Foto: Andrés Macera.
Foto: Andrés Macera.

Uno de los impulsores de la práctica de fútbol para personas con parálisis cerebral en el país, comparte su experiencia y analiza las posibilidades de la Selección Argentina en los próximos Juegos Paralímpicos.

“Toda mi familia es de Rosario, pero mis padres se fueron al sur y yo nací en Piedra del Águila, en Neuquén. Hice la escuela primaria y secundaria en San Martín de los Andes y después me vine a estudiar acá el profesorado de historia”, dice a modo de introducción Sergio Ruíz, y agrega: “Acá estudiaba historia y un día escuché la novedad del profesorado especial, así que me anoté y empecé a hacer las dos cosas, hasta que me quedé con la parte de discapacidad”.

Además de maestro especial, su amor por el deporte lo llevó a buscar la manera de unir esas pasiones. “Empecé siendo voluntario en Avida Rosario (Asociación Voluntad Integral Discapacitados Argentinos), en distintas disciplinas. No había muchos profes que se dedicaran a esto, porque lo hacemos ad honorem, así que me fui perfeccionando y cuando uno ya está inmerso en esto, aparecen desafíos y es difícil dejarlo”.

En uno de los primeros torneos nacionales en los que participó, acompañando a atletas y nadadores, a Sergio le llamó mucho la atención ver que, entre competencia y competencia, la mayoría de los chicos, con parálisis cerebral todos ellos, se ponían a jugar al fútbol. “Con otro profesor de Mar del Plata empezamos entonces a charlar sobre la idea de armar un equipo de fútbol. Y cuando vimos que en otros países ya existía esa experiencia, decidimos armar un proyecto para crear una selección argentina”, rememora este rosarino por adopción, y añade: “Después, con el afán de aprender más y perfeccionarme, hice el curso de Director Técnico de Fútbol y todo aquello que empezó en una charla comenzó a convertirse en realidad”.

Con la selección nacional, algo que fue de la mano con los inicios de la actividad en Avida, Sergio empezó a desandar un camino que le regalaría grandes alegrías. “Entre 1993 y 2010, cuando decidí dar un paso al costado, hemos pasado por Juegos Paralímpicos, Panamericanos, Copas del Mundo, así que ha sido un largo recorrido que tuvo frutos muy buenos”, repasa Ruíz con orgullo, y acota: “Me gusta ayudar y el deporte siempre me encantó, así que es una combinación que me vino fantástica y tengo la suerte de trabajar de lo que me gusta”.

El número 7

La parálisis cerebral, según explica el profe Ruíz, es “similar a un accidente cerebrovascular, con la diferencia que esto es de nacimiento, y siempre afecta lo motor, ya que es neurológica. Y aunque en algunos casos se da –sobre todo en chicos con multidiscapacidades–, no necesariamente implica un trastorno mental”. Además, puede afectar de distintas maneras a quienes la padecen. “En materia deportiva se dividen por categorías. En el fútbol en particular van de la categoría 5 a la 8 y de mayor a menor dificultad. “Están los hemiparéticos, que sólo tienen alguna debilidad en uno de los extremos y pertenecen a la categoría 8; la 7 son los hemipléjicos, sufren parálisis en alguna de las mitades de su cuerpo, ya sea por el lado derecho o izquierdo; la 6, que tienen problemas en en las dos piernas y no en los brazos; y la 5, que afecta a los cuatro miembros”, instruye Sergio, y agrega: “Dentro del campo de juego siempre tiene que haber al menos un categoría 5 ó 6, y no más de un categoría 8. Después pueden ser todos 7, pero cuando hacés un cambio tenés que sí o sí mantener esas proporciones”.

En cuanto al reglamento, “se juega de a 7: seis jugadores de campo y el arquero; y no hay muchas diferencias con respecto al fútbol convencional”, dice el patagónico radicado en Rosario, pero aclara: “Salvo en el lateral, cuando alguno de los chicos sólo puede manejar un brazo, se le permite hacer el lateral hacia adelante, de abajo hacia arriba, como si uno lanzara una bocha, y la pelota –sí o sí– tiene que picar un metro antes del jugador que la recibe”.

