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“Todos me quieren sacar de encima”, afirmó Binner en alusión a sus camaradas. Tildó a Barletta de incoherente y culpó a Giustiniani de debilitar el partido. Tal es el grado de certidumbre, lealtad y paz en la alianza que gobierna la provincia.

La prensa santafesina le había dado pie al gobernador para responder contra el blanco lógico del justicialismo, más precisamente en relación al elíptico mote de incivilizados que insinuó el diputado nacional por el FpV, Agustín Rossi, al comparar la interna de su sector con la del Frente Progresista. Sin embargo –y esto habla por sí solo– en lugar de responderle a Rossi, el mandatario provincial prefirió descargarse contra sus aliados y camaradas.

“El Frente Progresista también es civilizado”, dijo en principio y fue una de las frases más concisas de Binner, porque después, siempre elocuente, agregó: “No estamos con agresiones y no creo que sea diferente a otro partido político donde se muestra una gran debilidad institucional”.

Luego se explaya: “Eso pasa en Santa Fe con nuestro partido, donde el presidente, de forma inconsulta y sin ninguna reunión partidaria, se lanzó como candidato. Eso es parte de esa debilidad que vivimos”, explicó el mandatario provincial.

“Si usted quiere hablar de democracia, eso no es largarse por su cuenta, sino hablarlo”, continuó Binner. “El Partido Socialista a nivel nacional está absolutamente parado, supeditado a lo que pase en Santa Fe y no lo comparto a eso, pero es parte de la democracia en que vivimos”, señaló.

Por si no quedó claro, valga un repaso. Por un lado, Binner niega que haya agresiones dentro del Frente Progresista y, acto seguido, sostiene que ese no es diferente de otro partido donde “se muestra una gran debilidad institucional” y que dicha debilidad, en el caso de su partido, es responsabilidad de la actitud poco democrática de Giustiniani de cortarse solo que, a su vez, forma parte de la democracia en la que su partido vive. Claro como el agua de Fukushima.

Las no agresiones

El gobernador no se olvidó de Mario Barletta, intendente capitalino, precandidato radical, lenguaraz aliado del socialismo, y quien no hace mucho salió a respaldar las denuncias de su correligionario Boscarol –una de las no agresiones que debilitan institucionalmente al frente– referidas al uso discrecional de fondos en favor de la campaña de Bonfatti.

“Debería seguir (con la denuncia, se entiende)”, le recomendó Binner al radical. “Ir a la Justicia y ser coherente en la vida. No debería quedarse en eso. Y si no lo hace, no hay que decir nada. Porque si yo tengo una sospecha de Ricardo Atala (por su secretario) no digo nada hasta que lo confirme”, aseguró.

Antes de esa recomendación y en el mismo tono de paz y amistad que reina en el FP, Binner había desacreditado el pedido de Barletta de reunir a los cuatro candidatos a la gobernación del Frente Progresista declarando a la iniciativa como originaria del “mundo del revés”. “¿Ahora quieren?”, preguntó. “Tendría que haberse hablado primero pero no fue así”, se quejó. “Uno me comunicó que iba a ser candidato y se largó por su cuenta y otro no me dijo nada. Tomaron caminos diferentes”, sentenció.

El gobernador ya había dicho que no le cree a Barletta cada vez que éste manifiesta su deseo de verlo disputando la presidencia. Pero el periodismo es fastidioso e insistente: ¿Usted le cree a Barletta y Giustiniani cuando hablan de usted y dicen que lo quieren como candidato a la presidencia?, le preguntaron. Y Binner volvió a morder el anzuelo. Dibujando una sonrisa socarrona que resquebrajó por un instante su acartonada faz, lanzó la frase del día: “Todos me quieren sacar de encima”.

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