Centro Cultural Roberto Fontanarrosa

El Concejo aprobó la ordenanza mediante la cual se modifica la denominación del Centro Cultural “Bernardino Rivadavia” por el de “Roberto Fontanarrosa”, fruto del consenso colectivo y al merecido reconocimiento del dibujante, humorista gráfico y escritor rosarino.

El proyecto de ordenanza propuesto por los ediles Alfredo Curi, y Héctor Cavallero del bloque Partido por el Progreso Social (PPS) fue aprobada, luego de ser analizada por parte de la Comisión Especial de Nomenclatura y Erección de Monumentos, que expidió favorablemente a la solicitud.

En este sentido, la comisión sostuvo que «la propuesta no tiene como objetivo la deshonra de nadie, |sino la de hacer carne en la comunidad la necesidad de que se reconozca y homenajee a quienes han hecho un valioso aporte a la misma y a la ciudad en la que vivieron» .

Ante todo  la comisión consideró «el deseo expresado por una cantidad de ciudadanos de que se imponga el nombre de Roberto Fontanarrosa al actual Centro Cultural Bernardino Rivadavia, lo cual  responde no sólo a los merecimientos del dibujante, humorista gráfico y escritor propuestos,  sino al criterio consignado de reconocer a los hombres y mujeres rosarinos que han enaltecido a la ciudad a través de su obra, la resonancia de la misma a nivel nacional e internacional, su aporte a la cultura».

Sobre el Negro

Roberto Fontanarrosa fue reconocido, ya en vida, como uno de los más notables dibujantes, ilustradores y humoristas gráficos de la Argentina y Latinoamérica y como uno de los narradores relevantes en el panorama de la literatura argentina de la segunda mitad del siglo pasado, en especial a través de su aporte a la cuentística, destacado por la crítica especializada. Su manejo del lenguaje coloquial, el ingenio y el humor aplicados a situaciones cotidianas y a la creación de personajes y un lúcido poder de observación de la realidad social, política y cultural, dieron a sus relatos una identidad propia y fácilmente identificable.

El éxito de lectores de sus numerosas colecciones de relatos, entre ellos El mundo ha vivido equivocado, No sé si he sido claro, Nada del otro mundo, El mayor de mis defectos,  probaron la aprobación que su narrativa lograra en vastos sectores, sumándose ello a la que obtuvieran las sucesivas ediciones de libros de sus dos personajes emblemáticos, ambos de características muy disímiles: Inodoro Pereyra y Boogie el aceitoso, integrados ambos a lo mejor que produjera el humor gráfico y la historieta en la Argentina.

Su tarea profesional iniciada en Rosario en los finales de la década del 60 del siglo XX en la revista Boom y en la cordobesa Hortensia, se extendió luego a la mayoría de las publicaciones de humor: Satiricón, El ratón de Occidente, Mengano, Chaupinela, Humor y otras y en el diario Clarín, en el que durante 30 años su aporte de cada día constituyó muchas veces una descarnada radiografía de los problemas nacionales y de la personalidad de los argentinos.

Ese valor de testigo lúcido y de impecable humorista le valió incluso la distinción de ser designado como orador en la jornada de cierre del Congreso de la Lengua Española, llevado a cabo en Rosario en 2004, donde su defensa antológica de las llamadas “malas palabras” tuvo una gran difusión en los países de habla hispana y constituyó un aporte poco usual en encuentros académicos de ese tipo.

Reconocido y premiado en certámenes, congresos y festivales de humor del exterior, colaborador creativo por muchísimos años del grupo Les Luthiers, Fontanarrosa integra el grupo de grandes exponentes del dibujo y el humor gráfico argentino junto a Oski, Calé, Ferro, Caloi, Landrú, Crist, Divito y otros. Muchos de sus cuentos tuvieron adaptaciones teatrales y fue guionista de cortometrajes como Metegol, Boogie, el aceitoso: la película, Cuestión de principios,  Tómalo con calma,  El vuelo de la oca, Una historia de tango, Los duelistas, La planicie de Yothosawa.

En una nota publicada en el diario Página/12 al producirse el fallecimiento de Fontanarrosa, el crítico, catedrático y narrador Juan Sasturain (fundador y director de la revista Fierro, donde colaborara el gran dibujante rosarino) valoró el lugar del creador de Boogie el aceitoso en la literatura argentina: «El Negro Fontanarrosa era, simplemente, el mejor. En todos los sentidos. Pero sobre todo, muy buena gente. Estoy hablando de vida social, de vida profesional, de colegas y de amigos. De una sanidad invulnerable al halago y a las miserias del celo. En él, como en otros, se intuye que es cierta la idea del humor –que en él era un reflejo, una manera, un tic personal– como una forma superior de la inteligencia, de la sabiduría. Y del escritor, del humorista y del dibujante sólo cabe lo mismo: era el mejor de nosotros.»

Fuente: Prensa de Concejo Municipal

Comentarios
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Un comentario

  1. Joaco

    27/09/2012 en 21:19

    ¡Qué bueno! Dos pájaros de un tiro, ja.

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