¿Mundo perfecto? No, mondo podre.
¿Mundo perfecto? No, mondo podre.

Ahora conduce la entrega de los Martín Fierro, se codea con el jet-set de la tele y la farándula, pero Roberto Pettinato empezó tocando el saxo en una banda de rock. Sumo, cuyo líder fue Luca Prodan, aquel italiano querible… (si hacés click, sigue)

…como un porteño, pelado y genial, surgió del barro de la escena under en tiempos de la dictadura militar. Antes de tocar los caños de una banda de rock irreverente y novedosa, Pettinato escribió columnas en la bella revista de cultura joven El Expreso Imaginario, que capeó como pudo los duros años de la censura y el terror. Casualmente, Divididos, uno de los dos grupos que formaron los integrantes de Sumo tras la muerte de Prodan, canta en una de sus canciones de los primeros tiempos de la banda un verso inquietante y polémico, que dio para interpretaciones varias en el mundillo del rock: “Siento la birome sobre mí/ del periodista que se muere por tocar”. ¿A quién se refería?

Unos días antes de morirse, en diciembre de 1987, Luca Prodan fue a la séptima Marcha de la Resistencia, de madrugada, solo, lejos de los cronistas estilo Pettinato actual, y saludó humilde y cariñosamente a las Madres. Fue en ojotas, hacía calor en Buenos Aires. En algún libro sobre la vida del músico que recogió el hecho, se dice que a Luca le molestó que hubiera jóvenes tomando cerveza en la Plaza de Mayo, siendo la Marcha de las Madres un hecho político tan importante.

¿Alguien puede imaginarse a Luca conduciendo un programa de humor banal, superficial a full, en el canal propiedad de Francisco De Narváez, en horario central, e invitar a Moria Casán a burlarse de Hebe de Bonafini? La vedette en vivo, y Hebe virtual, impostada en la voz de un imitador berreta, que sólo insulta y dice groserías sin ton ni son. ¿Cuál es, en definitiva, el insulto? ¿Quién se habrá sentido más denigrada: Hebe o la inteligencia y la sensibilidad de los televidentes?

“Sacate el pañuelo, andá a la peluquería”, le dice, insolente, Moria, entre otras barbaridades incluso peores, a la caricatura de Hebe, que consiste en una imagen inmóvil, congelada, de la presidenta de las Madres de Plaza de Mayo, recortada a la altura de la boca, precisamente el lugar del rostro donde aparece una especie de par de labios de sobresalientes dientes en el medio, que insulta y dice incoherencias.

La boca de Hebe

En Clarín también le taparon la boca a la Presidenta de la Nación en pleno conflicto con la patronal rural, claro que en una caricatura. Como ahora a Hebe. Los medios argentinos, en una construcción simbólica de gran impacto, se creen con derecho a taparles la boca a los referentes del interés popular, o a ridiculizar sus discursos, pero se abroquelan corporativamente ante la posibilidad seria de que el parlamento legisle una nueva ley de servicios audiovisuales que reemplace la actual, decretada por la dictadura. Sintomático. La noción de verdad ya no pasa por lo que esos medios pudieran llegar a decir; ellos mismos “son”, ahora, la verdad, la libertad, la información, la democracia. La realidad pasa por esos medios, y si ellos no la cuentan, no la decodifican con su sistema de símbolos, no la miden según su regla de ponderar, esa realidad no existe. No es. En el mejor de los casos, apenas resulta una anécdota o simple nota al pie. Como la lucha profunda y bien argumentada de las Madres de Plaza de Mayo, pero que en la versión de estos comunicadores aparece como una sucesión de exabruptos.

La derecha, que concentra en sus manos el poder del discurso, de decirlo y reproducirlo con gran énfasis y eficacia, ridiculiza groseramente a aquellos que no puede comprar con sus privilegios y tergiversa a quienes denuncian y discuten sus prácticas. Reparte legitimidades y consensos, y los destruye también, a exclusiva conveniencia de sus intereses de clase. Lo que no puede decir formalmente, porque las leyes la obligan a cuidar las formas, lo expone sin tapujo alguno en sus escenarios inventados, en sus realidades de ficción: el sketch de Pettinato, el insulto “gracioso” de De Angeli a Kirchner, los programa de chimentos donde las bailarinas de teatro de revistas apologizan la pena de muerte, Menem en persona largando su candidatura presidencial para 2011, en la parodia de El Gran Cuñado de Tinelli.

