Ambas fuerzas deben convivir en el frágil equilibrio del ciclista sobre el cable de acero, a 300 metros de un suelo sin red. Intereses en común son interpelados por futuros escenarios electorales y, así, la nave va.
Si a Robin, el leal escudero de Batman, un Guasón bien forajido al estilo del malogrado Heath Ledger lo hubiese secuestrado y escondido en los laberintos de la política santafesina del último cuarto de siglo, el Joven Maravilla hubiera suplicado una sesión de terapia con el Acertijo. No lo dude alguien.
Radicales antialfonsinistas en pleno apogeo del alfonsinismo, ganadores como Horacio Usandizaga, alfonsinistas perdedores como Luis Changui Cáceres, peronistas renovadores que aportaron sin sonrojos ulteriores al duro panquequeo menemista, autoexiliados del PJ por lo anterior, peleadores desde adentro, un tobogán llamado Democracia Progresista, una acción siempre en alza de la Internacional Socialista SA y, he aquí lo que hubiese hecho colapsar psíquicamente al muchachito del antifaz: los juegos de alianza, explícitas o no, entre todos, según la hora, el mes, y el peso de los dados. «¡Santas paradojas, Batman!», es imaginable pensar que hubiera exclamado Robin.
No fue que al llegar el kirchnerismo ese lúdico esquema se desbarató. Ni por asomo. Pero en estos 12 años una de las mayores singularidades de la política santafesina fue la proliferación de especulaciones, conjeturas y hasta ramplones rumores acerca del grado de acercamiento que se prodigaban mutuamente kirchnerismo nacional y socialismo provincial, en esos términos, que explican mucho más que lo meramente jurisdiccional.
Allá por 2004 y 2005, había muchos que elevaban puertas adentro del PJ sus quejas por el trato amistoso que Néstor Kirchner le brindaba al socialismo gobernante en Rosario. «No son peronistas, por eso ayudan al socialismo», simplificaban. El kirchnerismo vernáculo replicaba que en realidad de lo que se trataba era de que desde el PJ santafesino se enviaran señales claras de apoyar el modelo inaugurado en 2003 y dejar atrás, bien atrás, todo vestigio de reutemismo.
Con el paso de los años, algunos de quienes desde el PJ clamaban justicia peronista en llamas contra el socialismo municipal, pasaron al PRO. Y con el PRO en la Presidencia de la Nación, voces encumbradas del macrismo santafesino hoy señalan lo siguiente: «No podemos desatar una blitzkrieg sobre la provincia y ganarnos el encono del electorado que, por muy poco, le dio la Gobernación a los socialistas». Palabras más o menos decían Alberto Fernández y Oscar Parrilli entre 2004 y 2007, sólo que circunscribiéndose a la órbita municipal rosarina, máximo logro socialista hasta entonces.
Por el lado del socialismo, antes y en la presente coyuntura, sus principales referentes sostuvieron y sostienen la misma cantinela: «Con el poder central hay que negociar permanentemente, conseguir obras, fondos, ayuda social, presencia federal en torno de la seguridad», aunque éste tópico final se encuadra en los reclamos del último lustro.
Desapasionándonos
Un análisis menos macerado por los intereses de unos y otros indica que el socialismo tiene dos cuestiones pendientes que mantener en agenda en su relación con el macrismo nacional: el cumplimiento de la acordada de la Suprema Corte que obliga al Estado nacional a devolver miles de millones de dólares a Santa Fe y otras dos provincias, y la colaboración en materia de seguridad, uno de los baches crónicos de la administración del Frente Progresista, Cívico y Social.
En cuanto al PRO, las tensiones se verán reflejadas entre el ya mencionado interés de mostrar una cara no belicosa ante el electorado santafesino y el proporcional desinterés de colaborar en las chances comiciales de medio turno del socialismo otorgándole sin más los cuantiosos fondos coparticipables que penden de la orden suprema, y asistiendo con gendarmes y otras fuerzas la seguridad provincial, que de tanto en tanto cualquier poder central recuerda que es materia de cada Estado.
En ese sentido, la reciente declaración por decreto de la Emergencia de Seguridad Pública no parece ser cuestionada por el sector que responde al gobernador Miguel Lifschitz, a pesar de que contiene elementos que desvirtúan o sencillamente derogan de hecho a la Ley de Seguridad Interior, propone el derribo de aeronaves civiles sospechadas de cualquier cosa, anticipa incursiones en barriadas donde prevalecen sectores vulnerables y estigmatizados de contener el núcleo del narcotráfico.
Tampoco las líneas que reportan a Hermes Binner, Antonio Bonfatti o Rubén Giustiniani han hecho conocer alguna crítica de fondo a las políticas con que Macri piensa dar lucha contra los fantasmas de siempre, ya que no contra los delitos mayores que dan verdadero sustento al esquema narco ni contra la permisiva legislación que regula el trabajo de aduana al interior de los cuantiosos puertos privados de aguas profundas, fluviales o marítimas.
