.
Llegaron los años de la militancia, de la mano de miles de compañeras y compañeros que resistían las dictaduras y los gobiernos títeres del partido militar y sus patrones civiles.
Una vez instaurada la dictadura, el 13 de septiembre de 1976 desapareció Miguel Angel, el hijo menor, quien por entonces tenía 25 años. El odio y la muerte volvieron a golpear a los Labrador el 10 de noviembre de ese año: Víctor, Palmiro, de 28 años, y la compañera de éste último, Edith Graciela Koatz, de 25 fueron torturados y luego asesinados por una patota encabezada por José Lo Fiego, quien operaba a las órdenes de otro criminal, Agustín Feced, en el marco del accionar del Comando del II Cuerpo de Ejército, en esos tiempos a cargo del general Leopoldo Galtieri.
Desde el pasado sábado, en Batlle y Ordoñez al 700, se erige el local bautizado con el nombre del valiente militante Palmiro Labrador, en barrio La Carne, «entre choripanes y alegría peronista», como reseñó uno de los organizadores del justo homenaje.

