La actividad turística se incrementó 4 veces en la última década.
La actividad turística se incrementó 4 veces en la última década.

Durante la XXXIV Reunión Consultiva del Tratado Antártico que se está celebrando en la ciudad de Buenos Aires con la presencia de delegados de 48 países, Argentina pedirá que se regule la actividad turística "altamente elitista" del continente blanco.

Promover y acentuar los controles al “turismo polar” en la Antártida será el objetivo que guíe a la delegación argentina de cara a la XXXIV Reunión Consultiva del Tratado Antártico, el principal ámbito de decisión sobre el continente blanco, inaugurada ayer formalmente por el ministro argentino de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao.

Después de 30 años, Buenos Aires volvió a ser escenario de este encuentro internacional: hasta el 1 de julio, delegaciones de los 48 Estados intervinientes, observadores del Tratado Antártico y expertos de diversos organismos discutirán sobre la protección del medioambiente antártico, la cooperación científica y el aumento de las visitas a la reserva natural, un tema que hasta hace unos años no generaba mayores señales de alerta, pero que en la actualidad y por la masividad que ha alcanzado, se convirtió en un dato amenazante. 

“La Argentina debe ser fuerte en esa decisión. Más que evitar, se trata de regular ese turismo y evitar que no sean respetadas las normas ambientales. En el último verano, más de 50 mil personas visitaron la Antártida. No puede suceder que se autorregulen las entidades más poderosas. Los Estados son los responsables de ejercer controles”, informó el titular de la Dirección Nacional del Antártico, doctor Mariano Mémolli.

El problema es reciente y no sólo alarma al país. Organizaciones ecologistas y grupos de científicos advierten hace tiempo sobre los riesgos ambientales, pidiendo que se vigile la actividad turística. En la actualidad y desde 1991, parte de este control lo ejerce la Asociación Internacional de Operadores Turísticos Antárticos (IAATO, por sus siglas en inglés), un organismo que registró un crecimiento de visitantes de casi cuatro veces en la última década: de 9629 pasajeros en la temporada 2001-2002, a  36.875 en 2009-2010.

Los problemas que acarrea este crecimiento no sólo tienen que ver con los litros de combustible consumidos por los cruceros, que contaminan el medioambiente antártico, o los kilos de residuos que resultan de esos viajes. Existe además una preocupación por nuevas modalidades como el turismo de aventura, en su mayor parte no regulado, capaces de provocar accidentes catastróficos, “poco habituales, pero en progresión”, según explicó Mémolli.

Estas opciones van desde el buceo en las aguas más frías del planeta, hasta las travesías en kayak o el snowboard entre los hielos.

“Es un turismo altamente elitista. Los valores de un paquete por siete días arrancan en los 4000 dólares. Ahora, los clientes buscan visitas más exclusivas y eso obliga a los operadores turísticos a diseñar ofertas más arriesgadas. La gran mayoría son turistas estadounidenses, pero también europeos, y existe un fuerte crecimiento de chinos y rusos.

La Antártida fue declarada Patrimonio de la Humanidad, además de ser un continente dedicado a la Ciencia y la Paz. Cualquier cambio que se produce afecta por mucho tiempo a la zona”, agregó Mémolli, quien se mostró preocupado además porque “esas empresas no tributan y es todo ganancia”.

El turismo es la única actividad comercial aprobada y las expediciones se realizan en su mayoría a bordo de unos 40 barcos, cada uno con entre seis y 500 pasajeros. También existen viajes ocasionales en yates y en grandes buques de pasajeros, tipo crucero, que llevan hasta 3000 personas. Aunque la mayoría de estas navegaciones parten del puerto de Ushuaia, existe una preocupación por la cantidad de tours que empezaron a partir desde las Islas Malvinas y que incluyen una visita a las Georgias del Sur.

Los otros temas que los especialistas debatirán durante los diez días que durará la Reunión Consultiva no distan de los abordados en la última Reunión del Comité Científico de Investigaciones Antárticas, realizada en agosto de 2010, también en Buenos Aires. Pero en esta oportunidad, el abordaje estará marcado, según definió Mémolli, por la definición de políticas más que por el seguimiento de las investigaciones científicas.

Uno de los tópicos ineludibles será, sin duda, los efectos del cambio climático en el continente blanco, que ya provocó un aumento de la temperatura promedio de 2,5 grados en relación al siglo pasado. Diagnósticos elaborados por especialistas determinan que en la región ya se han perdido millones de kilómetros cúbicos de hielo de los glaciares (en el orden de cinco gigatoneladas de hielo) como consecuencia de las emisiones de dióxido de carbono de países como la India, China, los Estados Unidos o Rusia. Pero además se estima que la Antártida podría sufrir serias consecuencias por la “refrigeración” de los océanos, la salinidad de los mares y los cambios en la biodiversidad.
“Hay zonas que mantienen las mismas temperaturas, pero en general ha disminuido el hielo marino. Ya empieza a verse el impacto en los ecosistemas, en las cadenas alimentarias, no tanto en sus inicios porque se trata de microorganismos, pero sí al final, repercutiendo en ballenas, pingüinos y focas y otra fauna marina, afectadas además por el aumento de las capturas”, concluyó Mémolli.

Fuente: Tiempo Argentino 

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