
Los tres años del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner deben verse a la luz del proceso que se inició el 25 de mayo de 2003, pero ya en el plano de la profundización y el avance contra el modelo neoliberal que se derrumbó en diciembre de 2001.
La decisión política de poner fin a una etapa la tuvo Néstor Kirchner y se plasmó -entre otras medidas- en un hito fundamental como lo fue la derrota del ALCA en la Cumbre de las Américas realizada en Mar del Plata.
Esto es, si el ALCA hubiera avanzado como pretendía George Bush, hoy el país y gran parte de América latina estarían pagando las consecuencias de la crisis económica mundial que afecta a los Estados Unidos y Europa.
La profundización del modelo, entonces, tiene su base política y económica en esa primera etapa.
Ya en el gobierno, la Presidenta puso en marcha la institucionalización del modelo desarmando el andamiaje neoliberal de los 90.
Este avance, como es lógico, encontró profundas resistencias en los sectores concentrados de la economía y la producción. El principal se registró en la "rebelión sojera" contra la resolución 125, que alentó a distintos sectores de la derecha a proponer la destitución del gobierno.
Sin embargo, para sorpresa de muchos analistas, la iniciativa no prosperó porque las bases del modelo -en lo social y político- estaban asentadas.
De lo contrario, no podría explicarse que un gobierno salga fortalecido de derrotas como la que sufrió ante la 125 y en las elecciones legislativas de junio de 2009.
Sobre esta base del modelo se fueron sucediendo las medidas: Nacionalización de los fondos jubilatorios; movilidad para los haberes de los jubilados -que vino a sumarse a la incorporación de más de dos millones de personas al sistema que no habían logrado jubilarse- y nacionalización de Aerolíneas Argentinas, para recuperar la aerolínea de bandera que en manos privadas estuvo a punto de desaparecer.
Además, implementó la Asignación Universal por Hijo, que alcanza a más 3 millones quinientos mil chicos de hasta 18 años, los que para acceder al beneficio deben cumplir con el calendario de escolaridad y el régimen de vacunación, creando así una verdadera política de inclusión.
Mientras se avanzó en los juicios a los represores de la dictadura, se abrió otro frente de resistencia desde los sectores mediáticos concentrados ante la aprobación de la ley de medios que hoy debe sortear distintos obstáculos judiciales para que pueda ser efectivizada.
Otro cambio cultural y político profundo fue la ley de matrimonio igualitario que comenzó a erradicar prejuicios sociales basados en convicciones ideológicas y religiosas muy arraigadas y estableció derechos fundamentales para un sector de la sociedad.
A tres años de la asunción de Cristina, entonces, se puede decir que la columna vertebral del neoliberalismo fue quebrada y que los intentos de restauración que puedan intentarse en el futuro seguramente encontrarán una fuerte resistencia.