Lo cierto es que la lucha política es, entre otras implicancias, una lucha por legitimar el discurso que se dice, el reclamo por el que se reclama, la práctica y el discurso con los que se interviene en esa lucha y ese reclamo. También la batalla de las Madres de Plaza de Mayo. Los medios de comunicación en manos de grupos financieros con millonarios intereses en juego, tan diversificados incluso, emplean, a cambio de grandes sumas y fama mediática, a profesionales del discurso para que, entre otras tareas que les encargan, invaliden la legitimidad social que sus contrincantes de clase van obteniendo a través de su lucha.

Las Madres de Plaza de Mayo, en cambio, se hacen cargo de la clase social a la que pertenecen y por la cual lucharon sus hijos. No se venden al sistema. No se pasan del under-Plaza de Mayo al jet-set ministerial. Desde hace 32 años encaran una tarea política descomunal, que ha crecido en múltiples direcciones, siempre siguiendo una única motivación: la construcción de otra sociedad, sostenida en valores que poco conoce la actual versión de la televisión argentina: la verdad, el esfuerzo colectivo, el desinterés egoísta, la solidaridad, el altruismo, el conocimiento, el estudio, la constante superación personal, la satisfacción de los derechos humanos más elementales: un techo, un trabajo, un salario, una obra social, participación sindical. Tanto es así, que las Madres declaran continuamente que ése es su interés mayor, y ya no gastar tantas energías en lograr la cárcel común para los genocidas militares.

La mayoría de la sociedad, sin embargo, no conoce esta tarea de las Madres. Suspira de emoción ante el pañuelo blanco que a Moria le da risa, pero no sabe con detalle en qué andan ellas. El grueso de la opinión pública, inducida por una maquinaria feroz que opera sincronizadamente en la radio, la televisión, los diarios y la publicidad, se entera de Hebe de Bonafini a través de los sketch que hace el señor Pettinato. Y Hebe allí no tiene defensa. Queda a merced de una Moria cualquier, que es capaz de fingir un orgasmo ante el pañuelo blanco, sin que Hebe ni ninguno de sus compañeros de lucha pueda replicarla. Las Madres, cuestionadoras y provocadoras como ninguna, tienen poca prensa, y cuando es mucha es mala. Siempre cae sobre ellas aquella birome del periodista que se muere por tocar.

¿Sabrá Moria Casan que el pañuelo blanco que ella intenta ridiculizar, es un emblema mundial, reconocido en países cuyos pueblos hablan lenguas diferentes, de la lucha humana contra las formas contemporáneas de la tiranía? ¿Sabrá la Casán que ese emblema nació precisamente para visibilizar la lucha de las Madres, para darle boca y voz a su reclamo por la vida de los 30000 desaparecidos, exactamente la misma boca y voz que ahora en el programa de Pettinato intenta ser mancillada? Y más importante aún: ¿lo sabrán los millones de televidentes que miran el sketch y son sugestionados a reírse por el entrevistador de Moria, el Pettianato éste, que le festeja la humorada? ¿Quién no tiene un compañero de trabajo honesto, buen trabajador, solidario, llegado el caso dispuesto a comprometerse con una causa justa, y que sin embargo llega el día de las votaciones y elige a Gabriela Michetti, por la “seguridad” que promete su aliado De Narváez? ¿Cómo se explica este hiato en la conciencia social? Los medios, seguramente. Pero también la impunidad para los más grandes criminales que soportó nuestra historia. Y claro que las décadas precedentes de devastación económica, social y cultural, obvio.

Algo huele a descompuesto en la cultura argentina si resultan estos medios de comunicación su expresión más cabal. Las Madres de Plaza de Mayo, enhorabuena, están en otra cosa. Pero, y los que miran el programa de Pettinato y dejan pasarlo todo con una cómplice y liviana sonrisa, incluida la deshonra al pañuelo blanco de las Madres, ¿qué? Este fruto tardío del neoliberalismo que es la patética televisión argentina actual, ¿cuánto más resistirá sin caerse al suelo, morado de tan podrido?

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