El encuentro nacional de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) se dividió en dos paneles. El primero no pasó desapercibido, pero tampoco generó discusión. El auditorio de la Federación Obrera de Empleados Telefónicos de la República Argentina (Foetra) fue un mar de asentimientos ante los oradores, que se fueron sumidos en aplausos y cánticos.
El segundo panel es el que generó polémica, y en la polémica encontró política.
Integrado por la diputada Adriana Puiggros, el ministro de educación de Córdoba Walter Grahovac, la sobreviviente de la noche de los lápices Emilce Moler y el filósofo Ricardo Forster, se inició la charla "Por una educación pública, inclusiva y popular".
Habló el ministro y se retiró con aplausos tibios. Habló la diputada y se retiró cantando la marcha. Habló Emilce Moler y generó emoción, fue la única que se quedó. Llegando al final, quedaba por hablar Ricardo Forster, para cerrar.
El último orador dio inicio a sus palabras lamentando que el ministro cordobés se hubiera retirado, esto pudo haber sonado a sarcasmo, pero no lo fue. Lo lamentó sinceramente, por que sus palabras no querían echar a nadie, sino generar discusión. Una discusión que no se dio porque quien representaba a los militantes de la UES de Córdoba había dejado el panel, y los militantes mediterráneos que pudieron haber tomado la posta, descolgaron su bandera y dejaron el auditorio.
Forster fue polémico no porque se enojó, no porque generó una pequeña ruptura, sino porque trató a los presentes como verdaderos sujetos políticos, verdaderos autores de la realidad, metió el dedo en la llaga, pidió a los asistentes de Córdoba que hagan un repaso en su provincia, en el gobernadfor Juan Carlos Schiaretti y en su oposición reiterada al gobierno nacional. “Nadie milita si no siente malestar –dijo el filósofo– como decía Néstor, ustedes tienen que ser trasgresores, tienen que ir por más”.
No quiso asentimientos simples, aplausos vacíos movidos por el fervor militante. Quiso polémica, porque no les hablaba a militantes con motores imaginarios, le hablaba al futuro que se engendra en el presente, y en esa maceración, sí, le hablaba a militantes. Quizás los cordobeses no se sintieron ni futuro ni presente, y solamente pasado. Pero, lo que es seguro, no un pasado pisado.
Fue por más y no citó a Evita ni a Perón, citó a Borges, mostrando que no hay posición sin oposición, mostrando que hay que responder, que hay que ser cerebro y no solo corazón. Quiso que se enojen, que sientan malestar, que se sientan incómodos, y que en la incomodidad, puedan enfrentar.
El error de Forster no fue subestimar, sino sobreestimar, esperar encontrar en los cordobeses una buena respuesta al malestar. Pero éstos no lo enfrentaron, no fueron por más, sino que le escaparon al malestar, y se fueron de la incomodidad, buscando alguna comodidad a la que no haya que enfrentar, y solamente asentir con motores imaginarios al discurso vacío que genera discursos vacíos. Decidieron (en su mayoría, y quizás sólo por un momento) condejar de ser futuro y presente, y conformarse ser el eco de un cántico del pasado, decidieron no ir por más, dejando con ganas a Forster, y a los militantes de otras provincias, de presenciar una buena discusión, y pulir la contradicción.
