
Los dos hijos de Silvia Suppo, –la testigo de la causa Brusa asesinada en Rafaela–, fueron recibidos este viernes por el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. María y Andrés Destéfani concurrieron a la audiencia acompañados de los letrados del Ministerio de Justicia, Alberto Linares y María Lavezzari, para ratificar el respaldo oficial al pedido de que la causa de su madre sea tratada como un hecho de lesa humanidad y no como un delito penal común, como se lo procesa hasta el momento.
El juez que entiende en la causa es el de Instrucción Nro. 2, de segunda nominación, Alejandro Monagchi, quien está a punto de elevar la causa a juicio oral. Los hijos de Silvia Suppo presentaron una apelación en la Cámara de Apelaciones de Rafaela, Santa Fe, a cargo de Hugo D´Giovani.
Silvia Suppo fue asesinada de ocho puñaladas el 29 de marzo por dos jóvenes de Rafaela, que fueron apresados a las 48 horas del crimen y la causa fue caratulada como un crimen en circunstancias de robo.
Silvia había sido una de las principales testigos contra el ex juez Víctor Brussa, involucrado en hechos de lesa humanidad durante la última dictadura, y estaba a punto de declarar en otra causa por el secuestro y desaparición de su esposo Jorge Destéfani, y de Reinaldo Hattemer. Ambos continúan desaparecidos.
La mujer también fue detenida junto a los dos hombres, fue violada, quedó embarazada y obligada a abortar, según recuerdan sus hijos.
"Cuando la sacan para que aborte, pudo ver a los que luego acusa de haber participado en la desaparición de Reinaldo, que fue un novio, y también de nuestro padre", relató María Destéfani.
Andres contó que "los asesinos de mi madre dicen que la arrastraron por el negocio tras el apuñalamiento. Sin embargo, no hay rastros de sangre, ni huellas de los delincuentes".
La policía de Santa Fe, del distrito de Rafaela, capturó a los asesinos sólo dos días más tarde, sin que hasta el momento haya quedado claro cómo fue que supieron que eran ellos los autores del delito.
Rodrigo Sosa (18 años) y Rodolfo Cóceres (21) huyeron tras el crimen a la ciudad bonaerense de Junín. La salida de Rafaela quedó registrada por el sistema de video de la terminal de colectivos, cuya copia está en el expediente y tiene fuerza legal.
Unos días más tarde, la madre de Sosa dijo a un diario local que "mi hijo es el asesino y lo hizo por una cuestión común", declaración que sorprendió por el interés en subrayar que era un robo corriente.
Los asesinos dijeron ante el juez que ellos se sorprendieron cuando por televisión vieron en Junín que Silvia era una persona importante por su calidad de testigo de hechos de derechos humanos. La policía de Rafaela, que había capturado a los asesinos en sólo dos días, cerró el caso y, sin vacilar, lo caratuló como "asesinato en circunstancia de robo".
Los investigadores policiales no encontraron huellas dactilares de los asesinos, actuaron con extrema rapidez y no les importó que la fiscal Cristina Fortunato estuviera ausente durante la obtención de pruebas.
Todas estas circunstancias abren la sospecha de los hijos acerca de que en el crímen de su madre hubo una motivación que no fue la del simple robo, señalaron María y Andrés en diálogo con Télam.
"No descartamos tampoco que pudiera ser un crímen por venganza", agregó Andrés.
Silvia Suppo acusó ante la Justicia del secuestro y desaparición de Destéfani, de Hattemar y de su propio sufrimiento al jefe de la policía santasina Oviedo, a los agentes Hoffman, Bravo y a Italo Falchini.
También señaló al, por entonces, miembro de personal civil de inteligencia Miglietto. El caso del asesinato de Supo tuvo una repercusión nacional importante, razón por la cual la presidenta Cristina Fernández de Kirchner recibió a los hijos a los pocos días del hecho junto al jefe de Gabinete.
La Secretaría de Derechos Humanos se presentó en el juzgado del juez Monagchi para actuar como querellante, pero el magistrado rechazó la petición, decisión que no registra antecedentes en el país.
(Télam).
