
La cumbre del G20 realizada en Toronto avanzó hacia un pacto fiscal de los países para reducir los déficits a la mitad, en los próximos tres años. Los emergentes, exentos del achique, deberán flexibilizar monedas y mejorar gastos de infraestructura. No hubo grandes definiciones por las diferencias entre los líderes sobre cómo enfrentar la crisis. La regulación financiera y los cambios en el FMI fueron aplazados para la próxima cumbre de noviembre.
Los líderes de los países más desarrollados del G20, reunidos en la última jornada de la cumbre en Toronto, Canadá, avanzaron en un pacto para reducir a la mitad sus déficits en los próximos tres años, según un borrador del acuerdo final conocido a últimas horas del domingo.
Los países emergentes estarían exentos del compromiso pero deberán flexibilizar sus monedas y fortalecer gastos sociales y la inversión en infraestructura. En tanto, el debate sobre la reforma de la regulación financiera y posibles cambios en el Fondo Monetario Internacional fue aplazado para la próxima cumbre de noviembre, en Seúl.
El documento final apuntaba a que los mandatarios de los países ricos se comprometerían a tomar las medidas necesarias para estabilizar o reducir la deuda pública en 2016.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, volvió a advertir que los recortes presupuestarios rápidos y profundos podrían ralentizar la recuperación económica, lo que marcó una posición diferenciada del bloque europeo y en especial de la canciller alemana Angela Merkel.
Merkel adelantó que el pacto para reducir déficits sólo se aplicaría a las economías más desarrolladas, tras las protestas de los países emergentes, que aseguran que esos recortes podrían dañar a sus industrias, que dependen mayoritariamente de la exportación.
Los países ricos se comprometieron a reducir a la mitad el peso de sus déficits públicos en sus PIB (Producto Interno Bruto) de aquí a 2013 y a estabilizar o empezar a reducir la relación deuda pública/PIB de aquí a 2016. Merkel, se mostró satisfecha. “Eso significa que habrá que equilibrar las cuentas para enfrentarse a la deuda”, la canciller alemana.
El ministro de Finanzas de Brasil, Guido Mantegna, ya había ratificado el punto de vista crítico de las economías emergentes al decir que el objetivo de los países desarrollados de recortar el déficit y la prisa en la retirada de estímulos podría amenazar la recuperación económica mundial.
“En lugar de estimular el crecimiento prestan más atención a los ajustes fiscales, y si son exportadores, estarán haciendo su reforma a nuestra costa”, aseguró el ministro brasileño, en representación del presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, ausente de la cumbre por las inundaciones en Brasil.
Por ello, para lograr la estabilización de la economía mundial, mientras el compromiso de los países ricos iría hacia el recorte del gasto público para controlar la deuda y el déficit, el compromiso de los países emergentes se encaminaría hacia la búsqueda de crecimiento dentro de las fronteras nacionales.
“Nos comprometemos a adoptar acciones coordinadas para sostener el crecimiento, crear empleos y obtener un crecimiento más fuerte, sostenible y equilibrado”, señala el proyecto de declaración final. Ante las crecientes diferencias internas que amenazaban la cohesión de este naciente foro, los países optaron por una decisión salomónica: reducir los déficits y deudas públicas es importante, pero estimular el crecimiento con medidas propias también lo es.
Al mismo tiempo, los países emergentes con superávit deberán emprender reformas para flexibilizar sus monedas, fortalecer el gasto social e incrementar el gasto en infraestructura, un mensaje dirigido en especial a China.
Igualmente, esas reformas deberán ajustarse a las condiciones de cada país, que representan el motor del crecimiento mundial desde que la crisis derrumbó a las economías de Estados Unidos y Europa.
(Fuente: Télam/AFP/BBC)
