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Ya investigan a los efectivos de la Gendarmería que dispararon a mansalva contra un grupo de vecinos que ensayaba con la murga “Los Auténticos Reyes del Ritmo” en la villa 1-11-14 del barrio Illia, en el Bajo Flores porteño.

El cínico relato oficial, difundido por la agencia Télam, da cuenta de que «si bien el Ministerio de Seguridad de la Nación está elaborando un informe para corroborar cómo sucedieron los hechos, una versión preliminar indica que los gendarmes fueron atacados a pedradas, palazos y disparos, y que dos de ellos resultaron heridos».

Lo cierto es que, como relata en este mismo diario digital el director de la murga del Bajo Flores, Gustavo “Marola” González, la represión que sufrieron de parte de Gendarmería fue feroz y no deja lugar a la más mínima duda: “Tiraron a mansalva”, relató el líder murguero.

La denuncia judicial quedó radicada en la Procuraduría de Violencia Institucional (Procuvin), a cargo del fiscal Miguel Palazzani, y de acuerdo al informe, ese organismo investiga «los hechos sucedidos el viernes por la noche en el barrio Illia del Bajo Flores, cuando –en el marco de un supuesto operativo- miembros de Gendarmería Nacional accionaron contra un grupo de vecinos», lo que «dejó como saldo al menos once heridos, entre ellos menores de edad».

La Procuvin en su informe agrega que «según coincidieron los tres testimonios recibidos (este martes) –dos de ellos por parte de quienes serían víctimas- en la sede del programa de la Agencia Territorial de Acceso a la Justicia (Atajo) del Bajo Flores, un grupo de personas se encontraba ensayando en una murga barrial cuando la Gendarmería irrumpió con violencia en la zona», al tiempo que agregó: «Los testigos detallaron que la Gendarmería avanzó sobre los vecinos y disparó en una zona donde había niños y adolescentes».

Un dato determinante, que echa por tierra la versión oficial también figura en el informe de Procuración: «Hasta el momento no hay elementos que indiquen que las personas agredidas tuvieran armas, ni que los gendarmes hayan sido heridos en el contexto de la represión denunciada ante el Ministerio Público Fiscal».

El relato Bullrich

En tanto, los voceros oficiales consultados adelantaron que a raíz de esta denuncia el personal de la Subsecretaría de Participación Ciudadana de la cartera de Seguridad trabajó en el lugar del hecho para elaborar un informe sobre lo sucedido, el cual será difundido el miércoles.

En ese sentido, las primeras averiguaciones sostienen la versión inicial de que los gendarmes fueron la noche del viernes pasado hasta el barrio Illia «para retirar cuatro autos con pedido de secuestros y que fueron agredidos al llegar a un Pasaje sin nombre entre Charrúa y Bonorino, donde no había ninguna y habitualmente se desguazan y queman autos».

La versión de la cartera de Seguridad de la Nación que conduce Patricia Bullrich, continúa así: «Que a raíz de ese episodio, el cabo Gabriel Isac Baspineiro sufrió una herida de arma de fuego con orificio de entrada sin salida en miembro superior izquierdo y el sargento Ezequiel Cardozo sufrió una herida de arma de fuego en la pierna derecha con fractura expuesta de tibia».

Ambos gendarmes fueron trasladados en el Hospital Churruca donde permanecen internados «estables» y además recibieron la visita de la ministra Bullrich y el director nacional de Gendarmería, comandante general Gerardo José Otero.

«Avanzaban despacio y nunca frenaron»

“En la murga hay desde nenes de tres años hasta gente mayor. Nosotros, cuando creamos la murga ,vienen las familias enteras a verlos a los chicos. Compramos jugos, compartimos todo. Acá no hay armas. Hay jugos, música y alegría”, sostuvo una de las murgueras.

Otra testigo relató: “En vez de entrar por Janer, que es la calle donde estaban los autos, hicieron un rodeo, doblaron y rodearon la manzana para entrar por dónde estaban bailando los chicos, que es en la calle Charrúa, para después entrar por un pasaje que volvía a desembocar en la calle Janer. Ellos, los gendarmes, entraron despacio, creo que venía una grúa y una patrulla de Gendarmería, avanzaban despacio y nunca frenaron, entonces la patrulla empezó como a empujar a los chicos».

Y finalizó: «Ahí, las mamás empezamos a decirles a los gendarmes «esperen, esperen que ya nos corremos», y los gendarmes «bueno, sí, mamá, está todo bien». Ellos bajaron del patrullero porque las mamás nos pusimos adelante para que no siguieran avanzando y para decirles que esperen. Bajaron dos, uno era muy alto y otro era medio gordito, y cachetón. El fue el que más se ensañó con todos. Yo no sé si fue porque los chicos no se apuraban pero ahí empezó la discusión”.

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