
Las Amigas de Tania Scaglione, publicada a principios de año por la Editorial Municipal de Rosario, es la novela corta ganadora del primer premio del Concurso Municipal Manuel Musto de Narrativa 2014, y fue seleccionada por el jurado integrado por Fernando Callero, Analía Capdevila y Pablo Katchadjian.
Las gemelas Sofía y Mercedes y sus amigas, emprenden un viaje por los más diversos rincones de Rosario que dura una larga y frenética noche. Mientras, postrada en una cama, yace la mamá de ambas, una investigadora académica, militante y fervientemente peronista que padece una enfermedad terminal que la inmoviliza.
En la nouvelle, los personajes de Scaglione -que además es actriz y dramaturga- son estrictamente físicos porque cada acción repercute como acto reflejo en los cuerpos: “Sensación de crucero en la cintura; sensación de finitud en los intestinos; sensación de tarantela en la ollita del codo y de los pies”. El sexo, la cocaína, Gilda, los celos, las ganas de volar y de vomitar, todo tiene un registro preciso y agudo en los cuerpos vivos, mientras que la mamá de las mellis agoniza y advierte que el suyo perece: «Había dicho muchas veces esa frase pero, ¿qué era ponerle el cuerpo a la muerte?”.
Las amigas es un relato de tipo coral, de acción pura, pero en planos superpuestos porque la narración es vertiginosa y simultánea, de modo que todos los personajes hacen, sienten y piensan al mismo tiempo, en una apuesta pretenciosa pero lograda de la autora. La sucesión de hechos, imágenes o escenas, se acoplan en un texto vivo –como un cuerpo o un organismo– que funciona con total naturalidad.
Las amigas es una nouvelle sobre el amor, el amor de la amistad y la política –presuntos atributos de la juventud– cuyo reverso es la enfermaded en la madurez, de quien supo ser una mujer intensa y comprometida con la causa del pueblo y la crianza de sus hijas. “Si pudiese hablar, les diría que no sean pelotudas, que se dediquen a amar, que amen a la gente, que eso ya era política y la mejor resistencia”. También hay en Las amigas un lenguaje intransferible que no es el de una generación, aunque el relato tiene sus marcas visibles, sino el que se conjura en años de amistad compartida. La protección (y la impunidad) que otorga la salida de grupo para delirar a taxistas, patotear a la compañera de militancia de tu novio en el bar, jugar al ring raje de madrugada y sumarse a una procesión mística, llorar a coro la tristeza y la alegría, y todas las demás licencias para hacer bardo.La novela es corta, el viaje es intenso, como una montaña rusa que todo el tiempo está a punto de descarrilar, y abismarse.
