
A cuatro meses de la toma pacífica de las oficinas del Ente Administrador del Puerto de Rosario (Enapro) por parte de los estibadores, el megaproyecto cultural del Puerto de la Música sigue dando que hablar.
El titular del Enapro, Ángel Elías, volverá a informar a la Cámara de Diputados sobre un conflicto que no prevé tener pronta solución. La Nación, que tiene jurisdicción sobre los muelles donde se pretende emplazar la obra, sigue sin dar el aval, pero en plena campaña presidencial, Hermes Binner sigue mostrando maquetas y fotomontajes de una iniciativa que lo desvela.
Juego de palabras que invita a pensar: tamaño proyecto implica sumergirse en ciertas profundidades. Una de las oleadas que suscita mayor impacto es el lugar escogido para la localización del proyecto provincial. Y tras las elecciones santafesinas, al bajar la marea, queda recoger las huellas en la arena.
Primero, una información básica: el Puerto de la Música es un proyecto del arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, hecho propio por la administración socialista. Idea por otro lado que el gobernador Hermes Binner viene acariciando desde que fuera intendente de Rosario. Con la construcción de un monumental teatro, al mejor estilo del de Sidney, se aspira a posicionar a la ciudad como faro cultural. Cabría preguntarse de qué cultura se está hablando. ¿Cultura para quién?
Por otra parte, tal como se establece en el Plan Estratégico Provincial (PEP), los puertos deberían ser plataformas logísticas regionales, que conformen un sistema portuario público-privado eficiente, y que se encuentren al servicio de la producción y el comercio exterior, respetando siempre el medioambiente y favoreciendo el desarrollo social y económico de los habitantes de la provincia. Claro que las distancias entre las palabras y las cosas resultan ser, en ocasiones, insalvables.
Lo llamativo es que esta iniciativa no tiene mayor factibilidad que las de un fotomontaje o maqueta. En diálogo con Redacción Rosario, el diputado Gastaldi, quien presentó incontables pedidos de informe y reveló aspectos ocultos de la iniciativa que desvela a Binner, lo explicó así: “Nosotros, y cuando digo nosotros digo muchos dirigentes del justicialismo, ya ni siquiera queremos hablar en términos de si queremos o no el Puerto de la Música. Decimos que sí al mismo. Y respecto de si se debe emplazar en el lugar en que lo está proponiendo el Ejecutivo, decimos que sí, pero siempre y cuando construyan lo que sea necesario para que la actividad portuaria y los trabajadores no se vean resentidos o perjudicados”.
Aquí se comienza a vislumbrar uno de los principales inconvenientes: el silencio absoluto por parte de la gestión provincial sobre el destino de los 350 trabajadores portuarios que en estos días, y luego de cuatro meses, siguen tomando pacíficamente las oficinas del Enapro, y haciendo funcionar el muelle en toda su capacidad operativa.
Aybar, del Sindicato Único de Trabajadores Portuarios, (Supa), aclara de entrada: “Si se cierra este muelle, no tenemos otro muelle de reemplazo. Hoy en día, este es el mejor muelle que tiene el puerto de Rosario, con 350 metros de frente y seis hectáreas de plazoleta de carga. No hay otro muelle con esas características operativas. Ellos (los funcionarios del gobierno de Binner) dicen que la partida presupuestaria para la construcción de un muelle de reemplazo está, pero no nos presentan ningún documento oficial. Además, suponen que las obras comenzarían dentro de 3 o 5 años; y mientras tanto 350 familias se quedan sin trabajo”.
La operatividad del muelle ha provocado una cadena de dimes y diretes. Por un lado, los trabajadores y la oposición; por otro, la administración socialista, que ha tenido en Elías a uno de sus voceros privilegiados.
Para Aybar no es raro que se quiera instalar una imagen del puerto que no coincide con la realidad: “Si es el mismo gobierno provincial el que quiere sacarle el 40 por ciento de capacidad operativa al puerto, que hable mal del puerto no me extraña. A mi no me extraña, ellos quieren instalar que el puerto está obsoleto, para seguir avanzando con este mega proyecto cultural. Nosotros estamos trabajando muy bien, el muelle está trabajando muy bien, funcionando de forma normal, con su capacidad operativa a full. Esto lo puede corroborar cualquiera que lo venga a ver”.
Aybar y Gastaldi coinciden en lo absurdo de anular un muelle en una de las mejores condiciones operativas para potenciar la competitividad del Puerto rosarino. El dirigente gremial, en ese sentido, afirma: “Es insólito que sea el gobierno provincial el que quiera cercenar el 40 por ciento del puerto, cuando debería ser el que garantiza la operatividad y los puestos de trabajo. También debería estar apoyándolo, haciendo obras de infraestructura para ampliar su capacidad productiva, y no sacarle el 40 por ciento de su capacidad operativa, dejando a 350 familias sin sus puestos de trabajo y achicando más el puerto. Yo creo que el gobierno provincial perdió la brújula, y en lugar de ser el principal defensor del puerto de Rosario es el principal lobbista en su contra”.
Gastaldi plantea algo parecido: “Si el muelle es obsoleto, lo que hay que plantear es cómo mejorarlo, para que cumpla con la función que tiene, que es promover y desarrollar la producción”.
El legislador justicialista agrega: “Elías debería explicarnos, no a los diputados sino a los rosarinos y a los actores productivos de Rosario y la región cómo y con qué plata se va a construir el nuevo muelle, y en qué tiempo. A partir de que tengamos claridad sobre estos temas, que hablen de desafectar el muelle, pero no hacer el camino inverso, desafectando un muelle operativo –aún con algunos inconvenientes, es el muelle que está operativo– sin tener una alternativa”.
Elías deberá presentarse en la Cámara de Diputados de la Provincia el próximo 13 de septiembre, a las 17. Presumiblemente, muchos de esos interrogantes encontrarán respuestas, pero las palabras del diputado provincial habilitan una serie de preguntas: ¿Cuál es la función del puerto? ¿Qué significa el puerto para la ciudad? O bien, ¿cuál quiere el gobierno de Binner que sea la función del puerto, un puerto para la cultura o un puerto para la producción? ¿Son éstos términos excluyentes?
