En la semana de la partida de Raimundo Ongaro, la leche regalada, el nuevo freno judicial al tarifazo, la censura en Télam y el ruidazo nacional, el gobierno de Mauricio Macri se lanza a meter presa a Hebe de Bonafini. La taba le sigue cayendo de culo.

La dictadura cívico-militar perpetró un genocidio pero no se animó a meter presa a Hebe de Bonafini. No les faltó a los jerarcas del 76 odio, ferocidad o instinto criminal, pero evitaron encerrar a quien ya era un emblema de la defensa de los derechos humanos. No omitieron encarcelarla por indulgentes, lo hicieron porque la oligarquía no toma prisioneros. O los mata, o los desaparece.

¿Por qué, entonces, el macriucerreísmo se empeña en perseguir con órdenes de allanamiento, citaciones, amenazas de arresto y cárcel pura y dura a la dirigencia que durante doce años representó la antítesis del modelo neoliberal que hoy quiere volver a imperar? El origen democrático de su acceso al gobierno.

Mucho se dijo sobre la derecha y su primera experiencia de acceso al poder sin tanques y fusiles, sin golpes de Estado, construyendo una victoria electoral, mínima pero insoslayable. Pues bien, el neoliberalismo, Macri, las corporaciones, la derecha, ganaron una elección pero mantienen las costumbres de los golpistas y se manejan como si fueran una junta militar.

Quienes durante más de una década predicaron la necesidad de retomar el sendero de la división de poderes, de restaurar la calidad institucional que vaya a saber cuándo imperó, que a través de voces como las de Elisa Carrió, Federico Pinedo, Ernesto Sanz, Gerardo Morales y otros dirigentes que se piensan a sí mismos como garantes del republicanismo, al llegar al gobierno arrasaron con leyes, nombraron ministros en la Corte Suprema y desbarataron derechos adquiridos a golpe de decretos de dudosa necesidad y falaz urgencia.

Pero el pico de autoritarismo llegó de la mano de uno de ellos, Morales, erigido gobernador por el voto popular, quien mandó a meter presa a la líder de la agrupación Tupac Amaru por el sólo hecho de protestar. Luego fue dibujando causas, con la anuencia y complicidad de jueces impregnados de odio clasista, racial y de género, y todos a las órdenes del dueño de Jujuy, Carlos Pedro Blaquier, el patrón heredero del Ingenio Ledesma.

Desde 2012, cuando Blaquier fue procesado por la justicia federal de Jujuy como cómplice primario en 26 casos de privación ilegítima de la libertad durante la última dictadura, se comenzó a urdir la venganza que hizo dar con sus huesos en la prisión a Milagro Sala. «La india presa», como dicen que el crápula la nombra a la mujer que le dio la dignidad arrebatada a miles de jujeñas y jujeños, algún día iba a pagar por tamaña afrenta, no importa que no fuera sólo ella la que hizo comparecer con la cabeza gacha al sangriento dueño del azúcar manchada con sangre.

Y desde que Hebe, por primera vez desde que volvió a haber elecciones en la Argentina, abrazó a un gobierno por acompañar su reclamo de Memoria, Verdad y Justicia e impulsar los juicios por delitos de lesa humanidad, el poder establecido decidió que algún día también terminaría presa.

Tiros por la culata

El proceso de ilegal acoso judicial y detención de Sala, tal vez a causa de la lejanía geográfica, las características feudales de Jujuy, y también de la inacción de algunas fuerza políticas que callaron ante el criminal proceder de Morales u otras que incluso llegaron a justificar todo lo hecho por considerar que la Tupac Amaru había llegado a crear «un Estado paralelo», fue una excepción.

Pero las dos intentonas que el macrismo llevó adelante ordenando a jueces amigos que citaran como imputada a Cristina Fernández de Kirchner y detener a Hebe, terminaron siendo tiros que salieron por la culata.

