La Iglesia elaboró un anteproyecto de ley que espera elevar al Congreso para –según reza– “ayudar a los sectores más empobrecidos del campo”. La propuesta es impulsada por el obispo del coqueto barrio de San Isidro, Jorge Casaretto, titular de la Comisión Episcopal de Pastoral Social y uno de los únicos tres obispos de los años de la dictadura que quedan en actividad.

La iniciativa parlamentaria, todavía en fase incipiente y sin referir a las retenciones móviles a las exportaciones de granos, apunta a “sentar las bases para el desarrollo de una política agropecuaria integral", según informó la agencia DyN.

Según el cable de la agencia de noticias del grupo Clarín, “la propuesta busca–esperemos la encuentre– “incluir” a sectores originarios y pequeños productores, a quienes la Iglesia considera no se les reconoce el derecho a la tierra”.

"Cualquier proyecto agrario que se elabore debe tener en cuenta a los pobres, a fin de reducir la marginalidad en el país", dice Dyn que reclamó en reiteradas oportunidades –aunque no consigna cuales– el obispo Jorge Casaretto, titular de la Comisión Episcopal de Pastoral Social.

El "acompañamiento pastoral" de la propuesta legislativa no conlleva sin embargo tomar posición en el conflicto, aclararon a DyN fuentes eclesiásticas, y "menos" apoyar eventuales medidas de fuerza de las principales entidades del campo.

La redacción de la propuesta legislativa está en manos del Foro de Habitantes a Ciudadanos, una mesa multisectorial asesorada por Casaretto y también conformada por ruralistas, que en 2008 presentó en el Congreso una iniciativa para la prevención de las adicciones.

En los fundamentos del nuevo anteproyecto, al que DyN tuvo acceso, se retoma el concepto eclesiástico de reforma agraria para una mejor distribución de la tierra productiva, y se condena la "extranjerización" de los espacios rurales y la concentración de la propiedad en pocas manos.

Asimismo, se advierte sobre la progresiva desaparición de pequeños productores como consecuencia de la pérdida de las tierras explotadas y que, al verse obligados a retirarse de la producción directa, en la mayoría de los casos, se convierten en pequeños rentistas o en trabajadores precarios de las áreas urbanas.

Los pueblos originarios y los pequeños campesinos, seguramente festejarán la propuesta elaborada por la Iglesia Católica Argentina y la Sociedad Rural, históricos aliados de los proletarios e indios de tierra adentro.

 

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