Tres días después de la tragedia, Binner se acordó de hablar.
Tres días después de la tragedia, Binner se acordó de hablar.

Luego de que dos reparticiones de su administración se achacaran mutuamente la responsabilidad en torno de los dos obreros muertos al desmoronarse una zanja, el gobernador Hermes Binner prometió que investigará “sin concesiones”.

El mandatario socialista rompió este viernes, casi tres días después del episodio, su inexplicable mutismo acerca del trágico deceso de dos trabajadores que terminaron ahogados en una zanja de una obra que ejecuta la provincia: “Vamos a investigar, no queremos hablar sin pruebas”, sostuvo con su característica cautela, al tiempo que no descartó que se detengan los trabajos en el obrador.

Ceferino Crespo, de 24 años, y Julio Lucero, de 54, murieron ahogados al desmoronarse una zanja de seis metros de profundidad donde la Dirección de Vivienda provincial pretende extender la red cloacal en el marco de la construcción de un complejo de viviendas.

La tragedia derivó en un cruce de acusaciones entre el Ministerio de Trabajo, que señaló fallas en la seguridad de la obra, y el área de Vivienda del gobierno provincial, que se defendió diciendo que “las medidas básicas de seguridad estaban dadas”.

Binner defendió la actuación de su administración en materia de seguridad laboral por medio de los comités mixtos instrumentados en diversas empresas, pero que parecen no ser del todo efectivos cuando la patronal es la propia Provincia.

Binner no descartó detener la obra si la investigación avanza y se torna necesario, y opinó: Acá hay un hecho irreparable, y que no vuelva a ocurrir es parte del aprendizaje”.

Trampa mortal
Ceferino Crespo y Julio Lucero perdieron la vida al quedar atrapados en una zanja en el noroeste de Rosario. La rotura de un caño de agua tras el desmoronamiento de las paredes del foso de más de seis metros de profundidad provocó el soterramiento de ambos trabajadores, y pasaron casi 24 horas hasta que personal de Bomberos y Defensa Civil lograron rescatar sus cuerpos sin vida.

Lucero era el capataz de la obra de zanjeo, y se habría lanzado al rescate de su compañero, que había quedado enterrado en el barro, pero el pozo se inundó rápidamente, atrapándolo también a él.

Vecinos y agentes del Comando Radioeléctrico pelearon para rescatarlo pero, según los testigos, “el lodo lo chupó en menos de diez minutos” y desapareció bajo el agua. Ambos eran operarios de la cuadrilla de la Unión Transitoria de Empresas (UTE) Pecam S.A y Del Sol SRL, contratada por la Dirección Provincial de la Vivienda.

“Lo tenía de la nuca y de la mano. Le decía que se tranquilice, que soy enfermero y que lo iba a ayudar. Él me decía que estaba sintiendo el agua en los pies y en la espalda y se me resbaló de la mano. «Sacáme», me pidió, y no pude salvarlo”, dijo aún consternado y a poco del accidente Ezequiel Villalba, de 25 años, un vecino que vive a 50 metros de donde fue el accidente.

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