Cuando el «juez pistolero», como CFK llama al magistrado federal Claudio Bonadio decidió citar a la ex presidenta a Comodoro Py para que preste declaración por la causa de la venta de dólar a futuro, generó que la acompañara la multitud más grande desde que fuera despedida el 9 de diciembre de 2015 en Plaza de Mayo.

Macri, con la anuencia del partido judicial, hicieron posible el hecho político que significó, sin lugar a duda alguna, el retorno de CFK a la política activa, con el dispositivo mediático hegemónico en estado de cobertura histérica, y con una repercusión que trascendió largamente las fronteras argentinas. El mundo entero habló de la posible detención de una ex presidenta, y reprodujo un discurso que tuvo efectos hacia afuera y adentro del país político, incluida la fuerza que conduce a pesar de propios y extraños, viejos y nuevos.

El episodio del jueves último, con Hebe rodeada de miles de militantes, dirigentes, legisladores y referentes de la cultura popular, tuvo idéntico corolario. Lo que pretendió ser un suceso ejemplar, representativo de una importante porción de la sociedad, que visualiza a la titular de Madres de Plaza de Mayo como una «vieja decrépita», tal cual lo escribió al día siguiente el cantautor Víctor Heredia en una emotiva carta a propósito del intento de detención, terminó siendo un acto político servido en bandeja, con la amplificación indeseada de los canales, radios y periódicos que siempre la odiaron.

Que sus hijos no están desaparecidos y viven en París, que es «una vieja chorra» que no hizo las casas pero sí cobró el dinero destinado a construirlas, que enmascara detrás de su pañuelo a una asesina vengativa, que fue apañada por «la banda de ladrones K», que es una predicadora del odio, que es una guerrillera frustrada. Todo eso es Hebe para una sustancial parte de quienes votaron a Macri y sus secuaces. Y eso, entre otras cosas, llevó a los estrategas de Cambiemos a ir por ella y meterla en un calabozo.

El resultado, o al menos uno de ellos, fue que la noticia se propagara desde el New York Times hasta El País de España, desde Telesur a CNN, de C5N a TN, y así hasta la eternidad mediática, desde los que siempre informan hasta los que a diario deforman las conciencias de millones de personas en todo el orbe.

En los zócalos de los canales de noticias, de programas infames como «Infama», en los títulos de las ediciones digitales de medios que detrás tienen a editores miserables, en algún momento se leyó: “No podrán detener nuestros pensamientos”.

Y como para coronar magistralmente la impensada hipérbole del macrismo, Hebe proclamó, como haciendo estallar sus palabras: “No sé hasta dónde pretenden llegar, pero con la misma intensidad y las mismas broncas que tenían nuestros hijos, vamos a enfrentar a esta Justicia corrupta, que también quiere meter presa a Cristina”.

Todo eso debieron retransmitir los medios que esperan de la fuerza política que ayudaron a llegar al gobierno que cobre venganza por las humillaciones a que los sometieron durante más de doce años estas tres mujeres, que no casualmente son mujeres, y que no casualmente están en la mira de la sociedad que banca y sostiene a la derecha, hoy acorralada, a sólo ocho meses de haber asumido.

Una cortina de humo a la derecha

Foto: Emergente.
Foto: Emergente.

El otro motivo de la movida del jueves, justo cuando se cumplieron 1.999 rondas de las Madres en torno de la Pirámide de Mayo, fue tratar de tapar el sol del ruidazo con la mano de un cana federal tomando uno de los brazos de Hebe y llevándosela presa.

De manual, cada vez que el gobierno de Macri se ve en apuros, los ringtones de los celulares de algunos jueces federales suenan, y las pantallas de esos smartphones muestran números conocidos. Fijos de la Casa Rosada, números de móviles que invariablemente pertenecen al jefe de Gabinete o a los ministros de Justicia o del Interior, de sus auriculares surgen voces que mandan a operar. Y los obedientes magistrados sin toga pero con larga carrera en la disciplina olímpica del salto con garrocha, operan.

