
El presidente de EE UU Barack Obama, suspendió un acto masivo en Río de Janeiro por la agorafobia de su custodia. Reemplazó el evento a cielo abierto por otro en un recinto cerrado y cambió su visita al Cristo por la purgada favela Cidade de Deus.
Primero cambió de sopetón el discurso abierto ¡y gratuito! que daría al “pueblo brasileño” por un acto sellado al que sólo ingresarán 2300 VIP. Y luego de alimentar las dudas sobre su concurrencia a la favela Cidade de Deus, donde una decena de chicos fueron instruidos por un policía para recibirlo con un “welcome” marcial al unísono, confirmó su visita tras suspender también su presencia al aire libre en el Cristo Redentor.
Lo cierto es que de la “histórica” visita, como llamó la embajada de los EE UU y replicaron algunos medios, que Obama realiza este domingo a Río de Janeiro sólo quedan jirones de carteles publicitarios.
A falta de información oficial por parte de la embajada durante dos días, se cosecharon toda clase de rumores sobre los motivos del sorpresivo cambio en la agenda. El Folha de São Paulo esgrimió “preocupaciones sobre la realización de un evento al aire libre” en Cinelandia, centro comercial e histórico escenario de movilizaciones contra la dictadura. Los nervios del servicio secreto de los EE UU aumentaron desde la luz verde que dio la ONU a un ataque a Libia.
Si ya los cariocas manifestaban sus quejas por tanto revuelo y contramarchas, la irritación fue mayúscula en las autoridades brasileñas que debían bailar –en la tierra del samba– al compás del capricho de los EE UU. El canal de noticias de Globo repetía como un sermón que el protocolo local “fue informado” por el consulado estadounidense que el acto se haría en el Teatro Municipal de Río.
“Obama quiere que lo miremos desde debajo de la plaza cómo pone su mirada sobre nuestras riquezas. Se acopla a un bombardeo a Libia desde nuestro país y mientras tanto 13 militantes están detenidos y acusados injustamente”, dijo una activista que pidió anonimato. Se refiere a la represión que hizo este viernes la Policía a un acto de 200 militantes sociales y de izquierda –varios del oficialista PT–, donde explotaron dos bombas molotov frente al consulado.
Mientras los obreros desmotaban contrarreloj el escenario que debía enmarcar el fallido baño de masas de Obama, la versión digital de O Globo consignó el viernes que otra de las preocupaciones de los EE UU era la “ falta de público debido a las rígidas normas de seguridad, a las que la población brasileña no está acostumbrada”.
Se estimaba la presencia de 35 mil personas. Al parecer la diplomacia estadounidense quería un coro silencioso, pero multitudinario. Simpático y tajante, el propio gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral, puso las cosas en su lugar: “Eso sólo lo consigue el «rey», Roberto Carlos”.
Kennedy Alencar, columnista del Folha de São Paulo, abonó otro rumor sobre el giro en la agenda de Obama. “Fue revelado a los americanos que Dilma consideraba extraña la idea (del acto). Reservadamente, un ministro llegó a decir que equivalía a un discurso de la brasileña en Times Square de Nueva York”, escribió.
Otro supuesto motivo de las cancelaciones es doméstico. Obama habría rechazado la idea de que le lleguen a los estadounidenses imágenes que lo mostrarían en una “fiesta en una ciudad exótica” mientras Japón –el mundo– hace frente a una catástrofe nuclear y las bombas de occidente comienzan a caer sobre Libia.
La visita a Cidade de Deus si bien está confirmada, está previsto que no permanezca allí más que unos pocos minutos en la favela. ANSA señaló que “varios vecinos se declararon incómodos por algunas «visitas» del servicio secreto” de los EE UU. Harta, la Central de las Favelas de Río rompió con los organizadores. “Esto no es visita; es hostilidad. Los chicos de aquí son denigrados toda la vida. ¿Ahora vienen los americanos para denigrarlos también?”, inquirió.
