Foto: Manuel Costa
Foto: Manuel Costa

Boom inmobiliario, accidentes laborales, barrios incrustados en nuevos circuitos comerciales, déficit habitacional y los cuestionamientos hacia las formas contractuales del municipio. Estos son algunos de los puntos abordados en la entrevista a un colectivo de arquitectos rosarino.

El boom que ha signado la construcción inmobiliaria en Rosario en la última década propició voces discordantes. La de los obreros sufriendo accidentes laborales (muchas veces letales), los inquilinos soportando precios y condiciones mafiosas, los pescadores y residentes cercanos a la costa desalojados, los barrios tradicionales incrustados en nuevos circuitos comerciales, las decenas de miles de personas padeciendo déficit habitacional y las organizaciones y movimientos de todo tipo cuestionando las formas contractuales del gobierno de la ciudad, sus planes urbanos y el desbalance entre las tierras destinadas a negocios y a espacios públicos.

Desde hace más de medio año otra voz colectiva está buscando su tono, desplegando el espectro de los problemas que cree necesario abordar, definiendo interlocutores y adversarios. Se llaman Arquitectxs Sindicadxs. Son unas treinta personas entre 25 y 45 años. Buscan, primeramente, revertir la desregulación de los honorarios profesionales que desde la década del noventa está llevando a muchos a rutinas laborales extenuantes con situaciones económicas difíciles. Pero esa maniobra gremial trafica posiciones y percepciones que involucran modelos de ciudad, definiciones sobre urbanismo y la necesidad de reimaginar la estética y la política de la arquitectura.

Están planeando intervenciones, pronunciamientos y hasta un software propio. Junto a Patricia y Juan Pablo, con quienes comparto el Club de Investigaciones Urbanas, quisimos saber más y fuimos a entrevistar a Soledad, Juan Manuel e Iván.

(I) Empezamos a juntarnos a finales del año pasado para discutir algunas problemáticas profesionales en la medida en que tenemos trabajo pero no tenemos un marco que nos sirva como sustento. Una de las razones es que en los ’90 en Santa Fe los honorarios profesionales se desregularon. Hasta entonces el Colegio de Arquitectos fijaba un mínimo. Ahora cada uno cobra lo que quiere y eso generó que no se sabe cuánto cobrar y el mercado nos tira para abajo.

(JM) Planteamos reivindicar el valor de nuestro trabajo. Independientemente de que hay leyes que desregulan los honorarios, pedimos un posicionamiento del Colegio, al menos una conversación sobre la ética profesional. Nos abaratamos los honorarios entre los mismos arquitectos. Lo de Arquitectxs Sindicadxs no es un juego de palabras, es empezar a entender que lo de profesional independiente es un mito, que somos trabajadores.

(I) El Colegio se desentendió de su función sindical. Ante el reclamo de fijar salarios mínimos responde: “esos son problemas entre colegas”. Ponen al arquitecto empresario y al arquitecto empleado en un mismo nivel.

Claro, así como hay precarización y sueldos bajos, hay sectores del Colegio que han ganado en estos años, ¿cierto?

(JM) El Colegio ganó. En estos años de boom, con los aportes que hacemos ha tenido una gran recaudación. Hizo congresos internacionales, dos bienales en menos de cuatro años. Adquirió propiedades, llamó a concurso para ampliar su sede, está pensando una mutual. Vemos una desconexión entre la realidad económica del Colegio y la nuestra.

(I) Esto lo ilustra una encuesta que hicimos a 275 arquitectos, incluyendo a independientes, empleados, a los que trabajan en la universidad, a los que lo hacen en el Estado. El ingreso promedio por hora dio 50 pesos. El análisis por franja etárea mostró que los que recién arrancan, que tienen entre 20 y 30 años, ganan 40 pesos, los que tienen entre 30 y 40, ganan 50 pesos y los de entre 40 y 50, que deberían ser profesionales consolidados, ganan 60 pesos. La expectativa de incrementar los ingresos es muy baja.

