
Las reales diferencias y semejanzas en la situación política y social general tanto de la Argentina como de su presunto molde, la chavista República Bolivariana de Venezuela una vez más está siendo objeto de debate.
Sea un temor real de un sector del empresariado o, incluso, una preocupación sincera de una parte de la población o, sencillamente, una maniobra de prensa más de las que nos tienen acostumbrados ciertos medios de comunicación, lo cierto es que ante las insinuaciones de que Argentina va en camino de una “chavización de su economía”, resulta oportuno ofrecer un panorama algo más claro, en base a datos fácticos, sobre las reales diferencias y semejanzas en la situación política y social general tanto de nuestro país como de su presunto molde, la chavista República Bolivariana de Venezuela.
El tilde de chavización –siempre en tono alarmista– no es nuevo en el país. Esa asociación ya fue común durante el temprano gobierno de Néstor Kirchner cuando la Argentina y Venezuela se alinearon en defensa de los intereses económicos regionales al oponerse al ALCA que impulsaba el gobierno de George W. Bush. La idea entonces era imponer la percepción de que nuestro país se aislaba irremediablemente del resto del mundo.
El juego de manipulación de opinión, la tendenciosidad y la tergiversación de la información, desde entonces, no han hecho más que crecer en la misma medida que el actual gobierno fue rompiendo las alianzas tradicionales que se han mantenido históricamente entre los subsecuentes representantes del Estado y los grandes centros de poder, incluidos en esta elite los medios hegemónicos.
Recientemente y a partir de la intención del gobierno nacional de hacer valer sus derechos de representación en las empresas donde el Estado posee acciones, hubo un caso puntual en que se volvió a utilizar el mote, según el diario Clarín, en boca de un ejecutivo de Techint (cuyo nombre, obviamente, no menciona), quien sostiene que la Argentina va en camino de una “chavización de la economía”.
Más precisamente, en la nota publicada por el diario Clarín del 19 de abril bajo el título Temor a la “chavización”, el supuesto ejecutivo del Grupo Techint sostenía que “de los cuatro pasos que dieron en Venezuela, en Argentina ya se cumplieron dos, el control de precios y la irrupción de los directores en la compañía. En Venezuela, Chávez completó el proceso con una intervención política a la empresa a la que siguió la expropiación”. La fuente de Clarín hacía referencia a la expropiación de Sidor, la mayor siderúrgica venezolana, por parte del Estado bolivariano.
Pero para quien quiera saciar su curiosidad informativa respecto de cuánto, en verdad, hay en común entre el ejercicio político de Hugo Chávez en Venezuela y el de Cristina Fernández en Argentina, baste leer el artículo publicado este jueves por la prestigiosa cadena internacional de noticias BBC que Redacción Rosario reproduce a continuación.
Argentina y Venezuela: más diferencias que semejanzas
Son los dos países de la región con mayor inflación en América Latina, hay una guerra declarada entre sus gobiernos y los medios de comunicación privados, y la sociedad se muestra polarizada en torno a su presidente.
Desde sectores críticos a la presidenta Cristina Fernández se señala con frecuencia, en tono acusatorio, que el país va "hacia el modelo venezolano", al sugerir que en políticas públicas el Estado argentino va ocupando cada vez más espacios en otros sectores privados.
"Y es que en toda América Latina se está dando una rectificación de los excesos de la política neoliberal, por eso hay similitudes", acotó el analista político Humberto Muraro.
Sin embargo, una cosa es la forma y otra el fondo. Al consultar a algunos analistas pareciera que hay más de retórica política en la comparación que semejanzas concretas.
¿Estatización?
El gobierno nacional actualmente trata de posicionarse en el directorio de unas 40 empresas privadas del país, unas más relevantes que otras, exigiendo por primera vez que se coloque a un funcionario de su elección en un puesto de alta gerencia y toma de decisión.
Tras la reestatización del sistema de pensiones en 2008 el Estado pasó a tener acciones en una serie de empresas (incluyendo su ahora acérrimo enemigo, el Grupo Clarín), las cuales representaban el monto cotizado por los trabajadores para su retiro.
Pero hasta hace una semana el Estado no podía ejercer lo que representasen estas acciones en las empresas, sino hasta un límite de 5%. Tras la emisión de un nuevo decreto esto cambió, y el gobierno ahora pide voz y voto donde sus acciones así lo permitan.
Por ejemplo, ahora el gobierno tiene 30,9% del Banco Macro, que es lo que representan las jubilaciones de los trabajadores en la torta accionaria de la compañía.
Para algunos empresarios se trata de una "chavización" en referencia a la política de estatizaciones y expropiaciones del mandatario venezolano Hugo Chávez que se ha visto en ese país en los últimos años, incluyendo a una empresa siderúrgica que estaba en manos argentinas.
