Trimarco sostuvo la connivencia policial y judicial con las redes de trata.
Trimarco sostuvo la connivencia policial y judicial con las redes de trata.

“Y yo me voy a empecinar en buscarla”, concluyó Susana Trimarco quién prestó declaración. Pese a las constantes interrupciones de los acusados, relató las duras peripecias de las jóvenes que estaban cautivas en los prostíbulos. Varias de ellas dijeron haber conocido a Marita Verón.

Con una puñalada en la espalda, siete puntos detrás de la oreja, el pelo teñido, un niño en brazos y los ojos, que aunque ocultos por lentes de contacto de otro color, denotan una profunda y desgarradora tristeza. Así describen a Marita Verón las jóvenes que la vieron en los prostíbulos de La Rioja. Su mamá fue recogiendo los datos que completan esa imagen mientras la buscaba y encontraba, en cambio, otras chicas a quienes abrió la primera puerta de salida después de años de esclavitud sexual.

Son estos testimonios los que sostienen su esperanza. Le llueven, no obstante, mensajes y pistas que ella cree falsas indicando lugares donde podría estar enterrada. “Me están torturando”, aseveró Trimarco. “Así como me torturan con mensajes de texto y mails que dicen que tienen la bombachita de mi hija y no se cuántas cosas más. Pero hasta que no la vea muerta la voy a buscar viva. Yo les dije muchas veces que la entreguen, que la dejen en el monte, en cualquier lado, que yo la busco y me voy con mi nieta y se acaba todo. Pero se empecinaron con mi hija y no sé por qué. Y yo me voy a empecinar en buscarla”, ratificó tajante.

Con calma, la mamá de Marita, fue contando frente al Tribunal, lo que a su vez le habían relatado a ella las jóvenes al final de distintos allanamientos, en los períodos en que las víctimas se recuperaban en su casa.

La narración de los sucesos, no estuvo excenta de interrupciones y atropellos por parte de los acusados mismos. Los mellizos Gómez particularmente, se paraban cada tanto para golpearse el pecho con los ojos vidriosos, llenos de lágrimas. Pero lágrimas de cocodrilo, a las cuales Trimarco no les prestó atención: “Ahora son todos Jesús, María y José”, remarcó irónica.

Anahí

Anahí Manassero viajó en ropa interior desde La Rioja a Tucumán, cubierta con la campera de Daniel Verón, el padre de Marita.

Susana Trimarco explicó: “La llevamos porque ella nos pidió por favor, no quería quedarse con la policía porque decía que la iban a devolver a los proxenetas y nadie la protegía porque ya tenía 23 años”.

Y continuó: “Tenía su ojito amoratado y un hematoma sobre la cadera; estaba muy flaquita. Le tomó un tiempo empezar a hablar porque estaba aterrada. La llevé al médico, la esperé y cuando pudo me dijo que estaba encerrada en la whiskería de los Gómez. Que al principio el Chenga la había agarrado a patadas porque no se quería prostituir, que tenía que devolver la plata que habían pagado por ella pero que aun cuando ya la había pagado le ponían multas por cualquier cosa y nunca terminaba de pagar. Anahí fue la primera que me dio seguridad de que había visto a Marita. Porque se acordaba de un detalle que no podía inventar: mi hija tenía unas zapatillas con unos parchecitos de gamuza fucsia. Ella las había descartado porque estaban rotas en las puntas y yo le había hecho poner los parches con mi zapatero para que ella tuviera algo cómodo que ponerse en mi casa. Marita vio esas zapatillas arregladas por primera vez el día que desapareció, la chica no podía ser adivina.”

Anahí también sabía que Marita había hecho el secundario en una escuela religiosa: “Mi hija la consoló porque la Liliana Medina hacía rituales satánicos y a ella le daban mucho miedo, la invitó a que rezaran juntas para que se le pase. Hasta me habló de unos lunares claritos que Marita tiene en el codo igual que mi nieta Micaela”.

Anahí le dijo a Susana una frase que escucharía de otras mujeres, algo que repetía Marita como si quisiera separarse de todo eso que la rodeaba: “Yo no soy del ambiente. Todas las que me hablaron de mi hija pusieron esas palabras en su boca, ella decía siempre lo mismo porque era verdad. Y aunque hubiera sido prostituta como me decían algunos, como me decía la señora Rivero o el policía federal Lescano que me dijo que mi hija estaba como prostituta en Salta y no quería volver, solamente para así alejarme de La Rioja; aunque hubiera sido prostituta no tenían derecho a tenerla encerrada, contra su voluntad”.

