La Organización de Estados Americanos marcó historia en su última Asamblea General. Después de casi medio siglo de haber expulsado de su seno a la República de Cuba, decidió por consenso anular la resolución aprobada el 31 de enero de 1962 que suspendió a Cuba como miembro activo de la organización.
Un día histórico para América, toda ella. Los rostros jubilosos de los delegados en la 39ª Asamblea General de la OEA, llevada a cabo en Honduras, eran signo de la magnitud de la decisión que había sido tomada. La República de Cuba era recibida, luego de 47 años por todo un continente, representado en la organización que geográficamente más lo representa. La temática de la No Violencia, que estructuró el contenido de la reunión del principal órgano de la organización americana, quedó eclipsada por la Resolución 2438 (XXXIX-O/09), nombre oficial del documento que puso fin, en los papeles, a la Guerra Fría en el continente. ¿Qué sucedió en San Pedro Sula que provocó que la OEA volviera al escenario internacional? ¿Qué provocó que la tarde del miércoles 3 de junio de 2009 pasara a la historia?
Un final esperado. La decisión tomada por la Organización de Estados Americanos hace sólo días no cayó como trueno en cielo sereno. ¿Qué nos lleva a afirmar esto? Hay muchos factores. En primer lugar, los estadistas americanos, los principales líderes del continente, concuerdan en que la medida que mantenía a Cuba alejada de la organización, la famosa Resolución VI de la Octava Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores, llevada a cabo en Punta del Este, Uruguay, entre el 22 y el 31 de enero de 1962, no tenía más razón de ser.
Basada en los postulados de la Guerra Fría, la misma hacía referencia a la incompatibilidad entre el comunismo y el sistema interamericano, a poco tiempo de que Cuba hubiese adherido públicamente al marxismo-leninismo, ya haciendo casi tres años de que los revolucionarios de Sierra Maestra hubiesen tomado el poder en la isla. El citado alineamiento público con la Unión Soviética provino directamente del fallido desembarco en Bahía de Cochinos, por parte de exiliados cubanos entrenados por la CIA y apoyados por la Fuerza Aérea norteamericana. Desde entonces, junto a otras medidas que crisparon las relaciones bilaterales, Cuba fue aislada de todos los foros regionales y Washington le aplicó un embargo que persiste hasta el día de hoy. Finalmente, utilizando los medios diplomáticos a su alcance, Washington aprovechó el liderazgo que tenía entonces en la región y, con John Kennedy de presidente, instó a que la OEA, que llevaba ya casi 14 años de existencia, expulsara de su seno a la República de Cuba. En realidad, la resolución en cuestión, determinó que sólo el “Gobierno de Cuba” quedara incapacitado para participar de la organización, mientras que el Estado seguía siendo miembro.
Desde entonces, por lo general, el vínculo bilateral entre Washington y La Habana se mantuvo en una tensión invariable, con episodios de mayor crispación, como lo fue la Crisis de los Misiles en 1962, momento en que la Tercera Guerra Mundial estuvo a punto de tener lugar.
Forjada bajo los auspicios y liderazgo norteamericano, pese a la realidad de los crecientes vínculos latinoamericanos con Cuba y tras la caída del Muro de Berlín y el desmembramiento de la Unión Soviética, la OEA mantuvo la decisión de no permitir que el gobierno cubano participara del Sistema Interamericano, hasta el miércoles pasado.
Obama y el “nuevo comienzo”. Con el nuevo presidente norteamericano en funciones, la cuestión cubana ingresó, desde el comienzo, en la agenda de la Casa Blanca. La primera medida presidencial, el anuncio del cierre de la controvertida prisión ubicada en la base naval de Guantánamo, en Cuba, dio indicios de una actitud diferente respecto al manejo de la política exterior de la potencia norteamericana y la región . Las señales hacia el Hemisferio se diferencian marcadamente de su antecesor, George W. Bush.
La Quinta Cumbre de las Américas, celebrada en Trinidad y Tobago, le sirvió a Obama de marco para anunciar lo que denominó un “nuevo comienzo” en la relación bilateral con Cuba, anuncio que fue acompañado con una serie de medidas de relajamiento de tensiones, como la reanudación del servicio postal directo con la isla, entre otras. Una medida así, la de permitir a La Habana el retorno a la OEA, si bien no deja de ser histórica, podía verse venir.
Así fue vaticinado, y también impulsado, por el propio Secretario General de la OEA, el chileno José Miguel Insulza, quien en reiteradas oportunidades abogó por que el tema de la readmisión del gobierno cubano al seno de la organización fuese tratado por los representantes de los pueblos americanos. En efecto, la carrera política personal de José Miguel Insulza, quien evidentemente no quiere pasar como un secretario general olvidado en la OEA, tiene peso como variable que explica, en cierta medida, la oportunidad de la medida. Con Barack Obama al frente de la Casa Blanca, el kairós de dicho gesto surgía como evidente. De esta medida, puede observarse, que se benefician las imágenes públicas de los líderes involucrados, las de Obama e Insulza en particular y la imagen de la OEA como institución americana. No haber tomado la medida hubiese sido un despropósito, que restaba sin sumar nada a nadie.
La absolución de Cuba por parte del Sistema Interamericano pone fin a la Guerra Fría en el continente, 20 años después y “sin lamentar daños materiales”.
Una medida “políticamente correcta”. Para que Cuba participe del Sistema Interamericano, debe acoger sus principios, para lo cual la Carta Democrática Interamericana constituye un obstáculo claro . Además, el gobierno cubano manifestó que no está interesado en participar de una organización que considera “tenebrosa”, a la vez que como un “caballo de Troya” para los intereses del “imperialismo”, el “neoliberalismo”, etc. . Ni EE.UU. ni Cuba están en posición de ceder sus posturas, forzando la normativa americana sobre democracia, por un lado, y levantando el embargo económico a la isla, por otro.
No obstante, la medida no cae en saco roto. En momentos en que la vitalidad del Estado como actor internacional recobra cierto protagonismo, una medida simbólica, sin consecuencias prácticas inmediatas en los hechos, abre la puerta, de alguna manera, al resurgimiento del multilateralismo. La revitalización de lo político que significa este tipo de gestos históricos permite esperar, con todos los reparos al respecto, que la actitud y los medios que serán utilizados para enfrentar los problemas del continente podrán alejarse del encono y el unilateralismo.
(1) A pesar de la negativa del Senado de otorgarle 80 millones de dólares para el cierre de Guantánamo el pasado mes de mayo, Obama mantiene su promesa de cerrarla. Mientras tanto dio a conocer una estrategia para revisar los casos de los prisioneros para determinar en cada caso qué política apropiada seguir.
(2) Sin entrar en polémicas sobre si Cuba entra o no en este caso, la Carta Democrática Interamericana establece la posibilidad de excluir de la participación en la OEA a los Estados en que se interrumpa el orden democrático, a lo cual atribuye la garantía de los derechos humanos (http://www.oas.org/charter/docs_es/resolucion1_es.htm).
* Analista Investigador FUNIF Rosario
