El Canaya volvió a perder en el Gigante, 3 a 1 ante Douglas Haig, y profundizó su pésimo momento futbolístico. Los hinchas insultaron a Russo y un grupo reducido agredió a familiares de los jugadores.
Pese a que el conjunto de Russo dominó el juego durante la mayor parte del partido, la visita se puso rápidamente en ventaja, por intermedio de Aranda, y tras el tanto del empate de Coniglio, no desaprovechó las chances que tuvo y lo liquidó con dos gritos de Alba. Para colmo, tras el final del encuentro, un grupo de hinchas agredió a Yacuzzi y el hermano del jugador, que intentó defenderlo, terminó perdiendo un diente en la reyerta.
Los dirigidos por Miguel Ángel Russo, que esta vez no zafó de la lluvia de insultos, comenzaron mejor y presionando a su rival con buenas actuaciones de Nery Domínguez, Medina y del Sapito Encina –qiuen reemplazó al suspendido Jesús Méndez– y en el arranque tuvieron a maltraer al ex arquero leproso Guillermo Álvarez. Pero a poco de iniciado el encuentro, las sombras que acechan desde hace rato al planeta Central, aparecieron con todas sus fuerzas y enla primera contra de la visita, Aranda enmudeció al Gigante tras empujar la pelota al gol.
Pese al baldazo de agua helada, el dominio del balón siguió siendo exclusividad del local hasta el término de la primera mitad. Pero como eso no alcanza si no se convierte, la gente comenzó a impacientarse.
En el arranque del complemento, el chaqueño Medina se proyectó por el sector derecho del taque auriazul y sacó el centro que fue perfectamente aprovechado por Coniglio, reemplazante de Toledo en la ofensiva, y con un certero cabezazo se llenó la boca de gol y le devolvió la ilusión a los hinchas. Pero, como viene ocurriendo casi siempre, la alegría duró demasiado poco.
Los fantasmas no tardaron en hacerse ver y Miguel Alba, que se fue erigiendo como la figura del choque,convirtió en dos oportunidades y sentenció la suerte del partido y, sobre todo, de los pobres hinchas de Central.
Fue otra dura derrota para los simpatizantes auriazules que descargaron su bronca contra jugadores, dirigentes y cuerpo técnico y algunos hasta fueron por algo más: Luego del encuentro, un reducido grupo de exaltados hinchas fue a prepotear a los futbolistas que se retiraban en sus automóviles particulares y golpearon al hermano de Yacuzzi, que intentó defender al defensor que junto con Casteglione eran los blanco predilectos de los agresores.
Central no atraviesa un buen momento y la gente perdió la paciencia. Los resultados no aparecen y la bronca acumulada empieza a rebalsar por los poros ¿Qué podría ser peor?
