La ex primera ministra británica, Margaret Thatcher, conocida como la Dama de Hierro, y que gobernó entre 1979 y 1990, murió este lunes de un ataque de apoplejía. “Perdimos a una gran líder”, dijo el actual premier inglés, David Cameron.

«Con gran tristeza Mark y Carol Thatcher anunciaron que su madre, la baronesa Thatcher, ha muerto en paz tras una apoplejía esta mañana», señaló su portavoz Lord Bell en un escueto comunicado.

La llamada «dama de hierro», la única mujer que llegó al puesto de primera ministra en el Reino Unido y se enfrentó a Argentina en la guerra de las Malvinas en 1982, estuvo en el poder entre 1979 y 1990.

“Hemos perdido a una gran líder”, dijo el actual jefe de Estado británico, David Cameron.

Oriunda de Grantham (norte de Inglaterra), la política «tory» procedía de una familia de modestos recursos.

Thatcher ganó los comicios de 1979 en momentos en que el Partido Laborista estaba debilitado y el país parecía paralizado por las huelgas y la crisis económica.

Su llegada al poder supuso una completa transformación del Reino Unido al apoyar la privatización de industrias estatales y el transporte público (trenes y autobuses); la reforma de los sindicatos, a los que prácticamente despojó de poder, la reducción de los impuestos y del gasto público y la flexibilidad laboral.

La ex premier británica que impulsó y comandó las tropas inglesas en la Guerra de Malvinas, probó ser una aliada significativa de los Estados Unidos de Ronald Reagan durante las postrimerías de la Guerra Fría.

La Dama de Hierro se ganó su apodo especialmente por su férrea posición en esa contienda silenciosa, y lo afianzó alrededor del mundo por su rigidez en el ámbito de todas sus relaciones internacionales.

Sus biografos coinciden en que Thatcher inspiró tanta admiración como odio. Vale como ejemplo de esto último –más allá de la experiencia en Malvinas– su implacable confrontación con el IRA, que casi logra asesinarla con un fallido atentado de bomba en el Grand Hotel de Brighton en 1984.

Su popularidad, ganada mayormente gracias a la victoria militar en el Atlántico Sur, le dio un segundo mandato, pero fue en declive a partir de esa misma rigidez política que la caracterizó. Su rechazo a la Unión Europea, su política anti inmigrantes, su simpatía al apartheid sudafricano –consideraba a Nelson Mandela un terrorista–, su amistad con Pinochet, hablan por sí mismo.

El deterioro de su salud la alejó finalmente del mundo público. En sus últimos años demostró signos de demencia senil. Tras varios mini ataques cerebrales, las complicaciones devenidas de un derrame mayor acabaron con su vida a la edad de 87 años.

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