La historia de Anahí, en la voz de Trimarco fue de los primeros testimonios que confirmaron el destino de Marita entre fines de 2002 y principios de 2003.

Pero también corroboró otra cosa, mucho más escalofriante: la complicidad policial y judicial con las redes de trata. “Anahí también me dijo que la misma tarde del día que la rescatamos fue un policía al burdel de la Medina, le decían Pájaro Rosa porque su apellido era Rosa, y sacó a las menores y a mi hija y se las llevó a su casa en Chamical. El padre de este sinvergüenza era proxeneta, el hermano tenía causas por drogas acá en Tucumán. Ahora por suerte Dios nos libró de este atorrante porque se ha muerto.”

Andreíta

Así la llamó cariñosamente Trimarco. Se trata de Andrea Romero, una jóven de 15 años que pasó unos meses cautiva hasta que la mamá de Marita, en uno de los tantos allanamientos efectuados en La Rioja, la pudo rescatar.

Andreíta había emprendido un viaje de mochilera con una amiga, Miriam Celaya. Era una chica instruida, que sabía inglés y poseía un carácter fuerte. La llevaron engañada a La Rioja. Estuvo en El Desafío, burdel del Chenga (uno de los hermanos Gómez), donde la golpearon ferozmente y violaron repetidas veces. Otro de los mellizos, Gónzalo Gómez, apodado Chenguita, abusó sexualmente de ella para obligarla a trabajar, pero como ella continuaba haciendo escándalo, la siguieron golpeando.

Cuando vió a Marita por primera vez, ella estaba recuperándose de una golpiza y María de los Ángeles llevaba un niño en brazos. Marita estaba triste aunque la tenían bien vestida y maquillada. Sólo pudo hablar con ella una vez al cruzarse en el baño, donde le habría explicado que “ella no era del ambiente, que le habían puesto los pupilent azules pero que ése no era su color, que Chenga la había violado para obligarla a cumplir con los pases y que él la había embarazado y por eso tenía un hijo con él. Era una doña”.

Trimarco explicó entonces el significado de doña. Doña es tener “marido”, o sea, dueño. Como diera la casualidad que el “dueño” de Marita también lo era del lugar, ello suponía que ella tuviera una cierta jerarquía; es decir, un lugar en la organización del prostíbulo.

Andrea Romero habló con Trimarco en Buenos Aires. Es que la mamá de Marita no había estado presente en ese allanamiento y Andrea había hecho un pacto con la joven todavía desaparecida: la primera que saliera buscaría a la madre de la otra. Y Andreíta buscó a Susana; en una confitería con un policía y la propia Micaela de testigo dijo que Marita le aconsejó que haga lo que le decían, que lo importante era sobrevivir, que ahí dentro ya habían matado a una chica brasileña.

“Mi hija le mostró a esa niña una cicatriz que tenía en la espalda de una puñalada y siete puntos que le habían cosido atrás de la oreja. Le dijo que no quería a ese niño; en realidad dijo ‘este pendejo’ porque era el producto de las violaciones”, contó Trimarco.

Esos consejos de sobreviviente le sirvieron a la adolescente durante los meses que estuvo cautiva. Aunque cuando salió decía que “apenas podía tocarse el cuerpo cuando se bañaba”; pero puedo volver a su casa, a su vida.

“Andreíta me pidió que busquemos a su amiga, Miriam Celaya, que había quedado ahí porque la habían trasladado a otro prostíbulo en Chilecito. Pero a Miriam no la pudimos sacar enseguida, ella estuvo cuatro años esclavizada”, dijo Trimarco al Tribunal.

Fátima

Fátima Mansilla será la primera de las chicas que estuvieron en situación de trata en declarar en el juicio por la desaparición de Marita Verón. No obstante, Susana Trimarco ya adelantó parte de lo que podría decir: ella es la que vio a María de los Ángeles en casa de Daniela Milheim y, según Trimarco, escuchó cuando se definía su traslado a La Rioja.

