
Las cuatro jornadas de elecciones que se celebraron en 28 países del Viejo Continente –desde el jueves 22 de mayo pasado con el puntapié inicial del Reino Unido y el cierre del domingo 25 en España–, trajo como resultado lo que muchos esperaban y tantos otros temían: el avance de la ultraderecha y el euroescepticismo en el Parlamento Europeo donde ahora, pasada la locura de los comicios, se disputa otra pelea, la presidencia de la Comisión Europea. Quienes tienen las de ganar, son los de siempre. Es el neoliberalismo que no decide qué vestido ponerse, si el centroderecha-style o el look socialdemócrata.
En la esquina de los presidenciables están Jean Claude Junker, del Partido Popular Europeo (PPE), que no ocultó sus ganas de reeditar la coalición con el Partido Socialista Europeo (PSE), el cual, por su parte, impulsaba el nombre del alemán Martin Schulz.
Y es que el PPE fue el gran vencedor –o perdedor, según los ojos con que se mire– con 211 escaños ganados sobre 751 en juego. Se convirtió así en la primera fuerza, aunque es verdad que perdió 63 bancas. Por detrás se ubicó la Alianza de los Socialistas y Demócratas europeos (S&D), con 193 escaños.
Sin embargo, buena parte de los líderes europeos no se siente a gusto con la figura de ninguno de los dos. Buscan alguien menos afín a la eurozona. Los primeros ministros de Inglaterra, David Cameron; de Hungría, Viktor Orban, algunos representantes de los países nórdicos y hasta la propia premier de Alemania, Ángela Merkel, han insinuado que la designación de Junker no sería automática. Tienen hasta seis meses para decidirse. Se trata de una designación que determinará las políticas comunitarias en cuestiones que van desde el control de fronteras y la inmigración hasta acuerdos de libre comercio con otros países o bloques regionales, entre otras.
A un océano de distancia ¿Cómo afectará esto a América latina?
“Si se reedita la gran coalición de la socialdemocracia con los populares, populares que en realidad aplican medidas de derecha y liberales, dudo que cambien las políticas con América latina. Con los Verdes, hemos denunciado los acuerdos de libre comercio abusivos que tiene la Unión Europea y que no contempla temas de derechos humanos, sobre todo con Colombia y Perú. Queremos que la UE tenga otro perfil comercial, menos lucrativo y extractivista con los países latinoamericanos y más justo”, opinó, consultada por este semanario, Delfina Rossi, referente de la Juventud Verde y ahora ex candidata a eurodiputada por la Izquierda Plural.
Delfina, rosarina de cuna, es la hija del ministro de Defensa Agustín Rossi y hace más de 12 años que vive y milita en Barcelona.
Las campañas, las elecciones y la rosca no son bichos raros para ella, sino parte de su mundo. Ese que conoce desde pequeña y desde el que comenzó a participar activamente, primero en el centro de estudiantes del Superior de Comercio y más tarde con los Verdes. Actualmente asesora al eurodiputado catalán Rául Romeva en temas económicos y de género, su fuerte.
A su entender, entonces, los resultados del superdomingo fueron “alarmantes” ante el avance de la derecha y la confirmación de los partidos proeuropeos tradicionales que fueron los que, en realidad, retuvieron la mayor cantidad de lugares; pero por otro lado rescató el incremento de la participación en las urnas, por lo menos en Cataluña, donde con el 47,77 por ciento, subió diez puntos porcentuales la cantidad de votantes respecto de 2009.
Aunque los números son aún bajos, y para Delfina esto da cuenta de la “desesperanza” de muchos españoles a quienes el ajuste disfrazado de crisis los tiene a mal traer, habla también de la toma de conciencia de los ciudadanos que quieren recuperarse.
En tal sentido, Rossi indicó que es necesario abrir un proceso reconstituyente en el PE y profundizar la participación política empantanada en una crisis de representación nunca vista.
En definitiva, “refundar Europa y recuperar el sueño europeo”.
Delfina tiene 25 años y más de la mitad de su vida la pasó en Barcelona. Como su viejo, es una apasionada de la política y en esta campaña que pasó, como no podía ser de otra manera, siguió un consejo familiar. “Fue de mi tío Alejandro (ex diputado nacional del Frente para la Victoria), pero al que mi papá también suscribe: disfrutar la campaña”, confió. Y disfrutó. Y aprendió.
“En una campaña siempre se ganan músculos, organización y experiencia”, repitió la joven la consigna aprendida, tal vez en la mesa dominguera.
Licenciada y máster en Economía, su próximo paso es seguir estudiando. Esta vez, en Estados Unidos, donde llevará adelante una nueva maestría en Asuntos Públicos, en la Universidad de Austin, lo que la alejará un tiempo más de su ciudad natal pero no de la política.
“Hago política allí donde viva porque entiendo que hay luchas que son globales. Viví en Italia un año y tres en Bélgica y en cada lugar creamos una agrupación local de nuestro partido. Nosotros trabajamos por la igualdad entre hombres y mujeres, la no discriminación, la lucha contra el cambio climático, la justicia social, la redistribución de la riqueza”, explicó.
Publicada en El Eslabón nº 145.