Una amarilla Caja de Pandora
Si Macri está dispuesto a meterse en los barrios que considera «peligrosos» a sangre y fuego, ¿Lifschitz se pondrá el casco y lo acompañará? La declarada Emergencia de Seguridad Pública es una Caja de Pandora que puede contener explosivos inclinados a reventar en las caras de quienes la abren.
El decreto macrista mete por la ventana a las FFAA a que se entrometan en tareas de seguridad interior, algo que no sólo la ley prohíbe, sino que las prácticas mundiales prueban como contraproducentes e insensatas. ¿Lifschitz se largará a incumplir la ley en ese pantanoso terreno?
Al menos el mandatario dista de intentar discutir la actual política nacional de emergencia en seguridad. Es un territorio que incluso debe profundizar a futuro el llamado espacio nacional y popular.
El socialismo no puede ignorar que el verdadero poder detrás del narcotráfico usa herramientas que Macri no toca o, peor, enmascara e invisibiliza: la discrecionalidad de carga y descarga de CUALQUIER COSA en los puertos privatizados por Menem y no recuperados en los últimos 12 años; y el lavado de activos, en su mayoría dinero contante y sonante. En esa geografía de poder está el territorio en disputa, si es que se quiere combatir a las macro narco-organizaciones.
En Santa Fe, el gobierno socialista tiene dos caminos: o le recuerda a Macri dónde está el enemigo a combatir y los límites político-constitucionales para hacerlo, o hace continuismo, de sus propias políticas, comprobadamente fracasadas fronteras adentro de Santa Fe; y de las del PRO-Cambiemos, harto anticuadas, como puede constatarse fronteras afuera de la Argentina.
Socialistas con expectativas
Ya con Mauricio Macri electo, y aún antes de asumir como gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz dijo que no se “imaginaba” que Patricia Bullrich habría de ser designada en la cartera de Seguridad, pero explicó que esperaba “lograr una coordinación de acciones”.
Tal vez para no quedarse atrás y con la permanencia del contingente de Gendarmería y otras fuerzas federales que envió Cristina Fernández de Kirchner para paliar la creciente ola delictiva en Rosario, la intendenta Mónica Fein dijo que “hay que dejarla actuar” (a Bullrich, no a ella), y reconoció “su capacidad de trabajo”.
El gobernador electo y la intendenta que se sucede a sí misma opinaron en ese momento sobre la conformación del gabinete de Mauricio Macri. La alcaldesa rosarina expresó: «Estamos esperando que asuman. A muchos de los integrantes del gabinete los conozco y vamos a pedir entrevistas con todas las áreas porque tenemos proyectos concretos para todos. Así que allí estará Rosario, apenas asuman. Tuve la oportunidad de estar con la vicepresidenta electa (Gabriela Michetti) planteando la necesidad de articular proyectos». Proyectos concretos para todos. ¿Cómo se puede tener proyectos concretos para todos en la política? Es notable.
En tanto, Lifschitz reveló: «Conozco a algunos hombres de empresas, hubo algunas sorpresas”. No aclaró si lo sorprendieron los nombres o el hecho de conocerlos. Pero Miguel quería hablar más: “En el caso particular de Patricia Bullrich, nadie se imaginaba que iba a ir a Seguridad, se hablaba de Guillermo Montenegro o alguien más vinculado a la temática. Pero es una dirigente política de experiencia. Vamos a tomar contacto con ella, aunque extraoficialmente lo hemos hecho, y esperamos lograr lo que siempre pretendimos: una coordinación de acciones con el gobierno nacional en relación a la presencia de las fuerzas federales y también en una lucha cou23013ntra el narcotráfico».
La Dakar-movie de la triple fuga, que arrancó en territorio bonaerense y terminó en inundables y pantanosas locaciones santafesinas, estuvo a punto de frustrar tanta expectativa socialista pero –como negocios son negocios– pronto hubo oportunidad de reflotar la buena onda entre la Rosa y el Globo.
Cerrando grietas
En la semana que culmina, el ministro del Interior Rogelio Frigerio recibió a Lifschitz, con quien analizó la financiación de obras públicas. Atrás quedaron las asperezas por el intercambio de acusaciones durante y después de la recaptura del trío prófugo del penal de General Alvear.
Si bien el titular de Interior y Obras Públicas y el gobernador se reunieron ese lunes para analizar diversas cuestiones, entre las que tuvo un rol protagónico el análisis del financiamiento de obras para la provincia, sugestivamente no se supo que se hubiese tratado cómo y cuándo comenzarán a realizarse las transferencias de fondos que la Corte Suprema ordenó al Estado nacional que devuelva a las provincias de Santa Fe, Córdoba y San Luis por retenciones de coparticipación presuntamente indebidas.
