Fiesta en el corsódromo J.M. Estrada, ubicado en el sur de la ciudad.
Fiesta en el corsódromo J.M. Estrada, ubicado en el sur de la ciudad.

En el arranque de la edición 2012, el Carnaval del País tiene una buena concurrencia y una alta producción artística de sus comparsas. Una recorrida por el corsódromo y sus afueras, donde la noche parece no tener final.

Sábado 14 de enero. 21.15. Arriba a la ciudad de Gualeguaychú un micro de la empresa Nuevo Expreso proveniente de Rosario. Cinco horas de viaje por las llanuras de la provincia de Entre Ríos. En la playa de estacionamiento de la terminal se levanta un cartel con una leyenda que intenta permanecer en la conciencia colectiva: “¡He dicho que No a Botnia!”, reza. Es la segunda noche de “El Carnaval del País" Carlos Dahuc, como se lo llama este año. Es una noche de cielo despejado y brisa fresca, la ciudad se humedece en sus entrañas por el río Gualeguaychú y en el extremo este lo abraza el caudaloso río Uruguay.

Por estos días la ciudad explota su recurso más importante: el turismo. Enero y febrero se presentan como los más prósperos, aún más que el resto de los meses del año juntos. Los sábados la siesta resiste el bullicio de los visitantes; por lo menos en enero en algunas zonas de la ciudad las costumbres en general no se ven modificadas y los negocios cierran a la 13 para reabrir bien entrada la tarde.

José Luis maneja un Fiat Duna destartalado y mientras nos alejamos de la terminal nos da una mala noticia: no podremos cruzar el puente Casariego hacia Pueblo Belgrano, zona de cabañas donde nos alojaremos en dirección al parque Unzué, y tendremos que dar toda la vuelta. De esta forma hay que ir para el oeste, luego hacia el norte y finalmente llegaremos al este. Primero la ruta 14, después la 136 y bla bla bla. El motivo parece lógico: mucha gente que viene del Complejo Ñandubaysal hacia el centro, y mucha otra que se dirige hacia el corsódromo. Ante una mueca de ingenua desconfianza, José Luis lo corrobora por el radio de la empresa de remis, que, a través de una operadora, le indica que no va a poder pasar por la congestión vehicular. José Luis mira y pregunta: “¿Qué quieren hacer?”. La respuesta vuelve sin ganas: el saldo son ocho de los billetes con la efigie de Manuel Belgrano y el Monumento a la Bandera en su anverso.

El carnaval desde afuera

La fiesta se desarrolla en el corsódromo J. M. Estrada, ubicado en el sur de la ciudad. Ya comenzó el desfile y los accesos fluyen de todos modos. El precio de la entrada para la tribuna popular es de 70 pesos, y la tercera jornada, el sábado 21, el costo subirá a 90. Durante febrero seguirá el alza. El Vip sale unos 300 mangos.

En las afueras suena fuerte y nítido el sonido de la fiesta y se ve la cabezota del Rey Momo de “Papelitos”, una de las comparsas. Hay puestos varios donde se ofrecen plumas y máscaras, sombreros, espuma en latas y hasta la peluca “punk” multicolor que se vende bien. También en las afueras se puede comer barato, a precios populares.

Apretá el pomo

La festividad ya no es la vieja fiesta popular y callejera. Desde 1997 el escenario cambió cuando se inauguró el corsódromo y el desfile comenzó a realizarse en su calle principal. Hoy el carnaval de Gualeguaychú se nutre de cinco comparsas que por un sistema de descensos año tras año se reducen a tres. De las presentaciones durante los meses de enero, febrero y marzo saldrá la campeona de la temporada. El 2012 encuentra en la competencia a Papelitos, del club Juventud Unida; O’ Bahía del club de Pescadores y Marí Marí, la campeona actual, del club Central Entrerriana.

La fiesta promete “70 mil plumas” y “500 mil mostacillas”. También se puede disfrutar de las reinas, las orquestas con un gran desempeño en la percusión y los vientos, y los animadores. Las palmas y el pulso de nalgas y los meneos a ritmo de bombo y caseta son moneda corriente. Los organizadores prometen visitas de figuras del escenario mediático porteño: Marixa Bali, Monchi Balestra, Gastón Recondo y Jimena Cyrulnik, entre otros, ninguno que se haya podido apreciar, salvo uno de los bailarines de Tinelli: un tal Pierre.

El Rey Momo asoma su cabezota desde una vieja camioneta; el muñeco conduce los destinos de la comparsa Papelitos, encargado de la inauguración. El grupo rinde tributo al viejo carnaval: cabezones y arlequines con una paleta de colores generosa acompañan la presencia de la reina Juliana Jiménez. Sacudida la modorra.

Comenzando la medianoche, los trabajadores de prensa tienen sus acreditaciones y sus pecheras amarillas. Los fotógrafos apostados en el extremo opuesto de la calle donde se disparan las comparsas van retrocediendo y deben respetar una delimitación que los hace retroceder más y más ante el avance de las carrozas a las que repelen con flashes de fotografías. A esa hora un grupo de chicos reparte banderines de O’ Bahía, la comparsa del club Pescadores, con la leyenda “Treta campeón 1999-2000-2005”.

Este año el argumento de O’ Bahía es “Golpe de Suerte”, concepto que sirve para abordar las debilidades y los vicios humanos, la avaricia y el consumismo. Lo iconográfico de las carrozas y los vestuarios de O’ Bahía se conforma en un gran escenario de casino entre máquinas tragamonedas y paños de Blackjack. Puercos y ratones gigantes negros de ojos rojos bailan en un oscuro juego que brilla. Un crupier chiflado regala dólares al público y una gran carroza con una cabeza de dos caras parece simbolizar la ambigüedad del deseo humano. El grupo musical Nuevo Preludio le pone mucho swing. Creativa e irónica, O’ Bahía le da paso a la comparsa campeona 2001: Marí Marí.

Ideada y dirigida por Adrián Butteri, Marí Marí se hace del argumento “Nun, Guardián de las aguas” y despliega una gran producción escenográfica y de vestuario. El color azul se impone para representar el recurso natural y las carrozas se llenan de anfibios y diversas criaturas. Unas canillas inmensas son las llaves de las duchas que riegan bañeras blancas y resplandecientes donde mujeres se toman baños de bailes sensuales. El público se contagia con la música hipnótica y repetitiva de Marí Marí, un tema que sólo se toma unos segundos de descanso y vuelve a empezar: milésima de segundo que sirve para arrancar un nuevo paso. Se baila y se transpira y se nota en el grupo un aire ganador. Pierre, de Bailando por un Sueño, es blanco de las fotos de los más cholulos.

La noche se ensancha y se estira y parece no tener final, el arengue carnavalesco contagia y el clima es casi perfecto.

Foto: Ana Cosentino
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