
Amparado durante años por la Justicia Federal y la derecha política local del justicialismo ayer y del PRO en la actualidad, el teniente coronel retirado del ejército Víctor Hugo “Chuly” Rodríguez finalmente deberá comparecer ante un tribunal oral por su responsabilidad en crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar. Mientras sus camaradas y subalternos comenzaron a ser juzgados este año –y recibirán su sentencia en los próximos meses–, por el secuestro, las torturas y los homicidios de los militantes peronistas Osvaldo Cambiaso y Eduardo Pereyra Rossi, Rodríguez había logrado evitar el banquillo de los acusados hasta ahora. ¿Qué pasará con el Cruce de los Andes que encabeza todos los años?
Según la prueba producida a lo largo de la investigación que, con interrupciones, lleva más de 30 años, Eduardo “Carlón” Pereyra Rossi y Osvaldo “El Viejo” Cambiaso fueron secuestrados por una patota del Ejército argentino, perteneciente al Destacamento de Inteligencia 121 de Rosario, y luego entregados a miembros de la policía bonaerense dependientes de la llamada zona de defensa 4, quienes le dieron muerte, simulando un enfrentamiento armado.
En el escrito presentado esta semana, las partes querellantes, conformadas por las hermanas Cambiaso Gladis y Ethel –representadas por el equipo jurídico de la agrupación Hijos Rosario–, y las secretarías de Derechos Humanos de la Nación y la provincia de Buenos Aires, no olvidaron mencionar al polémico juez federal de San Nicolás, Carlos Villafuerte Ruzzo, quien en el momento de la elevación a juicio oral y público anterior de la investigación –que hoy se está llevando adelante en el Tribunal Oral federal 2 de Rosario– ya habían solicitado que Rodríguez también esté sentado en el banquillo de los acusados. Con dos faltas de méritos dictadas por Villafuerte rechazadas por la Cámara Federal de Rosario que en cambió procesó a Chuly, es inexplicable que el ex jefe del Batallón 121 haya estirado su impunidad hasta estos días.
Rodríguez fue beneficiario de un extraño privilegio, que no obtuvieron otros integrantes del Batallón, tales los casos de Pascual Guerrieri, Luis Muñoz, Juan Andrés Cabrera, Walter Pagano, Carlos Sfulcini, Antonio López, Jorge Rodolfo Rodríguez y Carlos Alberto Lucena, quienes están siendo juzgados desde por el TOF2. En el banquillo de los acusados de ese proceso oral y público también se encontraba Ariel “El Puma” Zenón Porra, pero falleció meses atrás.
La presentación de esta semana de las querellas reseña que “al imputado (Rodríguez) se le dictó Falta de Mérito el día 30 de diciembre de 2011. Tras ser apelada, la misma fue revocada mediante Acuerdo de la Cámara Federal de Apelaciones de Rosario, en fecha 22 de noviembre de 2012, dictándose el correspondiente procesamiento con prisión preventiva por los hechos que le fueran imputados en su declaración indagatoria”. “A pesar de ello –continúa el escrito– usted volvió a dictaminar la Falta de Mérito del imputado en fecha 29 de diciembre de 2014, resolución que tras ser apelada fue nuevamente revocada mediante Acuerdo de la Cámara Federal de Apelaciones de Rosario, de fecha 17-06-2015, resolviendo dejar sin efecto la resolución apelada en cuanto a la Falta de Mérito otorgada”.
Acorralado por dos fallos del tribunal superior, que obligaron a Villafuerte Ruzzo a procesar a Rodríguez, al magistrado nicoleño no le quedó otra que imputarle a Rodríguez como partícipe necesario de los delitos de privación ilegítima de la libertad, tormentos y homicidio de Pereyra Rossi y Cambiaso.
Los hechos
Según la investigación, en la mañana del 14 de Mayo de 1983, Cambiaso y Pereyra Rossi dialogaban al interior de las instalaciones del bar “Mágnum” ubicado en Córdoba casi esquina Ovidio Lagos, sobre la coyuntura política del momento y la inserción de su fuerza política –Intransigencia y Movilización– en el incipiente proceso democrático, cuando alrededor de las 11 ingresa bruscamente una grupo de cinco personas aproximadamente quienes reducen violentamente a las víctimas para luego arrastrarlos hacia fuera del bar, donde aguardaban similar número de personas formando una barricada, e inmediatamente introducirlas en una camioneta estacionada por Córdoba, secundada por otros vehículos.