(JM) Falta un lugar para tener una postura, una idea, una política, de cómo posicionarnos y defendernos ante al mercado. El Colegio ha tenido una postura acrítica, por no decir cómplice, con el boom de la construcción, porque está atado a esa economía.

(S) El objetivo no es prender fuego el Colegio, no queremos dedicarnos sólo a criticarlo, sino a visibilizar algunas cuestiones adormecidas. Los sueldos, la obra pública que no se concursa y la que se concursó pero no se construyó. Además, el Colegio edita varias publicaciones que, aparte de ser de baja calidad, se concursaron hace más de una década; creemos que debería democratizarse.

(JM) El Colegio es un lugar importante y desperdiciado, un lugar para construir una conversación y que está desaprovechado. Costó armarlo, incluso la gente que está hoy luchó mucho para colegiarse y ese impulso se ha perdido. Y cositas más raras… como que hace seis años que no hay elecciones. Hay lista única y la asamblea extraordinaria vota que no haya elecciones. Queremos mostrar que hay un colectivo que quiere criticar lo que sucede.

¿Cómo suena para ustedes –profesionales, clase media, jóvenes– la idea de sindicato?

(JM) La arquitectura fue patricia en los ’50 en Rosario, una actividad familiar más algunos mecenas, que apadrinaban a los arquitectos de clase alta. Luego hubo un paso a la clase media en los ’70 y ’80; hoy no se sostiene más ese modelo.

(I)La idea de sindicato tiene que ver con abandonar la idea romántica del arquitecto que está meses frente al tablero afinando un proyecto, buscando la forma perfecta. Eso ya no existe. Tampoco queremos ser empresarios, donde el negocio pasa más por explotar a otros trabajadores, que por ser buenos profesionales. Somos laburantes, como los albañiles o los plomeros, y como ellos queremos condiciones laborales dignas.

¿Cuál es su principal fuente de trabajos?

(I) La aparición del Pro.Cre.Ar. es un antes y un después. Por primera vez en años hay un volumen grande de obra pequeña. Como estudios chicos podemos mantener un flujo de trabajo importante. Tiempo atrás teníamos que ver cómo armábamos un fideocomiso para venderle departamentos a sojeros. Ahora es mi amigo, el amigo del amigo, que le salió el Pro.Cre.Ar. No sé cuánto va a durar pero nos permite foguearnos por cuenta propia.

Más allá de los aspectos gremiales, ¿cómo ven la situación urbana en la ciudad?

(I) De hecho, hablamos de los Pro.Cre.Ar también en ese sentido. Los encaramos como planes de vivienda social orientados a la clase media. En ese sentido, afianzan la tendencia a la suburbanización, o “ciudad difusa”, por la cual la ciudad gana territorio y toma una escala más regional, con una densidad de población baja pero homogénea. No se sabe bien dónde empieza ni dónde termina. El asunto precede a los Pro.Cre.Ar pero éstos lo acentuaron y empiezan a ser una modalidad hegemónica de adquisición de vivienda.

(S) Se está produciendo un éxodo masivo de las ciudades.

(JM) Esa suburbanización hace que te vayas a vivir en medio de la nada. Eso tiene que quedar clarísimo. Sin gas ni infraestructura. Yo trabajo en la Oficina Metropolitana, una oficina técnica que incluye intendentes y jefes comunales. He recorrido los nuevos barrios. No sólo Funes o Roldán, ahora todas las localidades tienen sus nuevas poblaciones. Ya no son barrios cerrados, son abiertos. Y los intendentes empiezan a ver que tienen que pedir infraestructura porque comienzan los problemas políticos. Es un proceso metropolitano a gran escala. Yo digo que el Pro.Cre.Ar fue tirarle nafta a un proceso ya en marcha. Fijate la autopista a Córdoba. Empieza con barrios con infraestructura construida, árboles, veredas, grandes lotes, amenities. A medida que te alejás, encontrás barrios cerrados con lotes más chicos y menos amenities. Después, lotes que son tan chicos que no tienen retiro, son medianeras.