Las detenciones de Lázaro Báez, de Ibar Esteban Pérez Corradi, a quien La Nación denominaba «el prófugo más buscado del país» hasta que luego de ser capturado le tiró un ladrillazo al radical Sanz, las cartas truchas exhibidas por el periodista ricachón Jorge Lanata, y otros episodios por el estilo, no dejan de ser intentos de cubrir con una cortina de humo una gestión que no ha podido generar tan siquiera aquellos escenarios en los que la derecha suele estar muy cómoda.

Ni domesticó la inflación –por el contrario, la duplicó–, ni concitó la atención de inversiones extranjeras. No cumplió una sola de las promesas de campaña, con excepción de la quita de las retenciones a los grandes latifundistas. Nada para exhibir, mucha protesta en contra, lo cierto es que entre la escuálida política que prolifera en un gabinete de gerentes de corporaciones y los consejos de un consultor ecuatoriano, pícaro pero brutal, cada tanto el macrismo en ejercicio del poder echa mano a jugarretas judiciales, que siempre terminan mal o incompletas.

El demencial pero explicable tarifazo –un negocio para amigos que tarda en dar los frutos prometidos– ya lleva cosechados dos masivas movilizaciones de protesta que, pese a las amañadas interpretaciones que ensaya el cerco informativo, muestran que el descontento se extiende como una mancha venenosa.

Los tamberos rafaelinos que salieron el miércoles pasado a la ruta a explicitar su protesta por la crisis que atraviesa el sector y regalaron leche a un millar y medio de personas; la denuncia de comisión gremial interna de Télam, haciendo público el acto de censura de la conducción periodística de la agencia a una periodista que pretendía realizar una entrevista previamente aprobada, son perlas de un collar que cada vez aprieta más el cuello engordado de un gobierno que condena al hambre a millones de argentinos.

El miércoles, también, se produjo otro hecho político importante, esta vez en Rosario. El Movimiento Sindical Rosarino recibió al arzobispo Eduardo Martín, con quien debatieron sobre “la crítica situación que están atravesando los trabajadores y la sociedad”, y por “el aumento de los pedidos de ayuda social”.

El encuentro no salió de un repollo. La Iglesia expresó su alarma por la crisis social, nada menos que a través de una carta que el papa Francisco había enviado dos días antes, en la previa de San Cayetano, al presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, José María Arancedo: “Los índices de desocupación son significativamente altos”, sentenció el Sumo Pontífice argentino.

El fascista se comporta como el tigre acorralado, termina mostrando que nada de lo que prometió para seducir a las masas es cierto en modo alguno y que está dispuesto a todo con tal de mantenerse en el poder, no importa cuántas víctimas hayan costado llegar a ese punto de tensión y cuántas vayan a costar para salir del mismo.

Vale la pena detenerse a reflexionar lo que señaló el periodista, escritor y político de la Izquierda Nacional Julio Fernández Baraibar, apenas después de conocerse que se había librado la orden detención contra Hebe de Bonafini: «Ganaron una elección y actúan como un golpe de Estado. Recordémoslo, y cuando ganemos una elección, actuemos como una revolución».

Fuente: El Eslabón.

Comentarios
Más notas relacionadas
Más por Horacio Çaró
  • Febo asoma

    Yo no sé, no. Pedro se acuerda cuando venía la fiesta del 25 en la escuela, la fiesta patr…
  • Manotazos de un ahogado

    Luego de que más de 150 mil personas salieran a exigir “elecciones directas ya”, el gobier…
  • CFK en el centro del ring

    Propios y extraños sitúan a la ex presidenta en el lugar excluyente de los comicios legisl…
Más en Columnistas
Comentarios cerrados

Sugerencia

El Gobierno defendió la presencia de Aldo Rico en el desfile en Tucumán

“Lo de los Carapintadas es cosa vieja, no creo que haya puesto en jaque a la democracia”, …