
“Lo que vos necesites, ya sea una aspirineta o una inyección –y así te estés muriendo–, lo tenés que pagar trabajando. Y lo peor de todo es que te dan un comprobante”, señaló uno de los testimonios recogidos por el semanario El Eslabón publicado este sábado. Los vecinos dicen se extorsionados por la intendencia.
Numerosos testimonios publicados este sábado en el semanario El Eslabón, coincidieron en denunciar una práctica sistemática del área de Desarrollo Social y Salud de la municipalidad de Carcarañá, conducida por el Frente Progresista Cívico y Social, en la cual exigen una contraprestación “voluntaria” a cambio de ayuda social. “Esto es algo fuera de lo normal lo que está viviendo este pueblo”, dijo al semanario Jorge Del Pino, un referente del Movimiento Evita que sostiene un comedor infantil en el humilde barrio San Martín de la ciudad ubicada a unos 45 kilómetros al oeste de Rosario.
“La realidad es que acá no hay trabajo; y si encima la gente honrada que necesita de la Municipalidad para recibir una ayuda va y se encuentra con esta situación, o va a la Secretaría de Desarrollo Social y es Desarrollo Social la que te genera esta forma de encarar los problemas de la gente y aprovecharse de eso para tenerte agarrado, la cosa se complica todavía más”, explicó Del Pino, quien conduce el comedor que brinda alimento y contención a más de 40 niños.
Según consigna el artículo de El Eslabón titulado Éramos tan progres –que lleva la firma del periodista Santiago Garat–, para Del Pino, el nuevo sistema arrancó con la llegada a la intendencia de Ramón Pedro Soques, un joven abogado que llegó a ese cargo tras un período de concejal, un cargo de asesor en el Senado y una larga militancia en apoyo al Frente Progresista Cívico y Social, y es –según se encargó de destacar en su momento el portal Perfil.com– quien “a los 34 años, hemipléjico y radical, triunfó tras 8 años K”.
“El intendente no sólo que está al tanto de todo esto sino que es quien lo controla”, señaló tajante el encargado del comedor que funciona desde 2001, y agregó: “Y ojo que no es sólo de palabra, sino que te dan un documento y recién cuando vuelvas con el comprobante firmado que certifique que cumpliste con esas horas de trabajo te dan el bolsón o el medicamento que necesitas. Primero trabajá y después te dan”.
Testimonios
“Cuando fui a pedir un medicamento para mi bebé, que estaba con broncoespasmo, me dijeron que me lo daban si antes hacía cuatro horas de trabajo comunitario”, relató una joven mamá entrevistada por El Eslabón. “Me dieron un papel que tenía que devolver firmado para que me den el remedio y se queden con el comprobante, pero no fui y me lo quedé y le saqué fotos por las dudas”, continuó.

“Hace poco, como necesitaba comprarle anteojos a mi nena, fui a pedir que me dieran una mano y aunque sólo me dieron para la mitad del costo, igual me hicieron cumplir cuatro horas de limpieza en la calle”, señaló otra vecina, y acotó indignada: “Y lo mismo pasa así sea una embarazada, un viejito o lo que sea. En ese sentido acá no discriminan”.
“Vas al dispensario a pedir para hacerte una placa que sale 100 pesos y como te autorizan sólo la mitad, vos tenés que pagar los otros 50 pesos trabajando dos horas y media”, comentó una joven, que luego añadió: “Y así con los antibióticos, la mercadería o lo que sea. Primero, siempre te mandan a limpiar el propio dispensario o a darle una mano a la portera de una escuela. Y olvidate que si te llega a pasar algo mientras trabajas se van a hacer cargo”.
“Mi nene tenía un primer cuadro de desnutrición, según me dijeron después de pesarlo y medirle la talla, porque si hubieran tenido en cuenta el peso y la edad que tiene (8 kilos con un año y un mes) se hubieran dado cuenta que estaba re desnutrido. Fui y pedí que le dieran una dieta así sea por una semana, para ver si con eso arrancaba a comer bien, y me dijeron que si la quería la vaya a trabajar. Pero yo no iba a dejar el nene así como estaba para ir a trabajar”.
“Si vas a pedir el bolsón, que cuesta unos 80 pesos, también te hacen trabajar cuatro horas”, contó un santiagueño que hace décadas vive en Carcarañá, que de acuerdo a la crónica de El Eslabón confirma que “no sólo cobran para brindar una ayuda social sino que pagan a cambio 20 míseros pesos por hora”.
La postura del municipio
Según Verónica Schuager, la Secretaria de Desarrollo Social y Salud de Carcarañá, quien fue consultada por El Eslabón sobre la denuncia efectuada por los vecinos, “hay un nuevo sistema de contraprestación que generalmente para todo lo que sea la parte de salud no lo utilizamos, sino que es para otras cosas que pueden ser materiales o cosas así”, y propuso: “Pero te diría que todo eso, mejor lo hables con el Intendente”.

Schuager señaló que “lo que tenemos en realidad es un sistema de contraprestación voluntaria –indicó, poniendo el énfasis en la última palabra–, que se destina teniendo en cuenta el grado de necesidad del que solicita esa asistencia y a partir de informes previos. Y todo regularizado por el área de Protección Social”.
La funcionaria negó lo denunciado por los vecinos y aseguró que “en todo lo que es salud, y ni que hablar si se trata de chicos, la ayuda se da sin pedir nada a cambio”, la ex concejala indicó que “no ocurre lo mismo cuando se trata de un adulto ya que –como ustedes saben muy bien– hay mucha gente que se aprovecha de estos lugares”.
“En esos casos se investiga, se ve, se pregunta y se hace un informe, porque lo que tratamos acá es de ser justos. Y más vale destinar los recursos que tenemos para gente que realmente lo necesite”.
Para Schuager, lo que motivó a implementar este nuevo sistema es que “desde la gestión municipal se viene trabajando y mucho sobre lo que es el valor del trabajo, el valor de ganarse las cosas dignamente”. “Si ayudamos a que una persona viaje a ver a un familiar que está enfermo y lejos, y le facilitamos los pasajes para que no se pierda esa oportunidad, si después le pedimos que realice a cambio un trabajo comunitario lo hacemos siempre pensando en que le devuelvan algo a la comunidad. Porque, en definitiva, todo eso se paga con los impuestos de la gente”, argumentó.
En cuanto a los bolsones de alimentos, la funcionaria señaló que “si es para gente enferma o con algún tipo de discapacidad, si es para chicos o personas mayores, no se les hace trabajar nada. Ahora, si estamos hablando de personas sanas que en este momento no tienen trabajo y necesitan que nosotros los ayudemos con la canasta de mercadería, se les pide que hagan un trabajo comunitario que es voluntario”, y tras volver a remarcar ese término, subrayó: “Jamás le negamos el bolsón a nadie, sino que le ofrecemos la posibilidad y le tratamos de hacer entender que está bueno que le devuelvan a la comunidad la posibilidad que nos da la comunidad de ayudarlos a ellos”.
En una frase que podría haber expresado Miki Vainilla, el personaje de Diego Capusotto, Schuager invitó a que “pensemos que hay gente a la que le da vergüenza venir a pedir ayuda”. Y sentenció: “Lo que hacemos con esto es que esa persona sienta que lo que le estamos dando se lo está ganando y que no le debe nada a nadie”.