Fátima tenía que realizar tareas domésticas en lo de Milheim, “pero la amenaza constante era que la iban a llevar a Río Gallegos si no hacía todo lo que le pedían. Por eso una vez que la dejaron volver a su casa, ella se negó a volver y entonces la Milheim y su hermano Pablo la fueron a buscar y la llevaron a la fuerza, la metieron en un auto y se la llevaron y ya no la dejaron salir más. Por eso su mamá me vino a ver porque me había visto en los medios pidiendo por mi hija; yo le dije que trabaje conmigo por nuestras hijas. Fátima pudo salir porque la madre de Milheim la ayudó después de que vio que su hija le pegaba muy mucho. Nosotras la llevamos a que denunciara a la fiscalía de (Eduardo) Baaclini; pero ahí nos cruzábamos con esta gente y una vez me tuve que poner delante de ella con mi nieta en brazos para que no le pegaran. Nos trataban de putas, me decían que vaya a buscar a la puta de mi hija en los prostíbulos porque eso era lo que Marita quería hacer. La señora Rivero y Milheim eran las que nos maltrataban; ahora, si tanto sabían dónde estaba mi hija ¿por qué no me lo decían?”, rememoró indignada.

Por su parte, uno de los jueces no podía creer que ello haya sucedido allí mismo, en Tribunales; pero Trimarcó lo ratificó: “Acá en el primer piso”.

Fátima Mansilla es una voz clave para establecer el vínculo entre los supuestos secuestradores, que Trimarco aduce con seguridad, están ligados a una flota de remises llamada Cinco Estrellas, y la red de La Rioja. Pero también Andrea Romero asegura que fueron los Ale quienes organizaron ese traslado. “Andreíta les decía ‘los Alé’, porque no es tucumana y no los conoce, son los Ale, sin acento”, corrigió.

Andrea

Andrea Darrosa fue rescatada del prostíbulo de Liliana Medina, Candilejas, aunque capturada por segunda vez. Su historia le da a Susana Trimarco una esperanza cierta de encontrar viva a su hija.

“A ella la encontramos cuando fuimos a allanar los prostíbulos de Raúl Pierri, otro atorrante que cuando empezamos a ir a La Rioja venía a verme al hotel y me decía que sabía que a Marita la tenía la Medina, que él tenía chicas, pero que estaban todas por su propia voluntad. Otro santito que después resultó que tenía a Andrea Darrosa. Yo me la llevé a mi casa para que pueda buscar a su familia porque esa chica hacía ocho años que estaba cautiva, no sabía cómo comunicarse con sus padres que vivían en Misiones, en la frontera con Brasil, el padre hablaba más portugués que castellano. La carita de Andrea estaba en los sachets de leche de Brasil, como parte de una campaña para buscar niños y niñas desaparecidos, porque como estaban tan cerca creían que la habían llevado para allá. A ella la secuestraron el Chenga, Luna, una Sandra Smith y me falta otro que no me acuerdo. Andrea tenía problemas pulmonares por una costilla rota por los golpes y un balazo en la pierna de una vez que la Medina le dijo que si se quería ir que corriera y cuando corrió, le dispararon. Ella también la vió a Marita, la Medina le ordenó que le haga café porque era la mujer de su hijo, el Chenga. Fue muy emocionante cuando, a través de Gendarmería, pudo hablar con su padre, porque ella ya creía que había perdido todo y que no había a quien pedir auxilio”, contó Trimarco.

Y concluyó emocionada: “Andrea, cuando Gendarmería la llevó a su pueblo, se me colgó del cuello y me dijo que busque a mi hija porque si ella estuvo ocho años ahí adentro, mi hija tenía que estar viva.”

Paradero incierto

"Una de las posibilidades es que, a raíz de la búsqueda de Susana, a Marita la hayan vendido a España", comentó José Dantona, uno de los abogados de Trimarco. El abogado explicó que "una de las testigos dice que cuando Liliana Medina la obligaba a tener sexo con ella, además de prostituirse, en una oportunidad estaban mirando televisión y cuando aparecieron los padres de Marita buscándola empezó a reirse y decir que Marita ya estaba en España".

"Chenga Gómez es hijo de Liliana Medina, la principal proxeneta de La Rioja, ellos quieren vender que en algún momento eran propietarios de los inmuebles y que arrendaban a otra gente el fondo de comercio. Pero son los dueños, son los que regenteaban y golpeaban a las mujeres", afirmó Dantona.

Para el letrado, el avance de la causa "depende pura y exclusivamente de la Cámara, porque nosotros podemos llegar a pedir investigaciones en contra del ex-gobernador de Tucumán y de Mazza, el ex-gobernador de La Rioja".

Dantona remarcó que "Susana no habla simplemente desde el dolor de madre, sino también desde la lucha incansable que ha tenido estos años en la Policía, en la Justicia, en La Rioja y en los prostíbulos, disfrazada y corriendo peligro".

Fuentes: Télam y Página 12. 
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