“El 30 de junio de 1815, al otro día de comenzado el Congreso en Concepción, desde la actual Concepción del Uruguay, Artigas escribe al Cabildo de Montevideo: «Ansioso de la concordia general, llamé a los pueblos por medio de sus diputados para formalizar cualquier medida competente a su ulterior felicidad. No pudimos acordar con los diputados de Buenos Aires los principios que debían fijarla, en cuya virtud se retiraron sin haber cumplido el ajuste preciso»”, indica Leonardo Rodríguez Maglio, autor del libro “La filosofía popular y regeneradora de José Artigas.
El licenciado en Filosofía e investigador de los documentos de don José, señala que en esa carta, Artigas remarca que el objetivo de la reunión del 29 de junio “fue formalizar un acuerdo político constitucional entre las provincias de la Liga y la provincia de Buenos Aires, «para su ulterior felicidad »”.
Pero “el acuerdo fracasó en ese momento, y la única resolución que hubo al respecto fue enviar cuatro diputados a Buenos Aires para intentar nuevamente lograr las bases de ese acuerdo”, resalta.
Por ello, sostiene el investigador que “algo para rescatar de ese Congreso, de acuerdo a los documentos que he visto, son cuatro hechos: Primero, la concordia general y la unión entre las provincias, manteniendo la libertad y soberanía consiguiente de cada una con respecto a las demás”. También es importante que el diputado por Santa Fe, Pascual Diez de Andino concurriera al Congreso con una copia de las Instrucciones del año XIII, de la Provincia Oriental, con todo lo que eso significaba”.
Además, resalta que “Artigas ordenara a Andresito y obtuviera que mande cada pueblo su diputado indio al arroyo de la China, haciendo realidad la inclusión social y política de los indios en su proyecto de nación sudamericana. Por último, también Rodríguez Maglio sostiene que “por primera vez se reunieran en Congreso, las provincias del Río de la Plata que previamente se habían declarado libres e independientes”.
Un año de rebeliones
“En aquel año de 1815 –apunta Rodríguez Maglio–, hubo muchos hechos relevantes que cumplen su bicentenario: las declaraciones de independencia sucesivas, izamientos y jura de las banderas que la simbolizaban, hechas a iniciativa de Artigas por las provincias que integraban la Liga, luego de la primera hecha por él para la Provincia Oriental, el 13 de enero de 1815”.
“También se produjo la entrada triunfal de las fuerzas artiguistas a Montevideo, la afirmación de la república, la democracia, la inclusión social y política de los indios y la soberanía particular de los pueblos, llevadas como ideas centrales a la reunión del Congreso de Oriente. Es importante la presencia de diputados indios, elegidos y enviados por sus pueblos, la promulgación posterior del reglamento de aduanas y el reglamento de tierras, el inicio de la educación pública por parte del estado (por lo menos en la Provincia Oriental)”, enumera el historiador.
“Debemos considerar que la independencia de la Patria por la que peleaba Artigas, era la de toda América del Sur, no sólo la de la Provincia Oriental, o de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Por eso ordenaba celebrar en todas las provincias de la Liga «el triunfo que habían obtenido las armas de la Patria» en Chile, por ejemplo. Tenía claro que ningún país sudamericano (y así llamaba a cada una de las provincias de Sud América), peleando solo, contra España o contra las otras potencias europeas, podría alcanzar la independencia por sí y para sí. Esa era una tarea que requería del esfuerzo colectivo y simultáneo de toda esa nación sudamericana inclusiva (todos los nacidos en ella), e inconclusa, que él quiso construir, y que todavía tenemos como materia pendiente”, advierte Rodríguez Maglio.
“Eso no quiere decir que él no quisiera la libertad e independencia republicana y democrática de cada uno de los países-provincias por separado (incluida la suya, la Provincia Oriental). Sí, la quería en forma absoluta y separada, y así se expresa en las Instrucciones del año XIII. Allí pedirá « la declaración de la independencia absoluta de estas colonias ». Por eso el 4 de febrero de 1815 ordenó que cada una de las provincias de la Liga la declarara por sí misma, para diferenciarse del gobierno de Buenos Aires, que no lo hacía. Y, le decía a Andresito (13 marzo de 1815), acerca del «goce de los derechos» de cada pueblo para que se de gobierno por sí, sin que ningún otro, español, portugués o cualquiera de otra provincia, se atreva a gobernar »”, cita el investigador.
Y afirmaba también Artigas: “Los pueblos deben ser libres. Seamos libres y seremos
felices”. Además, el investigador uruguayo recuerda que “como establecía un orden para su justicia social, primero los más infelices, también tenía prioridades para sus ideas políticas; él primero quería pueblos libres, e iguales a otros pueblos en esa libertad, luego de eso, entonces sí, unidos todos en una sola y misma Patria y en una sola y misma Nación, sin perder cada pueblo su propia soberanía particular. Tal era su fórmula: primero libres, luego unidos. Por eso desde Buenos Aires lo acusaban de ser «líder de los anarquistas »”.
Sucede que “para la visión centralista de los porteños, heredada del antiguo régimen, defender la soberanía particular de los pueblos, la igualdad de esos pueblos entre sí, y la libertad de cada uno respecto a los demás, era sinónimo de anarquía”, admite.
Contra la mezquindad
Pero además hay que tener en cuenta otro elemento, explica el historiador. “Si bien su lucha más visible era de americanos del sur contra europeos, su pelea más profunda (su para qué final), era moral y filosófico”, describe Rodríguez Maglio y amplía: “Esa lucha abarcaba a toda la especie humana y no era sólo de hombres contra hombres, sino que libraba sus batallas por la regeneración también dentro de cada uno. Ideas contra ideas, la razón contra las pasiones, la magnanimidad contra la mezquindad, las virtudes contra los vicios”.
“No tiene mucho sentido centrarse en la celebración exclusiva de determinados hechos políticos o económico-sociales, que en realidad eran sólo medios (la independencia y la unión de los pueblos son medios, el reglamento de tierras también), si nos olvidamos de aquella lucha que él llevaba al interior de cada persona para la mejora del ser humano como especie. «Enseñemos a los paisanos a ser virtuosos », decía Artigas); o si prescindimos del objetivo filosófico que le dio sentido comunitario y vital a su pensamiento político y económico: lo que él llamaba el « mejor fin, la pública felicidad »”, concluye Rodríguez Maglio.

