Andrés Calamaro dio un show el martes a la noche en el Metropolitano, ante más de 9 mil personas. Adelantó temas de su nuevo disco On the Rock. Y después, hizo su propio comentario sobre el recital.

Calamaro agradeció, formalmente, a los “hombres y mujeres” presentes con reverencias y andar de torero, ataviado en un chaleco elegante, con gafas y el pelo corto. Hubo un VIP con islas gastronómicas abarrotadas de gente, y luces y sonido impecables, según una crónica de rock.com.ar firmada por Pablo Díaz D’angelo .

Sin embargo, para el reporte publicado en La Capital, “el show arrancó con evidentes problemas de sonido, desacoples y un marcado malhumor expresado en el rostro del cantante que se extendió casi hasta el final cuando entonó algunos de los éxitos que todos esperaban”.

Además, agrega que “Calamaro ya mostró su mejor versión por estas tierras (por el recital de hace dos años) y no fue la de anoche”.

En tanto, en el blog de Calamaro, el propio músico aparece comentando el show : "Teníamos todos muchas ganas de tocar y de cantar, y fuimos alegres comiendo perdices durante todo el concierto, Carnaval de Brasil la tocamos en el mismo tono de siempre (!), en RE (D) que es un tono mas arriba de la version grabada en LLP ; cantamos concentrados y el publico respondió con inmenso respeto; no abundamos en canciones radiofónicas porque una parte importante del público nos escucha todos los años y los calamaristas quieren (y queremos) escuchar (cantar) diferentes canciones, (nos) prometimos renovar la mayor parte del concierto que haciamos el año pasado y asi fue".

Para rock.com.ar, el del martes, fue un “repertorio, estratégicamente formulado para tener al público en silencio”. Un auditorio renovado y “tan joven que no parece cumplir años” y “que no reacciona con las canciones dinamita de Los Rodriguez”, entre ellas en la noche del Metro, Mi rock perdido, Algún lugar encontraré y Mi enfermedad.

El inicio fue con El saltarín Jack Flash de Jagger y Richards, y la falsa despedida con Puentes sobre aguas turbulentas de Simon & Garfunkel. En tanto, Estadio Azteca, fue uno de los bises. (Ver video arriba a la derecha)

Al frente de una banda plena con dos guitarristas que se complementan. Un más clásico y blusero, Diego García, el otro, un tanto más rocker, Julián Kanevsky, el bajo del escénico de Candy Caramelo, los teclados punzantes de Tito Davila, y los parches del histórico Niño Bruno, que penetró los tímpanos con su bombo y se atrevió al doble pedal en un lapso de la siempre hermosísima Paloma.

Algunas canciones sonaron más dark o menos retocadas, sobretodo en los arreglos en balada de la tribunera Te quiero igual, trasladada a un tempo más lisérgico. Otras, parecían ser hipnóticas, casi 10 mil personas cantaron Crímenes perfectos, en uno de los momentos cúlmines y más sublimes de la noche, según rock.com.ar.

(Fuente: Rock.com.ar / La Capital On Line)

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