Cambian los gobiernos, pero las bombas yanquis siguen cayendo y matando civiles. Horas antes de que el presidente Barack Obama recibiera este miércoles en la Casa Blanca a sus pares de Afganistán y Paquistán “para profundizar la colaboración en la lucha contra los talibanes”, más de 100 afganos –entre ellos muchos civiles, mujeres y niños– murieron en un bombardeo de las tropas estadounidenses, en lo que sería el peor ataque de este tipo desde el inicio de la guerra, en 2001.

 

Las cifra total de muertos está todavía en duda, así como la cantidad de civiles. De todas maneras, todas las fuentes coincidían en que las víctimas eran por lo menos 100 y en su mayoría no eran combatientes. El incidente levantó crítica contra Obama, que hizo de la guerra de Afganistán uno de los puntos centrales de su política exterior. En este marco, la jefa de la diplomacia norteamericana, Hillary Clinton, pidió disculpas públicamente. "Lo lamentamos profundamente, profundamente", dijo sin convencer a nadie.

El Comité Internacional de la Cruz Roja dijo que sus funcionarios vieron a mujeres y niños entre los muertos y las casas destruidas por los bombardeos en dos poblados del Oeste. Por su parte, el ejército estadounidense envió a un general a la región para investigar. "Mi hijo y mi nuera murieron, y me dejaron con un bebe de 13 meses", dijo Gul Bibi, del pueblo de Geraani. "Sus restos fueron enterrados en una fosa común junto a otros. No tuve ni siquiera la oportunidad de ver el rostro de mi hijo por última vez porque estaba todo destrozado", relató la mujer entre sollozos.

Rohul Amin, gobernador de la provincia de Farah, donde tuvo lugar el ataque norteamericano, dijo que habría por lo menos 100 muertos. El jefe de la policía provincial, Abdul Ghafar Watandar, agregó que la cifra de víctimas mortales podría ser incluso más alta. "Entre 25 y 30 eran talibanes, algunos eran de Chechenia y de Paquistán, y el resto eran civiles, incluidos niños, mujeres y ancianos", dijo el vocero de la policía afgana, Abdul Rauf Ahmadi.

Si se confirman los datos, sería el ataque con mayor cantidad de víctimas civiles lanzado por Estados Unidos desde la caída del régimen talibán en 2001. Sin embargo, no se trata de un incidente aislado. Los frecuentes casos de “víctimas colaterales” en las operaciones militares han vuelto impopulares a las tropas extranjeras en Afganistán y ponen en difícil posición al presidente afgano, Hamid Karzai, un aliado de las potencias occidentales que en agosto se juega el puesto en las elecciones presidenciales.

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