El presidente Fernando Lugo.
El presidente Fernando Lugo.

La patronal rural e industrial paraguaya, con el grueso de los medios de comunicación a su favor, fracasó en este inicio de semana en convocar un tractorazo que, a pesar de un importante despliegue de maquinaria pesada muy moderna, reveló escasa concurrencia.

El planteo de sus principales cabecillas resultó una imitación de mal gusto de la movilización política de sus correligionarios argentinos, fortaleciendo de esa forma a su enemigo, el gobierno presidido por Fernando Lugo y a éste en particular.

Sus reclamos, que nunca existieron durante los 35 años de la tiranía del General Alfredo Strossner, son los mismos de estos últimos meses, desde que fue derrocado en las urnas el Partido Colorado, el pasado 20 de abril, invocando siempre la democracia, el derecho a trabajar, el libre mercado y los derechos humanos, “principios muy válidos que violan sistemáticamente”, declaró un reaparecido Domingo Laíno, el líder liberal de las décadas ochenta y noventa.

El mismo hace preguntas que irritan a muchos empresarios, convertidos en militantes políticos contra Lugo. ¿Qué cargas impositivas respetan? ¿Qué salario están pagando?

El mínimo oscila en 300 dólares, pero hay algunos de 20 por mes en el campo y nada en las comunidades indígenas. ¿Cotizan a la Seguridad Social? ¿Cuánto le pagan a una doméstica? ¿Qué vida le dan a las criaditas? Desde 1940, cuando el General Higinio Morínigo asumió el poder y lo retomó Strossner en 1954, se instauró en el país el esclavista régimen del pongage.

¿Cuántos pueden exhibir documentos de nacionalización de sus costosas cosechadoras, tractores y otras herramientas de labor?, demanda Laíno. Afirman las organizaciones campesinas que la mayor parte del equipamiento en maquinaria de los latifundios, casi todo de origen brasileño, es producto del contrabando masivo. El ex Fiscal Gerardo Petta, director de transporte del Ministerio de Obras Públicas, bajo insultos y amenazas, sancionó durante el tractorazo a decenas de vehículos en situación ilegal.

La movilización de la patronal rural, utilizando la camisa de la selección nacional de fútbol, y con parcial adhesión del empresariado industrial, pronunció reclamos sesgados y egoístas, en cumplimiento de una estrategia elaborada por la derecha política, inspirada en sus pares de la región, cuyo lenguaje común es el de la voracidad capitalista de las familias oligárquicas.

En Paraguay, esa militancia, que también es enemiga de la justicia social y de toda política que intente elevar el nivel de vida de la población marginada, viene aplicando un plan muy negativo para el progreso nacional, diseñado hace un par de años. El análisis de estos últimos meses confirma que el primer punto fue desprenderse del Partido Colorado, dado que resultaba imposible controlarlo debido a su alto grado de corrupción interna, prostitución burocrática y desenfrenado nepotismo.

La aparición en la política nacional del Obispo Fernando Lugo, un hombre de diálogo y que lo ubicaban como fiel a la línea del Vaticano, aupado por una alianza de fuerzas heterogéneas, debilitada por graves problemas para unirse, le hizo pensar a la derecha que tenían al candidato perfecto para conseguir su primer objetivo táctico, que fue el de la derrota electoral colorada.

Se propusieron, entonces, subir un escalón, procurando la coptación del inexperto político, convertido en líder popular. En ese punto, la derecha se tuvo que tragar su primera derrota.

Resultó y hasta ahora resulta, que el ingenuo Lugo no era tan ingenuo ni tan fácil de manejar, entonces se decidieron por comenzar a utilizar la ingobernabilidad como el tercer plan.

Ponerle todos los palos posibles a las ruedas del gobierno fue la reacción, diciendo que no hay programa, que no hay equipo y, con el grueso de la prensa comercial, denunciar a los cuatro vientos que sobra ineptitud entre los principales responsables de las distintas carteras, acusación que tiene buena dosis de razón, pero que son males antiguos en todo el Estado y la sociedad paraguaya en su conjunto, pero que jamás les molestó.

Entonces, como Lugo no se ha prestado al juego de los capitalistas mayores y está sorteando con más habilidad de la que se le atribuía su papel de mandatario, sin crisis internas en la conformación de su gabinete, por encima de un montón de errores, la derecha, tan confundida y tan huérfana de liderazgo y de proyecto de país como la izquierda, se está poniendo nerviosa.

