Foto: Franco Trovato Fuoco
Foto: Franco Trovato Fuoco

El cantante de Cielo Razzo (canaya) y el tecladista de Degradé (leproso), extrañan los tiempos en que los hinchas visitantes podían asistir a la cancha y repudian lo violento que se volvió el fútbol.

En la previa del partido que divide a la ciudad en dos, los artistas rosarinos Pablo Pino y Emiliano Cattáneo se prendieron en un imperdible mano a mano, con el eslabón como testigo privilegiado. “Lo desagradable y desgraciado del fútbol es la violencia que genera, y esto de que no haya visitantes es terrible porque le hace mal al fútbol y le saca lo más emocionante de la competencia: tener enfrente al rival”, reclama el vocalista de Cielo Razzo, y agrega: “No sé porqué se llegó a esto, pero creo que es natural que haya pasado. Son lamentables consecuencias y ahora hay que bancarla y cambiar cosas para que vuelva todo a su estado natural”.

Por su parte, el tecladista que también contribuye con coros y se le anima al acordeón en Degradé, coincide y aporta lo suyo. “Creo que se llegó a esto por la forma de resolver las cosas que tenemos, que va más allá del fútbol, que es cortar por lo más sano y resolver los problemas del modo políticamente más simple”, señala, y argumenta: “No se juega el partido de reserva porque no pueden sostener un operativo ni garantizar la seguridad del colectivo que lleva a los pibes. ¿Nadie se pone a pensar que esos pibes van a llegar a Primera sin haber jugado un clásico con gente porque las reservas no se juegan más? Para mí es muy difícil que vuelvan los visitantes a la cancha porque nadie se va a hacer cargo de la decisión política”.

Folclore en las tribunas
Añorando los tiempos en que las gradas se teñían no sólo con los colores del dueño de casa sino también con los de su eterno rival, Cattáneo rememora las andanzas de antaño rumbo al Gigante de Arroyito. “Estaba buenísimo. Arrancábamos desde el centro temprano, en bondi, después íbamos caminando por Avellaneda y, aunque a veces te comías palos o te ponías con un caballo ojo con ojo, estabas ahí”, señala el músico de corazón rojinegro. “Para mí, el fútbol debería ser un resultado y punto. Y cuando termina, si los jugadores le quieren mostrar el culo a la tribuna, bueno, que se la banquen los que perdieron porque es un deporte”, reflexiona.
En este sentido, Pino aclara que si bien no es de bardear a los rivales de toda la vida, “me divierte mucho ver eso” en los demás. “Nosotros vimos dos clásicos con los Bulldog, que son leprosos. Casualmente fueron dos empates, pero cuando hacíamos un gol se los gritábamos en la cara y no pasaba nada”.
Los entrevistados coinciden en que el folclore se fue desgastando. “Un poco se pierde porque ya no te animás a cargar a nadie por temor a que la cosa termine mal. Una vez Fito (Páez) se puso la de Central en el estadio cubierto de Newell’s, y hacer eso hoy es una locura. Cucurucho Santamaría metía los goles y le hacía corte de manga a los hinchas de Central y Gramajo se agarraba los huevos mirando a los de Newell’s. Y lo hacían en épocas en que la calle estaba mucho más dura y existía otro tipo de violencia, con gente perseguida. Hoy, si los técnicos hacen alguna declaración picante, van en cana”, sentencia Cattáneo.
El líder de Cielo Razzo, que encaró hace un tiempo un proyecto musical paralelo bautizado Los Bardos, agrega en la misma sintonía: “Hoy también hay más «delay», porque después de que perdiste las noticias duran varios días, está el facebook, el twitter. El tipo se va a dormir, prende el teléfono al otro día y tiene doscientas cargadas por wasap”.

