
Binner aseveró que el comienzo de las obras del Puerto de la Música depende de una decisión presidencial: “No tengo dudas de que una orden de la presidenta destrabaría la situación”, afirmó este lunes, desentendiéndose una vez más del conflicto.
Teniendo a mano a la destinataria de sus dichos, el mandatario provincial prefirió en su lugar expresarle a la prensa el motivo –según su parecer– por el cual no se destraba el conflicto en el puerto rosarino.
"No hay razón para que detengamos una obra que le cambiaría la cara a Rosario. Está todo listo pero hay una situación incomprensible con un sindicato que se opone sin ningún fundamento. No tengo dudas de que una orden de la presidenta destrabaría inmediatamente la situación. Por eso, si nos ayuda sería muy bueno”, señaló el gobernador.
“Acá no hay un problema de dinero, es un problema que debe resolverse hablando”, agregó Binner en un arranque de verborragia inesperada para quien se mantuvo callado, por voluntad propia, durante todo el acto, y que si hubo de referirse alguna vez al asunto del puerto, nunca lo hizo asumiendo su capacidad para alcanzar una solución: “El conflicto laboral no es nuestro, sino de la empresa Vicentín que debe resolverlo” había expresado en una ocasión anterior.
A fines de abril, el principal impulsor del proyecto del Puerto de la Música sostuvo también que la solución estaba en manos de la empresa Terminal Puerto Rosario: “Es un conflicto eminentemente laboral y se solucionará si la empresa pasa a planta permanente a sus trabajadores”, afirmó entonces.
Pero este lunes, afectado quizá por los celos de un público que vivaba por la presidencialidad de Cristina y no por la suya, insistió en que la salida al problema del puerto no depende de él, sino de ella, de la que acaparó toda la atención de los festejos por la enseña patria.
El gobernador santafesino ya había solicitado la intervención del gobierno nacional en el conflicto, siempre a través de los medios de comunicación, nunca por los medios oficiales formales. Y en lugar de aproximar desde su rol de comando una posibilidad de acuerdo, termina embarrando el camino con declaraciones poco atinadas como las que hiciera este lunes: “Hay una situación incomprensible con un sindicato que se opone sin ningún fundamento”, o “No hay razón para que detengamos una obra que le cambiaría la cara a Rosario”, ninguneando los más de 350 puestos de trabajo rosarinos que están en juego.
En tanto, los trabajadores que mantienen la toma en la sede del Enapro y los muelles de la zona destinada a albergar el monumental Puerto de la Música repudiarion este martes la lavada de manos del gobernador: “Es muy fácil tirarle la pelota a Cristina”, sostuvo el representante de los portuarios, César Aybar, en declaraciones radiales, “hace más de un mes que tomamos el muelle y el ente y estamos a la espera de que el gobierno provincial conteste las propuestas que hicimos”.
Sobre los dichos que apuntan a él, el silencio de Binner es rotundo, igual que durante la jornada ceremonial de este lunes, temeroso –según sus partidarios– de la “hostilidad” mayoritariamente “kirchnerista” del público, el mismo silencio que mantuvo teniendo la oportunidad de manifestarle su convicción directamente a la Presidenta, luego de tenerla a su lado a lo largo de todo el acto, o al recibirla en el aeropuerto de Fisherton, o durante el viaje hacia el Monumento.
