La semana pasada el Congreso colombiano aprobó la realización de una consulta popular en relación a una nueva postulación presidencial de Álvaro Uribe. Si bien ahora esta consulta debe pasar por la aprobación de la Corte Suprema, lo más probable es que, de realizarse finalmente, la consulta le abriría las puertas a un nuevo periodo de gobierno al actual mandatario de ese país.

Uribe cuenta, cumplidos siete años de mandato, con cerca de un 70% de imagen positiva entre los colombianos y de acuerdo a una encuesta divulgada por Gallup el 10 de septiembre de este año , 64% de los colombianos estarían de acuerdo con que el presidente aspire a un tercer mandato.

La pregunta que surge entonces es ¿de qué se disfraza ahora la derecha, supuestamente republicana y defensora de las instituciones de la democracia a todo lo largo de América Latina? Uno de sus principales ejemplos de esta institucionalidad democrática era precisamente Uribe. Desde los mismos medios de comunicación venezolanos que son objeto de la “persecución” de gobierno de Chávez se proclamaba a viva voz en sus editoriales que una de los mayores pecados contra la democracia del “teniente coronel presidente” (sic) había sido enfrentarse con ese ejemplo de republicanismo que es el presidente Álvaro Uribe.

De aquí se desprende un primer comentario que tiene vinculación con argumentos muy utilizados por estas latitudes: yo me resisto a considerar que cualquier pueblo que se vuelque masivamente en apoyo a determinado rumbo político sea objeto de estigmatización. Y esto vale tanto para la Venezuela de Chávez como para la Colombia de Uribe o la Bolivia de Evo Morales y el Ecuador de Rafael Correa. Calificar de ignorante a un pueblo que opta masivamente por un gobierno o un rumbo político o acusar a este último de usar el clientelismo para cooptar el voto de los pobres e ignorantes es una falta de respeto a la democracia, a las instituciones y a la inteligencia de las personas. ¿O es acaso que todos los que no votaron as Kirchner el 28 de junio de repente vieron la luz y alcanzaron a comprender la verdad de la vida?

Particularmente hay cosas de Chávez que me atraen y muchas otras que me causan rechazo. Pero no por eso voy a desconocer que el hombre, cada vez que decidió dar un paso de importancia, se valió de las instituciones de la democracia para impulsarlas. A no ser que el recurrir a permanentemente a las instituciones de la democracia sea válido en tanto y en cuanto los resultados favorezcan los intereses de la oposición y de los grupos de interés. Algo parecido cabe decir de Uribe. El presidente colombiano me despierta preocupaciones e inquietudes respecto del futuro de los colombianos y de buena parte de América Latina. Pero no por eso voy a descalificar a ese 70% de ellos que apoyan a su presidente. En el peor de los casos tendré que convivir con su presencia durante un tiempo más.

Por otro lado se inscribe, a partir de provocado el hecho político referido a Uribe, el tratamiento que le “prensa libre e independiente” le ha otorgado al tema. Evidentemente, la disputa por el control del discurso y del relato ha alcanzado a una gran parte de América Latina y los campos de batalla se trasladan de un país a otro, sean cada uno de ellos participantes activos o meros espectadores. Para muestra basta un botón afirma el dicho, entonces observemos cómo se abordó la reelección de Uribe y la de Chávez:

El diario Clarín escribió sobre Chávez: “La reelección presidencial indefinida es un serio problema para las democracias latinoamericanas, cualquiera fuera el gobierno o líder que la proponga o imponga, en tanto deja abierta la vía para una perpetuación en el poder y un desequilibrio que lesiona los principios republicanos”.

El mismo diario en relación a Uribe afirmó: “Si la Corte aprueba el referendo, los colombianos serán convocados a las urnas para que digan si desean que Uribe pueda presentarse como candidato en las elecciones presidenciales de 2010 y así aspirar a un tercer mandato, lo cual por ahora está prohibido por la Constitución”.

Nada menciona el matutino argentino de cómo afecta la institucionalidad democrática y los principios republicanos la iniciativa reeleccionista de Uribe. La noticia es tratada con un tono desprovisto de cualquier valorización, casi como si se estuviera hablando del pronóstico del tiempo.

Sumado a esto, la ofensiva por la democratización de los medios de comunicación cobra temperatura en varios países y allí los intereses de las grandes corporaciones de los medios hacen su juego a partir de dividir las aguas entre aquellos gobiernos que se proponen “controlar los medios y coartar la libertad de expresión” y los “ejemplos de pluralismo y democracia, que pueden verse amenazados por el embate de los primeros”. Para ilustrar este ejemplo vayan las declaraciones de Alberto Federico Ravell, director de la cadena venezolana Globovisión. Ravell, un feroz opositor al gobierno de Chávez, fue el primero en instalar la noción de que la reforma de las legislaciones de medios de comunicación en distintos países obedecía a una conspiración chavista que buscaba controlar los medios de América Latina.

En relación a esto dijo: El gobierno de Chávez, “es un gobierno autoritario que tiene sus aliados en Ecuador, Nicaragua, Bolivia, la misma Argentina y, por supuesto, en Cuba. Ahora que perdió un aliado en Honduras, eso lo tiene muy molesto”. Además, en una entrevista publicada por el diario El Comercio, de Quito, Ravell consideró que los ecuatorianos deberían poner “mucha atención” a lo que está pasando en Venezuela, porque, a su criterio, “el presidente Correa está copiando esa política mediática del presidente Chávez”.

Algunos meses antes Ravell había comenzado a agitar el ambiente a partir de su disputa personal con Chávez y amenazó con extenderla a toda la región. “Ravell ha sugerido que la guerra internacional de todos los medios de la palangre empresarial que dependen de la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) entrarán en un campaña sin cuartel contra Venezuela.”

¿Dicho sea de paso, alguien se enteró que en el Perú de Alan García –persona bien alejada de la izquierda si la hay– se introdujo un proyecto de ley que supuestamente afecta la capacidad de crítica de los medios de ese país?

Todo esto nos pone en perspectiva la verdadera dimensión de lo que se está discutiendo por estos días. Por supuesto que todo proyecto de ley es perfectible y pasible de ser mejorado. También es cierto que puede ser objeto de negociación y habrá espacios en donde habrá que ceder para que el consenso a logar sea más amplio. Pero no perdamos de vista que la verdadera batalla trasciende nuestras propias fronteras. El adversario es mucho más poderoso de lo que nosotros mismos nos imaginamos. Si hasta en la misma España, el diario El País publicó una editorial donde manifiesta su preocupación por la discusión de la nueva ley de medios en la Argentina; y si donde la figura de Chávez aparece como el elemento deslegitimador de los voceros del statu quo desconociendo la tremenda tarea de aquellos sobre los que recayó el trabajo de elaborar el actual proyecto de ley, caeremos en la cuenta de que la hiedra tiene muchas más que siete cabezas y que los esfuerzos destinados a la conformación de un discurso verdaderamente pluralista nunca serán pocos.

*Departamento de Análisis de Coyuntura
FUNIF Rosario

Comentarios
Más notas relacionadas
Más por Fabián Vidoletti*
Más en Mundo
Comentarios cerrados

Sugerencia

El Gobierno defendió la presencia de Aldo Rico en el desfile en Tucumán

“Lo de los Carapintadas es cosa vieja, no creo que haya puesto en jaque a la democracia”, …