
“Debido a la sensibilidad del tema, esta nota está cerrada a comentarios”, se lee en La Nación la justificación de no publicar opiniones de los lectores a la información posteada sobre la salud de la Presidenta. En Clarín, “la sensibilidad del tema” es otra y comentarios hay. Y entre las expresiones de odio propias de todos los días contra “la yegua”, o “la vieja puta”, apenas un poco más exacerbadas por el deseo de muerte inminente, se destacan las denuncias de que sólo se trata de otra mentira, de una supuesta maniobra más del kirchnerismo: “enfermar” a Cristina para “provocar lástima” y mejorar sus chances electorales, y así seguir avanzando en eso de “perpetuarse en el poder”. ¿Cómo el Feinman bueno no escribió todavía un ensayo sobre la locura política en la Argentina?
En las huestes kirchneristas todavía absortas por la novedad no caería mal que la cosa sea así como la cuentan los comentaristas de las notas de Clarín. Que sea todo mentira, que la Presidenta en realidad no tenga nada y de acá a apenas un mes, remontada electoral mediante, se pueda incluso reinstalar la reforma de la Constitución y haya Cristina para rato. Ojalá todo fuera mentira, rumian kirchneristas varios durante este primer domingo de vera primavera, en las primeras horas pos noticia inesperada. Pero no, la cosa no pinta de mentira a ese nivel. Aún presuponiendo el peor de los maquiavelismos, no se encuentra la ventaja en sacrificar la Dama cuando más se la necesita en el ajedrez electoral, en tanto un capítulo clave de la lucha permanente por las cuotas de poder real, en las que tampoco tiene sentido correr a Cristina de la escena justo cuando retomaba la iniciativa con mucha fuerza. En esas lides, en la política real, no valen como premisas los análisis del tipo Mirta Legrand preguntando “¿Pero el cajón no es demasiado chico para el cuerpo de Néstor?”.
Tampoco vale, claro está, suponer que en la dirección del espacio que gobierna el país desde el 2003 no se haya delineado un perfil de acción política a seguir ante la nueva coyuntura, con las dificultades que implica y con las oportunidades que ofrece toda crisis, permítase por favor este inevitable lugar común. Habrá que ver qué haga el gobierno, qué se baje a la dirigencia y la militancia del movimiento político por lejos más grande del país, qué se procese y reelabore en esas masas volcadas cotidianamente a la política. Y habrá que prestar mucha atención también a cómo se reacciona frente a los avatares de la salud de Cristina extramuros de la política. Porque seguro que el miedo gorila a que la “enfermedad” reavive adhesiones no es zonzo. Bien puede pasar que buena parte del pueblo argentino que no vive atravesado por la política vuelva sus ojos sobre ella a partir de lo que le pasa a Cristina, y revalúe si con Néstor y con ella les fue mejor o peor que con los que estaban antes y ahora quieren volver. No vaya a ser que la loca profecía se les cumpla.
