Un recorrido por algunas declaraciones del intendente rosarino. Su condena. Su cuestionamiento anti K y las sorpresas de un domingo de elecciones. Los crónicos problemas de gestión y algunas novedades que traen los votos.
Atravesado por un proceso electoral santafesino con características particularísimas, luego del cual el Frente Progresista ha quedado con un gusto agrio en su boca y en el medio de una veda política insólita, el Intendente de la ciudad de Rosario protagonizó un raid mediático semanal que comenzó en la edición del domingo 26 de Julio del Diario La Capital y que pareció haber concluido el día viernes 31, en una entrevista televisiva en el programa de 12 a 14 que se emite por el Canal 3 de Rosario. En el medio, tampoco se privó de visitar algunas radios locales para explicar no se sabe muy bien qué.
Repasemos sus afirmaciones anteriores a los resultados del 2 de agosto: “La historia me condena a ser candidato a gobernador, ya que todos mis antecesores han hecho lo propio”. Si bien la frase merecería por sí sola, entrar en aquel listado de dichos antológicos argentinos (“el que apuesta al dólar pierde, si quieren venir que vengan les presentaremos batalla, estamos condenados al éxito”), no es menos cierto que pronunciada por un intendente no adquiere el revuelo de las anteriores.
Pero hay una diferencia que no es menor en el caso de los antecesores de Lifschitz: el éxito de su gestión. Tanto Usandizaga, como Cavallero y Binner, podían mostrar aciertos en sus gestiones que, mal que le pese a las ideas de cada ciudadano, en su momento y coyuntura política, supieron direccionar el timón de una administración con proyectos de corto o mediano plazo que transmitían una idea de gestión.
La pregunta hoy sería: ¿Cuál es el éxito de la gestión del actual intendente?
La basura sigue siendo “tirada” a cielo abierto en terrenos de comunas aledañas que reciben unas cuantas monedas por semejante tarea. El Municipio tuvo que recuperar las tareas de recolección porque las concesiones se prorrogaban eternamente ante licitaciones que sucesivamente se caían. Sólo los contenedores en el centro y macrocentro (financiados con fondos nacionales) parecen un acierto.
El transporte público sigue en permanente prórroga y en llamados a licitaciones que naturalmente fracasan y que demuestran el escaso conocimiento de algunas áreas, pese a que son administradas desde hace 20 años. La SEMTUR hace aguas por todos lados y la Mixta no recoge mayores elogios. Ésta última semana se llamó a licitación por una parte del sistema (aquella que operaba la empresa Las Delicias) y resulta que, como gran logro de gestión, se nos cuenta que la frecuencia de los futuros vehículos deberá ser de no más de 15 minutos. Gran éxito por cierto.
Actualmente, Rosario está atravesada por una serie de conflictos laborales que son, en parte, emblemáticos para el conjunto nacional: Cotar, Mahle y Balbazoni. ¿Dónde están los funcionarios del área de la Secretaría de Producción que no son visibles en el conflicto? Nos dirán que quienes se encuentran abocados a la tarea son los funcionarios nacionales y provinciales quienes, a simple vista, parecen trabajar de manera coordinada.
Pero nos cuesta creer que un municipio con un presupuesto de casi mil millones no pueda llevar adelante un rol más activo en conflictos que dejarían en la calle a no menos de un millar de familias.
Por otro lado, Lifschitz no se privó de mostrarse marcadamente antikirchnerista pese a la efusividad cariñosa con la que recibió al Ministro Florencio Randazzo en el comienzo del diálogo político convocado por el gobierno nacional. Muy suelto de cuerpo afirmó: “No podemos seguir en piloto automático en las políticas sociales. Hace meses que no hay ni una iniciativa en el tema de lo social”.
Una vez más nos preguntamos ¿cuáles son las novedades en ése área en la Municipalidad de Rosario? Por ejemplo, las políticas de vivienda para sectores medios y medios bajo que no califican para el mercado privado de crédito pero que tampoco desean viviendas “sociales”, ¿donde están?
Históricamente los problemas de la administración rosarina se referían al ahogo de la provincia sobre el municipio. Por ello la queja sobre la coparticipación y la necesidad de la autonomía municipal. En este sentido incluso, el actual intendente llegó a plantear la idea de una consulta popular en el ámbito municipal. El eje de los problemas rosarinos siempre tenía que ver con aquello que los “otros” no le dejaban hacer o no le daban lo que le correspondía a la ciudad.
Esa otredad refería a los gobiernos justicialistas provinciales. Hoy, los problemas de Rosario son culpa de la administración “K” que, según Lifschitz, no ha sabido interpretar del todo el resultado del 28J. Sería bueno saber si su partido, que también cayó derrotado en la provincia el mismo día, a la misma hora y por el mismo “canal”, ha sabido interpretar el resultado y si con una foto (que no fue) con el sojero Carlos Reutemann alcanzaría para tapar el ridículo de esa noche aciaga, cuando negaron el reconocimiento de la derrota y de las horas posteriores, cuando el gobernador referenció a los capitalinos como víctimas del síndrome de Estocolmo.
Son muchos más los elementos para poner bajo cuestionamiento: la delegación de facultades del Concejo para que, un tiempo atrás el intendente aumentara el costo del boleto; el incremento pos elecciones de la tasa municipal; la necesidad de reabrir el diálogo por el Código Urbano tres meses después de haber logrado un supuesto consenso; el cierre nocturno de los centros de salud; la falta de obras públicas estratégicas en el mediano plazo con fondos propios; la falta de información clara y precisa sobre el funcionamiento del Banco Municipal y de la SEMTUR; pero la falta de espacio nos limita.
Será tiempo de discernir quien tiene una condena más pesada. Si nuestro primer mandatario local a quien las urnas del primero domingo de agosto parecen haberle enviado un claro mensaje o los rosarinos que (pareciera) no desean acostumbrarse a que algunos problemas jamás sean resueltos.
* Dpto. Análisis de Coyuntura
FUNIF Rosario