Vamos las bandas
Si bien las culturas del rock y del fútbol tienen sus puntos de coincidencia en lo popular, también presentan sus diferencias. El hincha auriazul considera que “la música es todo lo contrario al deporte”, ya que “tiene que unir las mentes, el espíritu”, por lo que advierte que “a pesar de que en Cielo somos todos canayas, intentamos mantener el fútbol, el deporte y la competencia, fuera de lo musical y de lo que significa un concierto”.
“Hemos tocado en eventos de Central y hemos tratado de tocar también en Newell’s en su momento, porque la idea de la música es todo lo contrario a la competencia”, reitera el vocalista, quien recuerda que en los comienzos de la banda “hubo un reconocimiento de algunos hinchas de Central y en algún punto ver eso estaba bueno, pero el fútbol ha generado tantas cosas positivas como negativas como por ejemplo familias divididas, gente muerta, una corrupción espantosa, que fuimos tratando de excluirlo de lo que es la banda y su público”, y tras argumentar recordando que “una vez que tocamos en el Dixon, antes de un clásico, recuerdo ver que todos estaban cantando menos dos pibes que eran de Newell’s, y estaban apartados del show que nosotros queríamos brindar que era pura y exclusivamente de música”, reivindica el costado positivo del folclore futbolero: “La pasión, los cuentos, las anécdotas, el llorar con amigos o con tu viejo por un partido, eso no debería perderse nunca”.
El integrante de Degradé, por su parte, señala que “en una época el rock absorbió la situación de hinchadas” y adoptó lo mejor (las banderas, el seguir a un grupo a todas partes) y lo peor (enemistades entre bandas, violencia en el show y alrededores, el “que se muera Ceratti”) del planeta de la redonda.

Disco, baby, disco
Aunque se encuentran en distintas etapas, tanto Degradé como Cielo Razzo vienen elaborando materiales nuevos de estudio. “Recién estamos en el armado de maquetas, pero está bastante avanzado y tenemos 8 ó 9 temas medio cocinados”, aclara Cattáneo, quien aprovecha para adelantar que “el miércoles que viene (29) vamos a tocar un acústico en el D7 (Ov. Lagos al 700), y el 22 en McNamara (Tucumán al 1000), donde este año nos está yendo muy bien”.

“El disco nuevo va a salir en octubre, aproximadamente”, augura Pino, que al cierre de esta edición se aprestaba a subirse al bondi con el resto de la banda y los equipos para viajar a Buenos Aires, donde este mismo sábado subirán al escenario del local porteño Groovestock, y concluye: “Con Los Bardos estamos en proceso de terminar un par de canciones para hacer algún material, aunque lo más probable es que no sea un disco convencional. Tenemos ganas de que sean imágenes y música, no un corto ni mucho menos un documental, pero sí algún dvd o algo por el estilo”.

Amor de familia
La innegociable decisión de afecto por los colores tiene en ambos entrevistados la contribución de los padres. “Toda la familia era de Central. Mi viejo fue mucho a la cancha, de joven, y yo he ido mucho también, sobre todo con amigos”, cuenta Pablo Pino, a quien las giras con la banda fuera de Rosario lo han alejado de las tribunas del Gigante. El vocalista, que tras su presentación en tierras porteñas volverá raudamente a la ciudad para ver el partido junto a su padre, añora esos viejos momentos en los tablones: “Me divierte mucho porque lo veo desde el lado del espectáculo. El color, la gente en las tribunas, miro más eso que el partido en si”.

Asimismo, Emiliano Cattáneo también es una apasionado de la Lepra por tradición ya que Walter, su padre, fue presidente de la institución del Parque Independencia. “Soy de una cepa rabiosa”, se define el tecladista que asiste el Coloso cada fin de semana que el rojinegro se presenta de local. “Tenía aproximadamente 10 años cuando mi viejo entró al club. Me volvían loco, pese a que Newell’s estaba en uno de sus mejores momentos de la historia, porque venía de ser campeón, vino Maradona”, recuerda el músico, y resalta que “lo bueno fue que viví un montón de cosas desde adentro, he ido a pretemporadas con equipos campeones”.

“Después había que bancarla, no por el lado de la pelea, porque siempre estuvo bueno la curtida con la gente de Central, sino porque te acusaban de que tu viejo choreaba. Y de eso no pasaba nada porque antes se manejaban otros números”, y ejemplifica: “Mi viejo no quería cambiar el auto para que no digan nada, y era abogado hacía 40 años”.

Publicado en El Eslabón 205

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