El incendio de una pensión de calle Rioja al 1300, en la tarde del viernes puso en agenda un tema bravo. Habilitación o no, instalaciones precarias, especulación y el fantasma de quedar en la calle, se combinan de varias formas posibles, pero casi siempre, cortando el hilo por lo más delgado. En el centro suelen ser viejas casonas, en los barrios proliferan construyendo pequeñas habitaciones, a modo de unidades separadas, en las terrazas. En sus distintas versiones las falencias suelen ser indetectables, a no ser por el dato de algún vecino, quienes viven allí jamás las develan por miedo. Denuncian que hay redes que se dedican a explotar este rubro.
“Hace años que venimos pidiendo por el control de las pensiones”, dijo la edila Lorena Giménez Belegni, quien acompaña a su par del bloque del Progreso Social, Héctor Cavallero, en las denuncias de estos lugares. “Las pensiones tienen que tener determinadas condiciones de infraestructura que, generalmente, ninguna se cumple”, enfatizó El Tigre y recordó su batallar por pensiones truchas en Fisherton Industrial.
“A todas luces hay una situación fuera de la ley, desde todo punto de vista”, dijo Giménez Belegni. Para la edila, no hay controles o visto desde otra perspectiva “la ciudad amplió sus límites y las medidas que servían para una urbanización que era gobernable o manejable, ya no sirven, entre ellas, el controlar como es debido”.
Para la concejala, “no hay infraestructura como para que los controles sean constante”. Y asoció esa mengua con la proliferación de pensiones clandestinas donde la gente debe pagar por lo que no tiene, es decir, la posibilidad de vivir dignamente. En general la gente vive hacinada, algunos pagan por día, casi como una especie de asegurarse el dormir de cada noche, otros lo hacen por mes; en el caso de la pensión siniestrada, Rioja 1300, el costo era de unos tres mil pesos mensuales.
Los lugares habilitados deben tener habitaciones y baño en condiciones, ventanas e instalaciones que no pongan en riesgo la vida. ¿Se cumple? “No, las pensiones que venimos denunciando ni siquiera tienen ventana, apenas unos abreluz chiquitos y son fácilmente detectables si uno camina los barrios, algún que otro vecino suele decir dónde funcionan estos espacios clandestinos”, comentó.
Según Giménez Belegni, varias de las pensiones que eluden los controles, suelen levantar habitaciones mínimas, sin cálculo de estructura, ocupando todo el espacio posible y un haz de luz como ventilación. “Se aprovechan de la gente que tiene necesidad y no se atreven a denunciar el hacinamiento en que viven, la falta de control no sólo tiene que ver con lo edilicio, también con lo habitacional”, detalló. Y dijo que el tema tendrá casi seguro un lugar en la agenda del Concejo, en esta semana.
