
El músico Pablo Pino analizó sus 20 años al frente de Cielo Razzo, banda en la que entró a cantar siendo un pibe; hoy se entusiasma también con Los Bardos, proyecto acústico que comparte con otros dos músicos rosarinos.
Por Juan Pablo de la Vega
Desde la sala de ensayo que tiene en su casa de Carriego al mil y pico, amueblada con guitarras, consolas, cuerpos de batería y cruzado por cables, Pablo Pino, el cantante de Cielo Razzo, despeja dudas con respecto a su barrio: “Esto no es Echesortu, es La República”, aclara el músico. Y recuerda una pintada de Farolitos con pertenencia en el barrio.
Pablo Pino jugaba al fútbol como defensor en el Club Deportivo “Mercadito” Lux, practicó judo en Atlantic Sportmen, y también estudió medicina contagiado por la profesión de su padre, pero la música le jugó una buena pasada: luego de ensayar un año y medio con su banda Never Listen, con la que nunca se presentó en público, el bajito Pino se sumó al por entonces incipiente proyecto de Cielo Razzo, y luego de su debut en el Parque Oeste en diciembre de 1993, el muchacho ganó confianza y se puso al frente de la banda rosarina que más convocatoria tiene en el resto del país.
Aunque admitió que sintió en su debut “mucha vergüenza”, Pino aseguró “en ese momento no me quedaba otra”. Y recordó que no fue fácil digerir el hecho de que tiempo después, su música “pegara” en los grandes medios de Capital Federal, algo que sucedió a modo de insinuación con el primer disco “Buenas” de 2001, pero que más bien se acentuó con “Código de Barras” el segundo de Cielo Razzo publicado en el 2003.
“En un momento le temí a Buenos Aires.”, cuenta el cantante. “Ya pasó aquel primer viaje en el que con los pibes vimos asombrados el obelisco. Se volvió más cercano todo y el mundo se achicó”, aseguró. El tiempo y la shows forjaron las aspiraciones del Pino. “Después de un tiempo, asumí que lo mío en este mundo es cantar, lo asumí por completo”.
Con “Sideral” la última producción de Cielo Razzo, la banda volvió a firmar con un sello, esta vez con Pop Art, una compañía que tiene la mayor parte de la torta en el mercado local. Pino cuenta que el contrato es por dos discos más y recuerda que con Pelo Music, la compañía que los fichó para el disco “Marea” de 2005, y les concretó la grabación de Audiografía, un DVD en vivo que lanzaron en 2006, “la relación fue muy buena hasta que con Grietas (2007) hubo diferencias artísticas”. El manager de la compañía cumplió lo que les había advertido con anterioridad: “El día que me parezca que no le sirven al sello, se los digo y terminamos el contrato”, había prometido. Y así sucedió.
—Entonces. ¿Vendieron el alma a una compañía?
—Yo entiendo que es un negocio. El único que se enamora de mi música soy yo. La industria siempre fue así. Antes de internet los músicos que eran contratados ganaban más plata pero las regalías en realidad eran más altas para los mismos de siempre (en referencia a las empresas discográficas). Por suerte ahora también hay bandas que no están en compañía, y están haciendo fuerza y está bien que no haya un monopolio industrial.
—Si un pibe que tiene una banda, te pide un consejo, ¿qué le decís?
—Lo principal es tocar, juntarse y generar un mundo con lo que uno hace. Cielo Razzo tuvo esa bondad o esa suerte. Más allá de ser una banda, nos metimos en otros mundos con montones de gentes. Yo estuve en grupos que tocaba y nada más, pero con Cielo soy parte de algo más.
—A lo Maradona y en pleno mundial, ¿cuál era «el sueño del pibe» de Pablo Pino?
—Yo quería tocar. Compuse temas sin saber lo que era una guitarra y aprendí a tocar una para poder hacerlo. Siempre esperamos que se den las cosas y siempre te dicen que es imposible, pero…
—¿Podés elegir una canción de Cielo Razzo que te represente?
—Es difícil, tal vez sean varias. Por ejemplo la primera canción de Buenas: Sin salida, me gusta. O el tema Qué se yo. Y Luna, y Estrella están entre las que más me gustan. Y también del último disco, Entre las 4 y las 6; y Ojos.
—¿Y la que viene?
—Y esa es la que siempre esperamos pero por suerte nunca llega. El tema es la búsqueda me parece.
Los bardos
En paralelo a Cielo Razzo, Pablo Pino experimenta una nueva etapa como cantante y compositor. Entre tanto relacionarse con otros mundos, el vocalista se conectó con los músicos Nahuel Market (Degradé – el Regreso del Coelacanto), y Ezequiel “Choza” Salatino (Sikarios), y formaron así una agrupación que denominan como “simple y concisa, en formato acústico, con acordeón y dos guitarras; un nylon y un metal. Y tres voces corales que varían entre el rock, el tango y el folclore”.
“Nos cruzamos muchas veces con Nahuel y con Chozas. Hacer música entre los tres con el acordeón para mí es algo nuevo, se crea otro audio, otro color. A mí me entusiasma mucho tocar con ellos: “Choza es un pibe con una impronta poética muy barrial, creo que yo aporto mucho barrio también, y Nahuel toca piano y acordeón, es profesor, y tiene mucho conocimiento de la música pop”. Los Bardos, comenta Pablo Pino, comenzaron con la idea de versionar temas de sus bandas y de otros autores, algo que hicieron, por ejemplo, en la última conmemoración por el 24 de marzo en el Monumento. “ Los covers están muy bien pero ahora empezamos a tener la necesidad de hacer temas propios porque los tres somos compositores”, asumió el cantante.
Nota publicada en el periódico el eslabón número 148.