Es interesante cómo, por un lado, les ha dado trabajo y, por otro, no pueden evitar verlo críticamente por los efectos que produce. Es ambivalente. ¿Qué tipo de intervenciones están pensando?

(I) Viene la BIAU (Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo) y pensamos aprovechar su impulso para hacer la MIAU (Movida Independiente de Arquitectos y Urbanistas), un evento público para que nos conozcan y convocar gente. La vamos a hacer el día después del cierre de la Bienal y estamos organizando una muestra de proyectos de Pro.Cre.Ar (diseño, en construcción y terminados) para charlar sobre ellos desde tres puntos de vista: la profesión, la construcción de ciudad y la disciplina. Porque si bien nos da trabajo es una neoliberalización final del proyecto de vivienda social en Argentina. No hay más proyecto de Estado, el individuo tiene que salir a buscar, en un mercado atomizado, un lote en medio de la nada, sin infraestructura. Ni el Colegio ni la facultad están tomando seriamente esto.

(S) En la MIAU nos importa que se debata lo que está pasando. Lo hegemónico ya tiene otros eventos, que muestran arquitecturas que no son las que la mayoría estamos haciendo. Aquí es política de Estado llamar al arquitecto-estrella para posicionar globalmente a la ciudad. Eso no nos representa. Nos parece importante debatir qué está pasando y cómo afrontar esas realidades que tienen que ver con arquitecturas más modestas y con ser creativos con otras cuestiones. Ahí se puede hacer hincapié en el rol social del arquitecto. Es muy difícil adecuarse a ese presupuesto, a ese cliente, ayudarlo a que su casa quede lo más terminada posible.

(JM) Para la MIAU estamos pidiendo una ficha de dónde vivía el cliente y dónde se está yendo a vivir para mapear la suburbanización. Nadie está haciendo esto.

(I) Para la muestra de Pro.Cre.Ar. pedimos a arquitectos de todo el país que manden sus proyectos. Va a haber charlas en un formato que se llama “conversatorio”. No son exposiciones magistrales sino de circulación de la palabra. Serán tres: “Pensar las ciudades”, para ver la suburbanización, el boom inmobiliario, esos debates muy ricos donde se reflejan las contradicciones de nuestra profesión y para los cuales hay muy poco espacio para discutir. El segundo es “Pensar la arquitectura”, donde la máxima “hacer buena arquitectura” sirve para pensar qué posibilidades, en nuestro contexto, tenemos de hacer arquitectura. Ese panel va a estar relacionado a la muestra. El tercero es el más sindical: la profesión, condiciones laborales, precarización, honorarios. Para sacar los bombos.

(JM) Vamos a hacer un boletín sindical con formato de diario anarquista del veinte, cuyo primer número presentaremos en la MIAU. Hay espacio para cuatro artículos: un editorial, un informe (de comisión, de ética, de concursos), una nota de crítica sobre la disciplina y la publicación de un proyecto de arquitectura.

(S) Además de la MIAU, tenemos una idea respecto al Gesto, el software del Colegio que estima honorarios. Abrís un expediente técnico, ingresas los metros cuadrados y la categoría edilicia y genera boletas de aportes y un número, que no está claro cómo se calcula, que supuestamente es un honorario. Por ejemplo, por un anteproyecto de una casa de 80 metros, el Gesto te tira 930 pesos de honorarios por un laburo que te lleva dos meses.

(I) Eso juega contra el trabajo en equipo en los proyectos porque si repartimos el dinero no rinde. Estamos al borde del surmenage, encargándonos de todo: administración, dinero, contaduría, parte técnica, obra. Estamos evaluando la posibilidad de hacer nuestro propio Gesto para calcular honorarios.

(JM) Decí que hacemos lo que nos gusta, ¿no?

(I) Sí, pero en estas condiciones nos gusta cada vez menos.

Artículo publicado en la edición nº 162 del semanario El Eslabón.

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