“Repasamos temas de gestión y analizamos cuestiones de financiamiento, de coparticipación y de inversiones en proyectos de inversión que coordina actualmente el Ministerio, fue un encuentro de trabajo muy bueno y positivo”, dijo el mandatario provincial luego de la reunión realizada en la Casa Rosada.
Lifschitz señaló, además: “Hablamos sobre la implementación del Plan Belgrano”, sobre el cual, agregó: “Tenemos la expectativa y la aspiración de que nuestra provincia se incorpore a ese gran proyecto de desarrollo del norte argentino, de modo que le hicimos llegar una nota en ese sentido, dirigida al presidente Mauricio Macri y con la firma de legisladores y de numerosas instituciones de Santa Fe”.
El mandatario exhibió sus viejos resentimientos con el anterior gobierno al remarcar que en Santa Fe “no hay obras inconclusas, salvo algunas en gasoductos en municipios que quedaron sin terminar y que coordinaba el ex secretario de Transporte Alejando Ramos, y que fue uno de los temas de conversación con el ministro Frigerio”. Como si fuera poco para sobreactuar su antikirchnerismo, Lifschitz agregó, sin inocencia: “Ya nos habíamos reunido con el ministro de Transporte (Guillermo Dietrich) para ver las que estaban paralizadas a través de Vialidad Nacional, pero en general no había muchas obras en marcha en Santa Fe financiadas por el gobierno central”.
En cuanto al impacto de las últimas medidas económicas, Lifschitz dijo que “tenemos la expectativa de que el nivel de precios se vaya morigerando en los próximos meses y que tengamos un proceso inflacionario a la baja”. Carlos Melconián no lo hubiese expresado más claro.
Pese a lo compungido que se mostró por el destino de la empresa Sol Líneas Aéreas, Lifschitz no mencionó haber tocado el tema con Dietrich, en la misma jornada en la que la búsqueda de una salida para evitar la caída de unos 300 puestos de trabajo debió pasar a cuarto intermedio.
Milagro Sala y los Lanatta no pueden aguar un idilio
Otra muestra de sintonía fina con el macrismo se pudo observar cuando Lifschitz se lanzó a opinar sobre la situación en Jujuy, donde integrantes del movimiento Túpac Amaru continúan realizando un acampe en protesta por la detención de Milagro Sala: “La conflictividad social nunca es buena, pero también es cierto que en Jujuy se había construido una especie de estado paralelo que manejaba muchos recursos. Incluso, en algunos temas, más que la propia provincia, lo cual también es negativo para la implementación de políticas públicas”. Un compañero del mandatario santafesino confió su parecer, pero reclamando anonimato: «Miguel siempre fue el más liberal de nosotros».
Como para no desmentirlo, el gobernador aseguró que no conversó con Frigerio por el tema de la triple fuga de los hermanos Martín y Cristian Lanatta y Víctor Schillacci, porque “consideramos que es un capítulo cerrado y el hecho positivo es que los tres prófugos están detenidos y a disposición de la justicia, que probablemente van a ser muy importantes para esclarecer una causa de gran envergadura como es la del tráfico de efedrina, y tenemos la expectativa de que esa causa pueda avanzar hasta las últimas consecuencias”.
Socios y accionistas
En este resumen de cómo avanzan las relaciones entre el socialismo lifschitzista y el macrismo nacional, el rol de la UCR, ambiguo para variar, no es en absoluto soslayado por ambos extremos de la cuerda.
El intendente de Santa Fe capital, José Corral, a la sazón titular de la UCR nacional, viene bancando hasta los paréntesis de los DNU firmados a troche y moche por Macri. Junto con Mario Barletta, su predecesor en el Comité Nacional del radicalismo, son el sedimento que dejó la gestión del mendocino Ernesto Sanz, quien fue el principal promotor de la alianza con el PRO, lo cual garantiza que el largamente centenario partido se sitúe en la actualidad a la derecha de Fernando de la Rúa.
En Santa Fe, las cosas son menos drásticas. La UCR aún mantiene una línea que cuestiona severamente ese juego de sociedades políticas. Uno de los referentes de ese sector es el vicegobernador Rodolfo Henn, pero todo indica que Lifschitz articula mejor con los accionistas radicales de la alianza Cambiemos. Mal, desde el punto de vista electoral nacional, no les ha ido.
El problema es que la derecha de la UCR ya está pensando cómo hacer valer ese papel protagónico en las legislativas de 2017. Ya se sabe que el olor de una interna sensibiliza a un radical más que el humo de un asado, y esas fechas, que para otros distan una inmensidad, para algunos de esos punteros todoterreno se trata de semanas. Allí se verán la cara todos los socios de un trío que, si no cosecha placer, al menos viene haciendo buenos negocios.
Fuente: El Eslabón

