
La ciudad de Rosario se quedará sin su habitual Feria del Libro, por primera vez en diez años. Ante el fracaso se aducen cuestiones económicas y la falta de acuerdo entre libreros locales, entre otros problemas.
El adelanto sobre el fracaso en la organización de la nueva edición de la Feria del Libro fue publicado en La Capital. Allí, se da cuenta de que de que no se hará “ni la que organizaba un grupo de editoriales y librerías en el Patio de la Madera, ni la latinoamericana que el año pasado tuvo su bautismo en los viejos almacenes Rosental de mano de la Cámara de Editores y Libreros de Santa Fe”.
“Las razones suenan algo difusas: de un lado se invocan dificultades económicas para sostener la actividad sin perder plata; del otro, falta de metas en común como para que la convocatoria fuera verdaderamente amplia y participativa”, dice la nota.
Y continúa:
Ya el año pasado, al saberse que no habría una 9ª edición de la feria tradicional (que arrancó en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia y se mudó después, en una versión más ambiciosa, al Patio de la Madera), sus organizadores barajaron argumentos económicos: la ecuación no daba. Implicaba un enorme esfuerzo para escasa ganancia, con riesgos por el aumento de costos en montaje y logística.
Ello llevó a los organizadores a convencerse de que deberían "achicar" la feria, es decir, el número de editoriales, librerías y stands, y la programación cultural, específica y paralela. Así fue como decidieron no hacerla, apostando a una edición "rediseñada" para 2009.
En el ínterin hizo su aparición otra propuesta: una feria "latinoamericana", organizada por la flamante Cámara de Editores y Libreros de Santa Fe, la Asociación Empresaria, la Federación de Bibliotecas Populares, la Comisión Provincial Protectora de Bibliotecas Populares y la Sociedad Argentina de Escritores, entre otras entidades, más el auspicio de los tres niveles del Estado, la Biblioteca Nacional, diarios y empresas privadas.
De hecho, el evento convocó a miles de personas, lo que llevó a sus organizadores a afirmar que la próxima edición se haría "la segunda quincena de septiembre de 2009", con una duración ampliada a entre 10 y 15 días. Nada más lejos de lo que ocurrió.
Sin embargo, las razones por las que ningún impulso privado alcanzó este año para organizar la Feria del Libro no aparecen demasiado claras.
Lo que jugó un rol clave en la elección y adaptación del lugar (los maravillosos almacenes de Sargento Cabral y Urquiza), y en el intento por que la actividad mostrara un sentido ecuménico y amplitud en el espectro de autores y disertantes.
"Fue un esfuerzo titánico", que al final no terminó en romance. Es más, también sostuvo que aún quedan "cosas por saldar" entre los organizadores de aquella feria.
El secretario de la cámara, Leopoldo Poli Laborde, fue más lacónico para explicar por qué no se hizo este año. "Se trató varias veces el tema, pero no hubo… No hay una sola causa, quizás faltó cierta voluntad y tiempo para organizar". Como sea, no llegaron ni a pedir apoyo al Estado para ver si la empresa era posible.
La voz de una de las organizadoras que más trabajó para esa feria, Silvina Ross, suena a desencanto. "Yo tengo vocación, estructura y organización, pero armar una feria del libro requiere objetivos claros en común, una ética y una ideología similares, y una convocatoria amplia y participativa", aseguró.
Insostenible
Los costos "muy altos" de instalación y un "esfuerzo enorme", dijo el librero, no dejaban cuenta en pie. "Con suerte podíamos salir derechos, pero había riesgo concreto de perder dinero y, ante esa posibilidad, decidimos no hacerla", se sinceró.
Otra sinergia de instituciones públicas y privadas sí permitió que se hiciera la Feria del Libro en Santa Fe. Esta vez, Rosario se quedará con la ñata sobre el vidrio.
Y desde el otro grupo, que hace un año también había prometido volver, la explicación fue más palmaria. "No podíamos sostener ese modelo de feria, gratuita y con tantos autores invitados y actividades", esgrimió Marcos Buchín, según La Capital.
(Fuente: La Capital)
