Rosario ha sido convertida en una ciudad fragmentada con sectores diferenciados por el nivel adquisitivo de sus habitantes. Una de las realidades más contrastantes son la opulencia de los barrios exclusivos y los countries tan promovidos por este gobierno municipal frente a los más de 200 mil habitantes de “villas miseria”. Todos ciudadanos que viven en condiciones paupérrimas, con hacinamiento, falta de cloacas, de gas, de pavimentos, de desagües pluviales, de transporte.
Para un auténtico proyecto inclusivo es necesario crear las condiciones para la generación de puestos de trabajos, la elevación de la capacitación y la mejora educacional.
Del mismo modo la adopción de medidas desde el Estado Municipal destinadas a promover la industria como “madre” de la inclusión social.
Con la creación de áreas o parques industriales se promueve el empleo, dando impulso a la creación de pequeñas industrias que resultan las que más puestos de trabajo generan. Y es este ejecutivo municipal quien tiene las herramientas a su disposición para todo ello; claro, si se lo propone.
Pero la política de este gobierno municipal marcha a paso firme hacía lo contrario: un llamativo desarrollo de las áreas centrales, la costa y los mejores terrenos suburbanos, con emprendimientos de gran envergadura destinados a la “cultura shoping”, a los barrios exclusivos y excluyentes, a grandes avenidas que los interconecten y todo esto con un gran marketing.
La “Rosario turística” sólo puede mostrar esa mediocre copia de una “Nueva York” del Tercer Mundo, en vez de impulsar una ciudad inclusiva, abierta, creativa y creadora de una imagen propia generada por el devenir de las culturas que la conformaron y la alimentan.
El “orgullo de ser rosarino” no puede ser tal cuando se tropieza en cada esquina con un niño pidiendo, cuando se siguen viendo a familias enteras comiendo de la basura, cuando se abandonan a su suerte a miles de conciudadanos por la ineptitud, o lo que es peor, por la actitud denigrante de la traición, no sólo a los que dicen ser sus “ideales”, sino a los mínimos deberes que como funcionarios no cumplen.
Con cinismo hablan de un “plan urbano”, planteando una “hermosa” ciudad del futuro, sin explicar, porque no les interesa, como van a solucionar la pobreza estructural de esta ciudad, la que no podrán seguir endilgando siempre a los gobiernos nacionales, como antes lo hacían con los provinciales.
No es ineptitud, no. Es una clara decisión tomada respecto de que privilegian entre el pueblo y la elite económica, sin dudas han elegido a esta última. Los hechos, las medidas, las acciones y las omisiones lo muestran con palmaria claridad.
Los funcionarios de esta gestión socialista con soberbia actitud de “sabelotodos” anuncian que “todo está bien”. Aseguran que la ciudad está cada vez mejor, que nos admiran en el mundo, que somos la “Barcelona argentina”.
Y anuncian con una absoluta frialdad frente a los dramas cotidianos de centenares de miles de rosarinos, obras imponentes que servirán, como todas ellas, para el goce de unos pocos y la mirada absorta de las mayorías, incapaces de comprender como se puede ser tan hipócrita.
Cuando se miente tanto, se termina creyendo las propias mentiras. Y como en una espiral, la ciudad se desliza entre tantas falsedades hacia un destino de marginación absoluta y de desigualdad extrema al que se llegará sin remedio si no se cambian los paradigmas en su desarrollo.
Tendrán que comprenderlo o se deberán enfrentar a una sociedad que terminará juzgándolo como lo que son: empecinados aprendices de neoliberales encubiertos tras su lustrosa pátina de pseudo-progresistas.
*Diputada provincial FPV-PJ.
