
Mientras el sol del 25 parece que volvió a asomar para muchos vecinos y dirigentes políticos, como los que a diario llaman a las radios para pedir que “la gendarmería se quede para siempre”, o como la intendenta Mónica Fein y el Secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, quienes llegaron incluso a bailar un chamamé en pleno barrio Las Flores, organizaciones sociales y de derechos humanos denunciaron la multiplicación de “casos de abusos y apremios” de las fuerzas de seguridad que coparon las “zonas calientes” de la ciudad.
En el mismo territorio donde nació, creció e hizo pata ancha la “narcobanda” Los Monos, el domingo 25 de mayo, en un acto por el aniversario de la Revolución de Mayo, Fein y Berni se tomaron la foto que ilustra el “romance” que se vive por estas horas entre Nación, Provincia y Municipio.
El ménage à trois forjado tras el desembarco sorpresa del nuevo supersecretario nacional y consolidado al calor de los aplausos que llueven de todas las tribunas políticas –desde donde coinciden en celebrar “los resultados en materia de seguridad y combate del crimen organizado”–, pasa por su mejor momento.
“Le devolvimos el espacio público a los vecinos”, sostuvo el funcionario nacional en el acto realizado en Plaza Itatí, ubicada en Rosa Silvestre y Flor de Nácar, que encabezaron Mónica Fein y otros funcionarios municipales, y que estuvo flanqueado por gendarmes que fueron recibidos cálidamente por la gente del lugar.
“En este barrio, donde comenzamos nuestra tarea, se trabajó constantemente durante 60 días para devolver a los vecinos la paz y la tranquilidad que se merecen”, planteó Berni, quien remarcó la importancia de “poder estar en el corazón emblemático de la violencia en Rosario, con nuestra Gendarmería, donde le devolvemos el espacio público a los vecinos”.
“Entendemos que el trabajo que hemos hecho ha dado un resultado impresionante, no sólo por las estadísticas sino por el reconocimiento de la gente”, dijo Berni, que también se refirió a la policía comunitaria, la nueva fuerza implementada en la ciudad que “ya empezó a trabajar aquí en el barrio Las Flores”.
“Cuando los tres niveles del Estado nos ponemos de acuerdo se nota la diferencia, por eso quiero agradecer al Gobierno Nacional por esta disposición de tener a la Gendarmería trabajando acá”, festejó por su parte la intendenta Mónica Fein, que ni bien la banda de música presente en el acto comenzó a ejecutar el chamamé Kilómetro Once, se acercó a Berni, lo tomó de las manos y lo invitó a una inédita danza interinstitucional.
A tal punto llega el entusiasmo de la dirigencia local con el desempeño de las fuerzas federales, que el lunes 26 de mayo, el concejal socialista Miguel Cappiello presentó un proyecto para que “se queden en Rosario”, que concitó el aval de 22 de los 24 ediles de la ciudad.
El humor aprobatorio de “la tranquilidad conquistada” por los federales, que se percibe entre las capas altas, medias y laburantes, que se puede palpar en la calle y se escucha en los contestadores de las emisoras locales, contrasta con los señalamientos que comienzan a hacerse cada vez más visibles desde las organizaciones de derechos humanos y sociales, que difundieron la multiplicidad de hechos que calificaron como “abusos de autoridad y apremios”.
Portación de gorra
La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos Rosario (APDH Rosario) denunció “la realización de procedimientos discriminatorios, de control social consistente en la detención, cacheo, secuestro de pertenencias y acciones vejatorias que se producen en forma selectiva y arbitraria a un sector de la población, por parte de las fuerzas de seguridad que operan en las afueras de la ciudad de Rosario y poblaciones aledañas, especialmente Gendarmería”.
De acuerdo a la APDH, las principales razones de “los abusos” son el “uso de gorra”, “piercing”, “ir dos personas en moto” o “estar en las esquinas pasando un rato”.
Según la ese organismo, se registraron “un sinnúmero de casos de apremios” cometidos en Rosario, gran Rosario y localidades vecinas como Villa Gobernador Gálvez, que fueron denunciados en su oficina por curas barriales, organizaciones sociales y ante la presidenta de la comisión de Derechos Humanos del Concejo Municipal local, la radical María Eugenia Schmuck.
Una semana antes, la Juventud Peronista Evita también informó la repetición de situaciones similares. Si bien los jóvenes militantes kirchneristas destacaron “la voluntad política” del gobierno nacional de “asumir la responsabilidad de la seguridad pública”, que “es propia e indelegable del gobierno provincial”, advirtieron sobre “apremios” de la gendarmería.
A través de un comunicado titulado ‘Ningún pibe nace chorro, ningún cobani nace ortiba’, la JP Evita subrayó que “la decisión del Gobierno Nacional pone sobre la mesa su voluntad política de asumir una responsabilidad, la de la seguridad pública, que es propia e indelegable de los gobiernos provinciales, en este caso el de Santa Fe” y que busca “dar una solución a un problema que afecta sobre todo a los más humildes”.
Sobre la llegada de las fuerzas nacionales a los barrios de la ciudad, la agrupación destacó que “fue aliviante para quienes tratamos de vivir como cualquier compatriota”, aunque aclaró: “Agentes de esas fuerzas, fundamentalmente de Gendarmería, han protagonizado casos de apremios u hostigamientos cotidianos a los pibes de los barrios, reproduciendo prácticas habituales de la policía santafesina, en base a prejuicios muy arraigados en nuestra sociedad, que ponen en la mira a miles de jóvenes por el sólo hecho de vivir en un barrio humilde o por usar una visera”.
“En la mayoría de los bunkers que se derribaron se encontraron a jóvenes menores de edad atendiendo: ¿Alguien sabe que están haciendo ahora esos pibes?, ¿alguien se ocupó de los demás pibes del barrio para que no terminen en la misma?”, se preguntan por último.
Artículo publicado en la edición 145 del semanario El Eslabón.
