
Preservar las fuentes de trabajo era el objetivo primordial del acuerdo que General Motors y Smata, el gremio de los trabajadores mecánicos, firmaron ante el Ministerio de Trabajo de la Nación en diciembre pasado, al cabo del conflicto desatado por el despido de más de 400 operarios de la fábrica que la automotriz norteamericana tiene en Alvear. Sin embargo, desde entonces hasta estos días General Motors ya dejó afuera a 150 obreros efectivos. Técnicamente no se trata de despidos. Pero en los hechos, aquel acuerdo, que significó una importante merma de costos laborales para la automotriz, resulta letra muerta. Con este marco, las patronales de las terminales automotrices instaladas en la Argentina y los dirigentes sindicales se reúnen este lunes en Buenos Aires para hablar de un aumento de salarios que el gremio exige y las empresas niegan.
El encuentro está previsto para el mediodía en sede de la cartera laboral nacional en Buenos Aires y seguramente la situación de General Motors dará tela para cortar. Mientras desde Estados Unidos llegan noticias de un posible proceso de quiebra de la automotriz, que tiene su casa central en Detroit, el panorama de la filial argentina aparece distinto: con un ajuste ya puesto en marcha, en la planta de Alvear avanzan a buen ritmo los preparativos para poner en marcha el proyecto Viva, que contempla comenzar a mediados de año a producir un nuevo modelo.
Se trata, según relatan los trabajadores, de un auto “parecido al (Wolskwagen) Fox y al Audi A3, aunque con un motor más económico”. Para la producción del nuevo modelo, afirman en Smata, en la fábrica del sur santafesino harán falta más obreros. De allí la recomendación del gremio a los trabajadores suspendidos: aguantar hasta ese momento para reclamar la vuelta al trabajo.
Pero de los 236 operarios efectivos que quedaron en condición de suspendidos en diciembre pasado 150 ya optaron por retirarse, mix de ofertas tentadoras de indemnización y fuerte presiones mediante.
General Motors llegó pagar 140 mil pesos más un Corsa para convencer a los obreros de buscar otro rumbo laboral. Al mismo tiempo, según relató al diario El Ciudadano Fernando Villalba, delegado sindical integrante de la comisión interna, la patronal “viene presionando a los compañeros de distintas formas, con aprietes personales y también dando horas extras a los que están trabajando en lugar de convocar a trabajar a los suspendidos”.
De acuerdo con lo firmado en diciembre ante la cartera laboral nacional, los suspendidos perciben el 70 por ciento de sus salarios. La empresa se ahorra también los aportes patronales, y al mismo tiempo avanzó con el ajuste a través de las 150 desvinculaciones en apenas tres meses.
Los que se fueron integraban el grupo de operarios efectivos que fueron incluidos en los más de 400 despidos que en octubre pasado desataron el conflicto y a los que la empresa no volvió a asignarles tareas productivas.
Sí tuvo que acceder durante varios días a permitirles ingresar a la planta, pero los confinó a un espacio llamado Chevy Club, destinado al esparcimiento, indicando que les dictaría cursos de capacitación. Fue en ese ámbito donde algunos gerentes de General Motors bajaron línea a los operarios recomendándoles pensar en nuevos modos de ganarse la vida blandiendo una merma en las ventas de la empresa y la crisis financiera internacional. En este diario digital puede apreciarse al respecto un video que grabó uno de los trabajadores el día en que volvieron a ingresar a la planta después del parate tras los despidos.
En el acuerdo rubricado en diciembre también fueron incluidos también trabajadores contratados, unos 200, a los que la empresa se comprometió a sostener en calidad de suspendidos hasta fines de junio. El compromiso respecto de los efectivos, en tanto, se extiende hasta fin de año.
“Nosotros siempre dijimos que hay que aguantar y presionamos para que entren a trabajar, pero muchos muchachos no pudieron aguantar, tal vez porque tenían otra posibilidad de trabajo o porque necesitaban la plata”, indicó Marcelo Barros, secretario general de Smata Rosario, que cotejó este ajuste que la patronal viene realizando con la negativa a conceder el aumento salarial que el gremio de los mecánicos viene reclamando a las automotrices a nivel nacional.
“Este lunes hay una reunión en el Ministerio de Trabajo en Buenos Aires y si ahí no hay un acuerdo va a empezar a haber movimiento”, adelantó Barros. Y relató que las empresas automotrices dijeron estar dispuestas a dar aumento a partir de julio, pero Smata quiere algún acuerdo que contemple los primeros seis meses del año, reclamando o un incremento de un 5 por ciento cada tres meses, o la incorporación de una suma fija no remunerativa de 250 pesos mensuales.
Particularmente en cuanto a General Motors, la discusión se da en medio de las noticias provenientes de Estados Unidos, donde se menea una posible quiebra de la automotriz.
Fue el nuevo titular de la empresa, Fritz Henderson, quien afirmó que se contempla esa posibilidad, exponiendo una actitud distinta a la de su antecesor, Rick Wagoner, quien renunció la semana pasada ante las presiones de la Casa Blanca.
“Si en 60 o 55 días” la empresa no se reestructura y baja sus costos de producción, “vamos a tener que ir a la bancarrota”, aceptó Henderson en el programa "Meet the Press", de la cadena ABC, según reportó la agencia noticiosa Ansa y difundió Télam.
Wagoner se vio obligado a dar un paso al costado ante las presiones del gobierno del presidente Barack Obama, que condicionó la ayuda financiera a que la compañía presente un plan de reestructuración viable para el 1 de junio.
General Motors perdió más de 82 mil millones de dólares en los últimos cuatro años, y en diciembre evitó la quiebra gracias a un préstamo millonario del gobierno.
Sus acciones en Wall Street valían 43 dólares hace un año, mientras que el viernes se cotizaron a 2,10 dólares.
Obama sostuvo que las automotoras cuentan con un “período de tiempo limitado para trabajar con los acreedores, los sindicatos, los accionistas”, de modo de lograr reducir sus costos y “justificar la inversión de dólares adicionales”.
La automotriz le pidió al gobierno estadounidense otros 16 mil millones de dólares para seguir funcionando.
Al respecto, Henderson sostuvo que “uno de los días más tristes de mi carrera fue cuando necesitamos pedirle dinero prestado a los contribuyentes estadounidenses”.
“Estoy completamente convencido que uno de los días más felices de mi carrera será cuando devolvamos el dinero”, agregó.
En el reporte de la Casa Blanca se señala que General Motors debe vender 900 mil autos al año para poder cumplir con el pago de retiro de sus empleados.
“El mensaje para todas las partes es que para seguir funcionando en el futuro necesitamos hacer un esfuerzo conjunto, necesitamos sacrificarnos como grupo”, admitió Henderson.
“Nuestros sindicatos, nuestros asalariados, nuestros intermediarios, nuestros abastecedores, necesitamos tirar todos juntos para asegurarnos de hacer lo necesario en orden de lograr que General Motors sea viable y pueda seguir avanzando”, acotó.
Pero cuando le preguntaron si estaba dispuesto a cobrar un salario simbólico de un dólar durante 2009, tal como lo había anunciado su antecesor, Henderson indicó que su salario ya fue rebajado en 30 por ciento, por lo que este año cobrará “1,3 millón de dólares”. Apenas.