Su mayor fuerza radica en la aplastante presencia de los medios de comunicación afines, en un escenario comunicacional en el que la mayor parte de las pocas cosas buenas que está haciendo este gobierno el pueblo aún las desconoce. La Secretaría de Estado, con responsabilidad en el sector, intenta suplir ese vacío, pero aún está lejos de satisfacerlo.

Adversarios y aliados se mezclan

Lugo, de posible aliado, en menos de seis meses se ha convertido en enemigo al que es necesario desplazar. Primero, desprestigiándolo ante un pueblo que continúa confiando en él, manipulando la prensa y utilizando a ciertos dirigentes gremiales y, en particular a colaboradores y familiares, quienes, conscientes o no, se están prestando al juego.

La derecha aprovecha también las disputas internas de las fuerzas que encabezaron el apoyo orgánico a Lugo desde el amanecer de su candidatura. El Movimiento Tekojoja, puntal en esa aventura, se ha dividido en dos corrientes y amenaza surgir una tercera, y el Partido Movimiento al Socialismo (P-MAS) sufre el alejamiento de militantes de la primera hora, quienes denuncian verticalismo y soberbia.

El caso más notorio de desafección es el protagonizado por el Vicepresidente Federico Franco, del Partido Liberal, principal fuerza electoral de Lugo. Aunque minoritario en su organización, el segundo hombre del Ejecutivo cada día desafina más en su función porque sacrifica excesivo tiempo a difundir sus diferencias con el mandatario, en un deslizamiento neurótico a posiciones ideológicas retrógradas. La prensa feliz.

La pasividad y cordura del mandatario, claramente interesado en mantener la cohesión de su equipo, en el que desataca un excelente clima de buena relación con Ministros y responsables liberales de algunos organismos, deja en blanco al Vice. Este, quizás sin desearlo, está instalado en la vidriera como un elemento de discordia que favorece a la derecha, contenta de oírle pontificar a favor de la defensa a ultranza de la propiedad privada, sin la más mínima mención al carácter delincuencial que se verifica en la identificación de muchos detentores de títulos falsos.

En los cuatro meses de gobernanza de Lugo, poco es lo que se conoce de la labor de su compañero de fórmula, quien se debilita día a día, pierde la batalla interna de su partido e incursiona en fanáticos discursos contra la izquierda, groseras alusiones a un desliz chavista y al pregonado socialismo del siglo XXI, pretendiendo erguirse en un fogoso defensor de la soberanía nacional y la patria, haciéndole el juego a la estrategia de ingobernabilidad en curso.

Con una población que oscila en cinco millones de personas, hay un millón emigrada, 60 por ciento menor de 30 años, y con un 40 por ciento de gente en la pobreza y la mitad de ellos en extrema miseria, en la actividad general del país se está produciendo un rápido cambio de actores, en un fenómeno sociológico y cultural que la mayor parte de los dirigentes dan la impresión de nada comprender.

La mayoría de esa franja etaria nació después del Golpe de Estado de 1989 contra Strossner que, si bien a nivel de estructura socioeconómica resultó un gatopardismo, es innegable que permitió diversos cambios beneficiosos para el pueblo y, entre ellos, el más rescatable es a nivel mental, está en la subjetividad de la gente.

Los tiempos políticos corren con un tipo de agilidad que ciertamente sorprende, dejando atrás las taras inmovilizadoras de la oposición verbal al gobierno en la mal llamada transición a la democracia y dan paso a un movimiento de enfrentamientos desde y entre las bases sociales, aunque la derecha y toda su prensa, se afanen por negar que hay enfrentamiento de clases.

Los movimientos, de izquierda como de derecha, aunque dispersos igualmente aún, están en las calles y las rutas del país, pero también han salido a disputar esos escenarios a una clase política amorfa apoltronada en el Parlamento y en el Poder Judicial, dando inicio a un enfrentamiento civil directo que nadie puede predecir sus consecuencias.

La decantación de las posiciones de cada uno y de cada organización, caracteriza a este momento de la historia de Paraguay. El entrecruzamiento de errores, debilidades, confusión ideológica e inexperiencia militante de una población tradicionalmente amordazada y acrítica, que supera décadas de pasividad, es el rasgo más destacable de estos días y el factor que más influirá en el decursar del país a corto plazo.

(José Antonio Vera / ARGENPRESS.info)

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