Según el economista Abraham Gak, "en este caso lo que ha hecho el gobierno (argentino) es tratar de defender sus intereses ahora que tiene capital en estas empresas, pero de ningún modo se puede decir que hay intencionalidad de apropiarse de las mismas".
En algunos casos, como el de la siderúrgica Siderar que controla el grupo Techint, el nombramiento propuesto de un funcionario en el directorio ha sido turbulento. En la asamblea de accionistas la compañía rechazó al economista oficialista sugerido y ahora la situación parece que se resolverá en tribunales.
En cambio, en otros casos el gobierno ha logrado negociar para que su representante sea aceptado, como ocurrió este martes en la asamblea del Banco Macro, que aceptó al viceministro de Economía como nuevo integrante del directorio.
"El hecho de que el gobierno esté mediando con empresas privadas para poner a directivos en empresas donde tiene acciones, dista mucho del chavismo", afirmó el analista político Heriberto Muraro.
Son consabidas las expropiaciones de empresas en Venezuela, que normalmente se anuncian durante el programa dominical del mandatario en televisión "Aló Presidente". En ocasiones termina en una compensación estatal, pero la mayor parte de las veces no.
Políticas económicas
Los dos países pusieron en marcha programas dirigidos a los más pobres. En ambos países se financian con fondos públicos una serie de programas sociales que aspiran a atender a los sectores más desfavorecidos. Las "Misiones" en el caso venezolano o la Asignación familiar por Hijo, en Argentina.
Hasta aquí la similitud. El gobierno de Chávez sólo cuenta con los llamados "petrodólares" para costear dichos programas, mientras que en Argentina los recursos salen de diferentes fuentes y no sólo los llamados "agrodólares"; hay una diversificación económica.
"Las exportaciones argentinas de materias primas son un 30% de la economía, también cuenta la producción industrial, los productos terminados industriales y el sector de servicios. Si bien el campo es significativo, no quiere decir que sea decisorio de lo que pase en la economía argentina", aseveró Gak.
Justamente la estructura económica de ambos países revela las diferencias en políticas públicas en dos países con elevada inflación.
A diferencia de Argentina, en Venezuela hay un férreo control de precios y sobre la compra y venta de monedas extranjeras.
Según los especialistas, la inflación venezolana –cerca de 30%- se ve impulsada por la presencia de un mercado negro de divisas que afecta o distorsiona los precios de los productos importados.
"En cambio la inflación (argentina) se debe a su crecimiento económico", indicó Gak.
Argentina viene creciendo a tasas aceleradas en los últimos años, impulsada por la agroindustria y la venta de vehículos en otros mercados. En 2010 creció más de 9% del producto interno bruto. Venezuela, en cambio, tuvo su segundo año de contracción consecutivo.
"Son situaciones diferentes. Cuando sube la economía (como en Argentina) hay una puja entre los sectores para apropiarse de la renta nueva mediante alzas de precios", explica el economista.
La forma y el exterior
Donde sí parece que hay una clara semejanza es en cuanto a la política exterior.
"Ambos gobiernos promueven la integración latinoamericana y la conformación de un bloque unido para la región que defienda sus intereses", sostiene la periodista venezolana Celina Carquez quien vive desde hace años en Argentina.
"La retórica anti-estadounidense cala hondo en los dos países y, de hecho, una de las cosas que suelen admirar los argentinos es el discurso frontal de Chávez contra Estados Unidos", apuntó.
Otro tema que a primera vista pareciera similar es la polarización de la sociedad. En Venezuela es evidente. En Argentina, afirman algunos analistas, tiene otra explicación.
"La guerra entre Clarín y el gobierno tiñe todo de mal humor en el contexto nacional", afirma Muraro.
"Al gobierno le convendría una polarización si estuviese a punto de perder las elecciones, pero eso no tiene sentido porque Cristina gana en primera vuelta (en las próximas elecciones a finales de año)", agregó el analista político.
"De hecho Cristina salió a acallar a los que criticaban a (Mario) Vargas Llosa (quien estuvo la semana pasada en Buenos Aires y fue criticado por intelectuales de izquierda)", añadió Muraro como un ejemplo de que no hay una radicalización en el actual gobierno argentino.
"Yo creo que sólo son similares en cuanto a la defensa irrestricta del interés nacional. Veo en ambos países una voluntad de integración latinoamericana", aseveró Luis D’Elía, dirigente y ex ministro del gobierno Kirchner (ahora separado) en Argentina y que ha tenido estrechos vínculos con las autoridades venezolanas.
Pero D’Elía rechazó un parecido con el chavismo: "El kirchnerismo realmente se parece más al peronismo original fundacional", afirmó.