Primero hay que saber sufrir

Para llegar a Río de Janeiro, Los Tigres, tal el apelativo del elenco nacional, a tono con los también animalescos Pumas (rugby), Leones y Leonas (hockey), Panteras (voley), Murciélagos (fútbol para ciegos), entre otros, tuvieron que primero saber sufrir. Es que en el partido decisivo del mundial pasado, en el que se definía el último pasaporte a los Juegos, Argentina perdía 3 a 1 ante Irlanda del Norte a falta de cuatro minutos. Pero con tantos del capitán Rodrigo Lugrin y de Mariano Morana consiguieron el empate necesario para asegurarse un lugar en la cita máxima del deporte paralímpico.

A diferencia de otras oportunidades, a Sergio Ruíz le tocará seguir las alternativas del combinado nacional desde afuera. “La preparación viene bien, pero los demás países crecieron mucho y eso lo hace más complicado”, dice el ahora ex entrenador de los muchachos que defenderán la albiceleste en territorio brasileño desde el 7 al 18 de septiembre. Y reconoce: “Los antecedentes de los últimos campeonatos no son tan buenos, pero uno siempre tiene fe en los jugadores”.

De ese plantel que disputará los Paralímpicos, Lugrin y Maximiliano Fernández son dos viejos conocidos de Ruíz. Entrerrianos ambos, fue el DT quien los trajo a Rosario desde la provincia vecina para sumarlos en su momento al elenco local, hasta que luego tuvieron destino de selección. “Son dos chicos de Entre Ríos, pero como allá no hay nada empezaron a competir con nosotros en los torneos nacionales. Ambos están muy comprometidos con el tema, se entrenan mucho”, comenta orgulloso.

Si bien Los Tigres no están entre los candidatos a finalizar con una medalla en el cuello, el nivel de los últimos tiempos no los mantiene tan alejados del podio, según lo cuenta el propio Sergio: “Siempre estuvimos cuartos o quintos a nivel mundial”. Y al respecto, repasa: “En el Mundial de Irlanda, en el 94, terminamos en el 5º puesto, en los Panamericanos del 95 ganamos el oro, en los paralímpicos de Atlanta 96 terminamos 5º; en el panamericano que se hizo específico de fútbol ganamos la medalla de oro y también hemos logrado tres preseas de plata en panamericanos. Y en los Juegos de Atenas, en 2004, tuvimos diploma porque llegamos a quedar entre los cuatro mejores”.

“Siempre nos fue bastante bien con respecto a lo que es el deporte en este país, ya que en Europa son todos profesionales, se dedican a eso. A nivel mundial, las potencias son Rusia, Ucrania, Irán, son países que hacen un trabajo muy bueno. Hay que tener en cuenta que los jugadores allá ganan 10 mil euros por mes. Es otro nivel”, admite este hombre que simpatiza con River y que se la pasa mirando fútbol.

Que ruede la bola

“En Rosario hay dos clubes que practican fútbol 7, o fútbol de PC (parálisis cerebral), tal como lo menciona Sergio Ruíz en varios pasajes de la entrevista. Avida, “que existe desde que formamos la selección, van de la mano, porque hacíamos las dos cosas”; y Echesortu. “Ahora estamos tratando de difundirlo más en la ciudad y en la provincia, el problema es que la Federación Nacional no viene haciendo torneos desde hace varios años, pero estamos tratando entre todas las provincias de hacer un torneo nacional”, fustiga el profe, que en 2014 fue convocado para armar un combinado santafesino sub 16 para participar de los Juegos Evita en 2014, equipo con el que logró el subcampeonato, y esa experiencia la repitió al año siguiente.

Respecto de la rutina diaria de sus dirigidos, Ruíz destaca que “el esfuerzo es mutuo, tanto de los jugadores como de los profes o quienes acompañamos este proceso. Tengamos en cuenta que la mayoría estudia o trabaja y se tiene que hacer un tiempo para hacer esto que tanto les gusta”, y concluye con orgullo: “Cuando ves a los chicos jugar no notás ninguna diferencia. En las categorías más bajas es un poco más complicado, pero el resto son pibes que juegan al fútbol desde chicos y que entrenan en doble turno. En algún momento, con la selección jugamos unos amistosos con la reserva de Boca, que tenía a Mouche y Maidana, entre otros, y perdimos pero ahí nomás. No fue un baile. Son jugadores de fútbol, ni más ni menos que eso”.

Fuente: El Eslabón.

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