Luego de producido el secuestro, Cambiaso y Pereyra Rossi fueron trasladados en una camioneta Mercedes Benz a un Galpón de tornería industrial perteneciente a Maiorano Hnos., una familia reconocida en Rosario por sus vinculaciones con el servicio de inteligencia del Ejército.
Durante su cautiverio, las víctimas sufrieron golpizas y torturas, incluido el paso de corriente eléctrica, tal cual fue probado por las pericias posteriores.
Horas más tarde fueron trasladados al norte de la provincia de Buenos Aires y entregados a otra patota integrada por Luis Abelardo Patti, Juan Amadeo Spataro y Rodolfo Dieguez, agentes del Comando Radioeléctrico dependiente de la Unidad Regional de Tigre.
Cambiaso y Pereyra Rossi son finalmente fusilados en cercanías de la localidad de Lima sobre un camino rural a dos kilómetros de la Ruta Nacional 9, alrededor de las 17, aunque en ese momento se pretendió fraguar un enfrentamiento armado.
Además de ser uno de los jefes del destacamento 121, lo cual ya lo pone en un lugar de responsabilidad ineludible sobre los hechos ocurridos aquella jornada, Rodríguez fue ubicado en el lugar por el ex Personal Civil de Inteligencia del Batallón –condenado a prisión perpetua–, Eduardo Tucu Costanzo, uno de los pocos represores del país que ha revelado con lujo de detalles el accionar del terrorismo de Estado.
Cruce de los Andes
Rodríguez montó desde hace tiempo un negocio que le permitió ocultar parte de su pasado ligado a la dictadura y reaparecer en el escenario público como un impulsor de la gesta sanmartiniana. Se trata del famoso Cruce de los Andes, periplo que realiza desde su Asociación Cultural Sanmartiniana Cuna de la Bandera y que todos los años convoca a decenas de personas que recrean el recorrido del Ejército de los Andes a lomo de burro.
La agrupación Hijos Rosario no sólo reclamó varias veces que no se le autorice a Rodríguez continuar haciendo el cruce de los Andes, “por el riesgo de fuga hacia Chile que le permite ese sitio”, sino que entabló una polémica con el militar. “Durante años Chuly Rodríguez engañó a cientos de rosarinos queriendo lavar su verdadero rostro de represor y asesino del pueblo, emulando la gesta del general San Martín cuando cruzó los Andes”, plantearon desde Hijos, y añadieron: “Pero mientras el Libertador lo hizo para pelear contra el imperio español en Chile, con un ejército popular y de liberación nacional y latinoamericana, Rodríguez solo pretendió esconder su participación en el genocidio cometido durante la última dictadura que se dedicó a desandar el camino iniciado por Don José”.
Consultados por el semanario El Eslabón, desde el equipo jurídico de Hijos confiaron que ante la nueva decisión de Villafuerte Ruzzo de procesar y elevar el caso de Rodríguez a juicio oral –tomada a instancia de la Cámara Federal de Rosario–, “se abre ahora un mayor riesgo de fuga”, razón por la cual adelantaron que va requerir que “no se le permita realizar más ese viaje”.
Amigos pro
Víctor Chuly Rodríguez logró importantes vínculos con el poder político, sobre todo con un sector de la derecha que supo tener peso en el justicialismo rosarino y provincial. Trabajó en el Concejo Municipal de Rosario –donde los empleados aún recuerdan su autoritarismo– y en la delegación local Defensoría del Pueblo de Santa Fe, lugar que compartió con otro integrante del Batallón 121, Juan Barba Cabrera, un represor experto en torturas ya condenado a prisión perpetua por los delitos de lesa humanidad cometidos en los centros clandestinos de detención Quintas de Funes, La Calamita, Fábrica Militar, La Intermedia y Escuela Magnasco. A esos sitios llegó de la mano de Norberto Nicotra, antiguo dirigente del PJ que desde hace varios años milita en el PRO de Mauricio Macri.
Fuente: El Eslabón

fernando duralde
09/12/2015 en 10:12
fui a un par de reuniones, en una en la que él habló ya me pareció turbio el tipo. y me fui a la mierda.